Rousseau y El contrato social


Nacido en el viejo cantón suizo de Ginebra, el 28 de junio de 1712,  Jean-Jacques Rousseau fue uno de los más influyentes pensadores que marcaron el paso de la Europa moderna al mundo contemporáneo. Su pensamiento existencialista, romántico y radical nutrió a los jacobinos franceses, que intentaron llevar a la Revolución de 1789 mucho más allá del fin del Antiguo Régimen. Su pensamiento también inspiró a numerosos patriotas rioplatenses, como a Mariano Moreno, quien tradujo él mismo la gran obra del pensador ginebrino, El contrato social.

Criado por sus tíos paternos, educado en el austero cristianismo calvinista, aprendió los oficios de relojero y, luego, habiendo emprendido un extenso viaje por Europa, principalmente por Francia, se ganó la vida publicando reflexiones en distintos periódicos. En París, casado y con cinco hijos a quienes entregó a un hospicio consternado por su educación, se hizo hombre de la Ilustración, incorporándose a su incierto staff junto a hombres como Diderot y Voltaire, con quien tendría rápidamente encendidas discusiones.

Más tarde, tras la publicación de sus obras más polémicas, hacia 1760, fue expulsado de Francia, y pueblo donde llegaba era mal recibido. Su rechazo a las miserias de la cultura impregnada en el hombre moderno, a diferencia de la pureza del hombre natural, constituyó el núcleo de sus propuestas filosóficas, como marca de referencia hacia donde debían apuntar las costumbres sociales.

La teoría jurídica de El contrato social y la educativa de El Emilio señalan el método para llegar a la pureza del hombre natural con la supresión de la maldad cultural acumulada, con vistas a la formación de un nuevo estado social, donde reine la voluntad general por sobre los egoísmos individuales, la igualdad y la participación democrática. Para este pensador, la comunidad ginebrina era el modelo a seguir, valiéndole las críticas acerca de la imposibilidad de su propuesta para sociedades más grandes.

Luego de escribir sus memorias y confesiones, que causarían también no poco revuelo social, se retiró de los ámbitos públicos. Fallecería el 2 de julio de 1778, en un cantón del norte francés. Tenía 66 años cuando le dio un ataque al corazón.

Recordamos a Rousseau con una de sus reflexiones sobre el equilibrio existente entre la libertad individual y la mancomunión de los hombres, fórmula que compondría El Contrato Social.

Fuente: Jean-Jacques Rousseau, El contrato social, traducción Leticia Halperín Donghi, Buenos Aires, Losada, 2005, página 56.

“Mas como los hombres no pueden crear por sí solos nuevas fuerzas, sino unir y dirigir las que ya existen, sólo les queda un medio para conservarse, y consiste en formar por agregación una suma de fuerzas capaz de vencer la resistencia, poner en movimiento estas fuerzas por medio de un solo móvil y hacerlas obrar convergentemente. Esta suma de fuerzas sólo puede nacer del concurso de muchas separadas. Pero como la fuerza y la libertad de cada individuo son los principales instrumentos de su conservación, ¿qué medio encontrará para comprometerlos sin perjudicarse y sin olvidar los cuidados que se debe a sí mismo? Esta dificultad, concretándola a mi objeto, puede expresase en estos términos: «Encontrar una forma de asociación capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y los bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que cada uno de éstos, en unión con todos, sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes.» Este es el problema fundamental, cuya solución se encuentra en El contrato social.”

 

Jean-Jacques Rousseau

Fuente: www.elhistoriador.com.ar