Juana Manso y el papel de la mujer en la sociedad


El 8 de marzo se conmemora el Día de la Mujer. Ese día se reafirma “la plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural”.A principios del siglo XX, algunas militantes por los derechos de la mujer en Estados Unidos conmemoraban el Día de la Mujer el último domingo de febrero. En la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en agosto de 1910, las delegadas norteamericanas Lena Morrow Lews y May Wood presentaron la moción de celebrar en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer. La propuesta fue aprobada, pero durante los siguientes años el Día de la Mujer se conmemoraría en días diferentes.

El incendio ocurrido en la fábrica textil Compañía de Blusas el Triángulo en Estados Unidos el 25 de marzo de 1911 reavivó los reclamos de las trabajadoras que venían denunciando las precarias condiciones laborales a las que eran sometidas. La tragedia ocurrió cuando se desató un incendio en la fábrica causando la muerte de 146 trabajadores, en su mayoría mujeres.

Recién en 1914, las mujeres del mundo lanzaron un llamado de fraternidad universal y fijaron el 8 de marzo como fecha universal dedicada a la mujer luchadora.

En esta oportunidad, recordamos este día con las palabras de una de las más distinguidas luchadoras argentinas, Juana Manso, nacida en 1819 en medio de los convulsionados días revolucionarios del Río de la Plata. Hija de un agrimensor español, vivió parte de su juventud exiliada junto a su familia en Montevideo. Allí comenzó a distinguirse por sus escritos feministas, entre los cuales, dejó frases como la que siguen..

Fuente: Juana Manso en La Ilustración Argentina, Nº 2,  13 de diciembre de 1853, pág. 5, en Lidia Lewkowicz, Juana Paula Manso (1819-1875). Una mujer del Siglo XIX, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2000.

La emancipación moral de la mujer es considerada por la vulgaridad como el apocalipsis del siglo. Los unos corren al diccionario y exclaman: ¡Ya no hay autoridad paterna! ¡Adiós despotismo marital! ¡Emancipar a la mujer! ¡Cómo! Pues ese trasto de salón (o de cocina), esa máquina procreativa, ese cero dorado, ese frívolo juguete, esa muñeca de las modas, ¿será un ser racional? ¡Emancipar a la mujer! ¿Y qué viene a ser eso? ¿Concederle el libre ejercicio del libre arbitrio? Pero si reconocemos en ella que Dios le dio una voluntad, que la hizo libre como a nosotros hombres; que le dio un alma compuesta de las mismas facultades morales e intelectuales que a nosotros hombres,  entonces la habremos hechos bonita! ¡Y dejará de ser un valor nulo! Y ¡qué trastorno social!, ¡qué caos!… La mujer libre, ilustrada, emancipada de las preocupaciones que la condenaban a la inacción intelectual, que la destinaban al estado perpetuo de víctimas, es un enemigo. ¡Cómo! ¿Sería ella un día igual al hombre en derechos sagrados que la brutalidad pisoteó hasta hoy sin misericordia? ¡Escándalo inaudito! A qué podrían recurrir los jóvenes para pretender el corazón de las beldades? ¡Cómo (dicen los empecinados) después de tratar a la mujer como nuestra propiedad tendríamos que reconocer en ella nuestra igual! ¿Habíamos de ser justos, respetuosos y comedidos con ellas? ¡No, no puede ser! Llegará un día en que el código de los pueblos garantizará a la mujer los derechos de su libertad y de su inteligencia. La humanidad no puede ser retrógrada. Sus tendencias son el progreso y la perfectibilidad; por eso la mujer ocupará el lugar que le compete en la gran familia social. Su inteligencia, cultivada, mejorará las facultades morales y la hará ejercer la inevitable influencia que le da la naturaleza en los grandes destinos de la humanidad; sí; porque la misión de la mujer es seria y grandiosa. El hombre, empero, hace la guerra a la naturaleza. Es así, como obstinado, niega a la mujer sus derechos y su inteligencia, y no puede conformarse a su papel de tirano”.

 

Juana Manso

Fuente: www.elhistoriador.com.ar