Homenaje de anarquistas a Florencio Sánchez


Vivió poco tiempo, pero podrían escribirse centenares de páginas con su trayectoria ¿Quién fue Florencio Sánchez? Un genial escritor de obras de teatro, periodista, nacionalista anti-liberal, luego liberal anticlerical y, posteriormente, militante anarquista, que dejó una huella apreciable en la historia de la literatura latinoamericana. Nacido en Montevideo, en 1875, criado entre once hermanos en el seno de una familia filiada al conservador Partido Blanco uruguayo, a sus quince años acompañó a su tío como escribiente de la Junta Económica Administrativa de la ciudad de Minas y se inició muy pronto en el periodismo, desde donde advirtió que no lo esperaba una vida aburrida.

A los 17 años, viajó a La Plata y comenzó a incursionar en ambientes literarios. De regreso a Montevideo, comenzó su militancia anarquista y literaria. En el Centro internacional de Estudios Sociales de la capital uruguaya, presentó sus primeras obras de teatro y posteriormente, de nuevo en Buenos Aires, conoció a Alberto Ghiraldo, a José Ingenieros y al reconocido anarquista Pietro Gori. Pronto se involucró en el mundo obrero, conoció nuevas realidades y participó en luchas que produjeron sus primeras detenciones policiales. Pero también descubrió el amor, que le traerá importantes contradicciones. En Buenos Aires, conoció a Catita e iniciaron una relación a la que se opusieron los padres de su enamorada. Entonces, prometió conseguir trabajo estable y contraer matrimonio. Para ello, se establecieron en Rosario. Pero allí, siendo secretario de redacción del periódico La República, se topó con la más grande huelga habida por entonces en Santa Fe, la huelga general de 1901. No sólo utilizó las páginas del diario para condenar la represión policial, sino que sumó a sus redactores a la huelga.

Su vuelta a la vida poco estable rindió sus frutos. Al poco tiempo, colaboraba con el reconocido periódico anarquista La Protesta, mientras componía las obras que le valieron gran reconocimiento popular. Así nació M´hijo el Dotor, de la cual José Ingenieros comentó: “…pocos, muy pocos descubrieron lo esencial de M´hijo el Dotor, lo más digno de señalarse: el conflicto entre la ética vieja, crepuscular, y la ética nueva, apenas diseñada en la aurora de ideales altamente revolucionarios”.

Sin embargo, mientras comenzaba a ser aclamado por el público y los críticos del mundo literario, Sánchez advertía la aparición de una seria afección corporal. Fue enviado por el gobierno uruguayo como representante cultural a Italia, donde murió 7 de noviembre de 1910, a los 35 años. Para esa época, su popularidad era muy grande, pero el reconocimiento de sus obras literarias corrió una suerte inversa al reconocimiento de su militancia anarquista. Por ello, en 1916, cuando comenzó a rondar la idea de levantar un monumento a su figura, anarquistas nucleados en los Centros de Estudios Sociales de Arroyo Seco y Villa Muñoz se indignaron con lo que consideraron un elogio indigno de la burguesía y publicaron una condena en el periódico El Hombre, en octubre de 1916, del cual reproducimos un fragmento.

Fuente: Pascual Muñoz y Pablo Suárez, La vida anárquica de Florencio Sánchez, Montevideo, La Turba Ediciones, 2010, p. 41.

“¡Soporíferos! Anda por estos andurriales una farándula de falsarios que son autores de una especie de billete para conseguir dinero con que elevar una estatua al extinto dramaturgo. ¡El Colmo! ¡Florencio conmemorado por los burgueses! ¡Soporíferos! Toda la obra de Florencio Sánchez es de educación y de combate contra la sociedad que representan los encargados de su homenaje. Estos listos traficantes con la patria explotan el título geográfico e histórico de la tierra en que nació el bohemio, para confundirlo entre la milicada heroica y los matones de la gloria nacional.

No puede ser patriota quien sostuvo que la patria es fuente de odio, madre del mal y enemiga del hombre. Para elevarle una estatua había que echar al fuego todo su trabajo y quitar de la memoria de los hombres su grito de rebelde, su pensamiento de amoroso educador. Más que una estatua, inútil, estéril, vergonzosa, debiera difundirse su obra en la escuela misma, pero no lo harán porque lo que el mármol cincelado no dice, lo cantan, lo gritan los diálogos de Nuestros Hijos y la filosofía de los Derechos de la Salud. Homenaje de vosotros, histriones, no lo necesita. Lo tiene en la juventud que lo estudia y en el hombre que lo comprende. ¡Homenaje! de vosotros que explotasteis su talento; homenaje a quien os puso desnudos en la picota de su crítica; homenaje a quien dejasteis morir de necesidad hasta que la tisis mordió los pulmones; ¡homenaje, homenaje!… ¡que odiosa es vuestra obra!… No falta un cincel asalariado que lo talle en piedra paga por la burguesía, como no debe faltar un grito de protesta que condene vuestra obra. ¡Soporíferos!”

 

Anarquistas en homenaje a Florencio Sánchez

Fuente: www.elhistoriador.com.ar