Palabras que matan. 24 de marzo de 1976


Autor: Felipe Pigna

Con la excusa de combatir a una guerrilla, que para 1976 se encontraba diezmada y aislada políticamente de una población que estaba muy lejos de visualizarla como una alternativa válida frente al gobierno de Isabel Perón, los uniformados y sus socios civiles venían a imponer un nuevo modelo de sociedad, a terminar con todo conato de desarrollo nacional independiente y a disciplinar a una sociedad con una larga tradición de lucha y conciencia gremial. Así lo expresó claramente el general Videla en la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, el 8 de julio de 1976: «La lucha se dará en todos los campos, además del estrictamente militar. No se permitirá la acción disolvente y antinacional en la cultura, en los medios de comunicación, en la economía, en la política o en el gremialismo». 1

El decidido apoyo al golpe por parte de los factores de poder que veían amenazados sus privilegios por la creciente movilización de importantes sectores de la clase trabajadora y la producción intelectual de sectores medios partidarios de un proyecto de cambio social, fue decisiva. La sociedad argentina venía de un proceso de cambio que se había acelerado a partir de hechos clave como el Cordobazo y la recepción de la renovada producción ideológica e intelectual posterior al Mayo francés del 68. Una clase media ilustrada e inquieta seguía con atención los procesos mundiales y comenzaba a adoptar el psicoanálisis y sus categorías.

Como señala el historiador David Rock, «los grupos de poder, la Iglesia y los militares comenzaron a preocuparse cuando notaron, entre otras cosas, que el cura confesor estaba siendo reemplazado por el psicoanalista». 2

La obediencia irreflexiva debía comenzar a inculcarse a los niños y a los jóvenes.

El responsable de la represión en Córdoba, jefe de campos de concentración como el célebre «La Perla «, general Luciano Benjamín Menéndez, decía por aquellos años en un discurso dirigido a directivos de establecimientos escolares: «Para los educadores: inculcar el respeto de las normas establecidas; inculcar una fe profunda en la grandeza del destino del país; consagrarse por entero a la causa de la patria, actuando espontáneamente en coordinación con las Fuerzas Armadas, aceptando sus sugerencias y cooperando con ellas para desenmascarar y señalar a las personas culpables de subversión, o que desarrollan su propaganda bajo el disfraz de profesor o de alumno. Para los alumnos comprender que deben estudiar y obedecer, para madurar moral e intelectualmente; creer y tener absoluta confianza en las Fuerzas Armadas, triunfadoras invencibles de todos los enemigos pasados y presentes de la patria». 3

En una pieza oratoria digna de una antología, el máximo responsable de la ESMA le aclaraba a la sociedad argentina de dónde provenía lo que él llamaba la crisis actual de la humanidad: «La crisis actual de la humanidad se debe a tres hombres. Hacia fines del siglo XIX, Marx publicó tres tomos de El Capital y puso en duda con ellos la intangibilidad de la propiedad privada; a principios del siglo XX, es atacada la sagrada esfera íntima del ser humano por Freud, en su libro La interpretación de los sueños, y como si fuera poco para problematizar el sistema de los valores positivos de la sociedad, Einstein, en 1905 hace reconocer la teoría de la relatividad, donde pone en crisis la estructura estática y muerta de la materia». 4

El ministro de educación Llerena Amadeo 5 llegó a proponer en una sociedad multicultural donde convivían católicos, judíos, musulmanes y miembros de variados cultos: «Para una mayor convivencia social es conveniente que quienes no son cristianos sepan cuál es la concepción cristiana que tiene la mayoría de la población sobre estos temas. El nuestro es un país occidental y cristiano y no se puede dejar de mostrar a los futuros ciudadanos qué significa tal concepción». 6

Pero ¿cuáles eran esos valores «occidentales y cristianos» que los genocidas militares y civiles decían defender? Históricamente, se ha vinculado a la tradición occidental con la democracia y la plena vigencia de los derechos elementales del hombre. Se oponía el modelo democrático occidental a las tiranías, teocracias y regímenes autoritarios ubicados por los propios occidentales en la tradición oriental.

En cuanto a lo cristiano: la solidaridad, la misericordia, la comunión, el amor al prójimo hasta el sacrificio, la dignidad de la persona humana, a lo que habría que sumarle los diez mandamientos, de los cuales no dejaron uno solo sin violar.

Se decía en no pocos documentos oficiales que la «subversión» utilizaba la droga como medio de captación de los jóvenes y se hablaba de sus efectos devastadores para el individuo y la familia. La historia nos recuerda que en 1980, la dictadura de Videla colaboró activamente con hombres, armas, dinero y logística con el llamado «golpe de la cocaína» perpetrado en Bolivia por generales vinculados al narcotráfico encabezados por García Meza. Uno de los responsables del apoyo argentino, el general Suárez Mason, presidente de la petrolera estatal YPF -a la que dejó con una deuda de seis mil millones de dólares- y responsable de la represión en el Cuerpo de Ejército 1, será condenado años más tarde por una corte de los Estados Unidos por tráfico de drogas y vinculación con el narcotráfico internacional.

Por las dudas, José Alfredo Martínez de Hoz, le aclaraba al país en 1977: “No somos unos ogros que han sacado del fondo de una caverna para hacer sufrir a la gente, sino que somos seres humanos, igual que todos ustedes que me están escuchando; que hemos sido sacados de nuestras casas convocados por las Fuerzas Armadas, que han salido a superar una crisis tremendamente grave en la historia política, económica y social argentina; que hemos abandonado una vida más cómoda, más provechosa y también nuestra vida familiar.” Decía el genial Atahualpa Yupanqui, “no aclare que oscurece”.

Referencias:

1 La Nación, 9 de julio de 1976.

2 David Rock, entrevista del autor.

3 A.I.D.A. (Asociación Internacional para la Defensa de los Artistas víctimas de la represión en el mundo), Argentina, como matar la cultura. Testimonios: 1976-1981, Madrid, Editorial Revolución, 1981.

4 Declaraciones del almirante Massera al diario La Opinión, 26 de noviembre de 1977

5 Se desempeñó en ese cargo entre 1978 y 1981.

6 Diario La Nación, 15 de julio de 1979.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar