Mariquita Sánchez de Mendeville y la instrucción de la mujer


No fue casualidad que Mariquita Sánchez de Thompson tuviera un protagonismo estelar en la vida política y social de la argentina del siglo XIX. Su verdadero nombre dice mucho al respecto: María de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo. Esta ostentosa denominación indicaba que Mariquita había nacido en uno de los hogares más prestigiosos de aquel entonces. Era la única hija de don Cecilio Sánchez de Velazco y de doña Magdalena Trillo y Cárdenas, viuda en primeras nupcias de un riquísimo y poderoso comerciante de Buenos Aires llamado Manuel del Arco, cuya fortuna heredará Mariquita.

Nacida el 1º de noviembre de 1786, en la época revolucionaria tenía unos impetuosos veinticuatro años, y muchos encuentros de gran relevancia política para los independentistas se realizaban en su casa. Su padre solía realizar las tertulias, hasta su fallecimiento en 1804. La reanudación de los encuentros, que la tuvieron como anfitriona, tuvo un gran significado personal, pues lo hizo junto a su marido, su primo segundo Martín Thompson, con quien se había casado contra la férrea voluntad de sus padres. Junto a Thompson, con quien tuvo cinco hijos, participó activamente de los acontecimientos de aquellos años. En 1820, un año después de enviudar, Mariquita volvió a casarse, esta vez con un emigrante francés, Jean Baptiste Washington de Mendeville, quien se dedicó principalmente a la actividad comercial hasta 1828, cuando logró –gracias a las influencias de su mujer- presidir el consulado de Francia en Buenos Aires.

Pero Mariquita fue más que una influyente mujer. Integró la Sociedad de Beneficencia y luchó por la educación de la mujer. Era una gran lectora, estaba al corriente de cuanto acontecimiento sucediese, y fue una sagaz cronista. En carta a su segundo marido señalaba: “En el diario que he llevado he escrito mil ochocientas sesenta notas. Sin contar cartas particulares. Te puedes imaginar si es broma, a más cuarenta actas: esto es trabajo de cabeza y pluma”. Así, esta mujer estuvo en boca de cuanto diplomático pisó suelo porteño. Con el correr de los años, Mariquita se había convertido en una verdadera embajadora rioplatense. Para ello, hizo valer el patrimonio heredado, pero también el que supo construir por sí misma. Falleció a los 82 años, el 23 de octubre de 1868.

La recordamos en esta oportunidad con fragmentos de una carta enviada a su hijo Juan Thompson en 1840. En ella manifestaba la importancia de dar instrucción a las mujeres, una idea de vanguardia por aquellos tiempos.

Fuente: Antonio Dellepiane, Dos patricias Ilustres, Buenos Aires, Coni, 1923, pág. 124.

“Al gobernador Ferré yo no puedo servirle sino para las escuelas de niñas. Cuando se acabe la guerra, trataremos de esto y tendré el mayor placer en que se adelante, bajo sus auspicios, en una cosa tan esencial; porque es preciso empezar por las mujeres, si se quiere civilizar un país, y más entre nosotros, que los hombres no  son bastantes y que tienen las armas en las manos para destruirse constantemente.”

 

Mariquita Sánchez de Mendeville

Fuente: www.elhistoriador.com.ar