Historias de fracasos y fracasados que cambiaron el mundo , por Demian Sterman (Fragmento sobre fracasos y éxitos editoriales)


Si, como decía Truman Capote, “todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito”, Demian Sterman en su último libro ofrece una amplísima variedad de sinsabores que tuvieron que atravesar inventores, artistas, escritores, arquitectos y científicos, antes de catapultarse a la cúspide del éxito en sus disciplinas.

A lo largo de las páginas de Historias de fracasos y fracasados que cambiaron el mundo, nos enteramos, por ejemplo, de que el emblemático Parque Güell de Barcelona, obra célebre del arquitecto catalán Antoni Gaudí, declarada patrimonio de la humanidad, fue uno de los más grandes fracasos inmobiliarios de la época. Era un proyecto urbanístico privado de alto vuelo para la burguesía de la ciudad, pero de las casi 70 viviendas proyectadas sólo se lograron construir tres y apenas una de ellas fue vendida.

Otra cadena de fracasos tuvo como protagonista a Thomas Alva Edison, el creador de la lámpara. Su invento, la bombita incandescente, tuvo éxito luego de al menos mil intentos fallidos. Quizás su genio pueda medirse no sólo por la medida de sus logros, sino por su propia valoración de los fracasos: “No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos”, dijo alguna vez.

Resultan curiosos también los casos de Charles Darwin y de Albert Einstein. El célebre naturalista autor del revolucionario libro El origen de las especies debió hacer frente a esta sentencia desoladora sobre su futuro de uno de sus maestros: “Charles es un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de la inteligencia. Es una desgracia para su familia”. También pesó sobre Einstein una profecía oscura. Sus padres pensaban que sufría alguna deficiencia mental. “Había cumplido los 4 años y todavía no había empezado a hablar. Leyó por primera vez a los 7. (…) Sus maestros primarios decían que era lento para aprender, que cuando le hacían una pregunta tardaba mucho en responder y que con las consignas que le daban sucedía lo mismo, es decir, se tomaba su tiempo para responder”.

Entre los protagonistas que recorren esta historia de éxitos y fracasos se encuentran Ludwig Beethoven, Walt Disney, Soichiro Honda, Vincent Van Gogh, Bill Gates, Steve Jobs, Johnny Depp, los Beatles, Harrison Ford, Leonardo DiCaprio, Jodie Foster, Robert De Niro, John Travolta, Manet y Charles Chaplin. Curiosamente, este último se presentó de manera anónima a un concurso de “dobles de Chaplin” y el jurado le dio la menor puntuación de su ronda “por no saber caminar con la gracia del vagabundo y no poder manejar el bastón como él”.

Compartimos aquí un fragmento del libro dedicado a los que alguna vez fueron rotundos fracasos editoriales antes de convertirse en éxitos de fama mundial, como Ulises, de James Joyce, Rebelión en la Granja, de George Orwell, El túnel, de Ernesto Sábato, publicado en la revista Sur luego de ser rechazado en todas las editoriales en que el autor intentó publicarlo, o Harry Potter, que acumuló 12 negativas a lo largo de seis años antes de que una editorial se decidiera a editarlo.

Fuente: Demian Sterman, Historias de fracasos y fracasados que cambiaron el mundo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2017, pág. 91-108.

J. K. Rowling, la escritora del éxito mundial de la saga de Harry Potter, es una de las autoras de ficción que más fortuna logró con su profesión, pero para llegar hasta aquí hizo un largo recorrido desde lo más bajo.

Cuenta ella misma que su mejor idea surgió en el momento más crítico de su vida. En 1990 tuvo que enfrentar, sin dinero, las deudas que la muerte de su madre había generado. Fue por esa razón que decidió mudarse a Portugal. Ahí se casó y tuvo a su primera hija, pero la alegría familiar le duró solo siete meses. Después de ese lapso, su matrimonio fracasó y ella partió a Escocia. Un día, mientras esperaba el tren de Manchester a Londres, se le ocurrió la historia de Harry Potter.

Según Rowling en una columna escrita para el Sunday Times online, “esa fue una época oscura, pues tenía que contemplar robar los pañales para mi hija para alcanzar a comprar una lata de frijoles”.

Por esa época le diagnosticaron depresión. Las cosas no podían estar peor, sin dinero, una hija, una separación, la muerte de su padre y sus deudas, pero de algún modo encontró en la escritura un lugar que la rescataba de todo aquello. Fue escapando de la depresión a través de la escritura y de hecho usó su enfermedad como inspiración para la creación de los seres horribles que ilustran la oscuridad en el mundo de Harry Potter. Según expresó ella misma frente a un gran público en la Universidad de Harvard: “Ese periodo de mi vida fue muy oscuro, y no tenía idea que pasaría lo que la prensa llama ahora un final de cuento de hadas. No tenía idea de qué tan extenso era el túnel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad”.

Ella era la indicada para hablar de fracasos, y también de éxitos. En la misma conferencia siguió diciendo: “¿Por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significa un camino hacia lo no esencial. Me paré pretendiendo que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el trabajo que me interesaba. No triunfé realmente en nada más, pues nunca encontré la determinación de tener éxito en otro campo que fuera de mi interés. Era libre. Mis más grandes miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una máquina de escribir y una gran idea. Y entonces la roca del suelo se convirtió en los fundamentos sobre los cuales reconstruí mi vida”.

Sus palabras son la muestra de su proceso y a la vez son inspiradoras: “El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al pasar los exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mí misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes”.

Con ese emblemático discurso sobre el éxito y el fracaso, Joanne K. Rowling se mostraba en la Ceremonia de Graduación N° 357 de la Universidad de Harvard, donde también recibía un título honorífico.

Pero esa fue solo la primera parte de la historia de los altibajos que sufrieron tanto Harry Potter como su creadora J. K. Rowling ya que una vez terminado el manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal, el primero de toda la saga, estuvo seis años tratando de que alguna editorial se interesara por él.

Doce editoriales la rechazaron hasta que por fin una pequeña firma que recién daba sus primeros pasos, Bloomsbury Publishing, aceptó leer la historia para ver si la publicaba.

El director de la editorial, Barry Cunningham, le dio a leer el primer capítulo a su hija, quien después de quedar absolutamente atrapada dentro de la historia le hizo saber a su padre que entre sus manos tenía algo maravilloso y fue por ese informe de lectura que Bloomsbury decidió editarla.

Al año siguiente la editorial Scholastic logró los derechos para llevar la novela de Rowling a los Estados Unidos por 105.000 dólares y lo que vino después fue una vertiginosa carrera ascendente que incluyó su desembarco en Hollywood y una pesada batería de merchandising que catapultó al niño mago a lo más alto de las historias fantásticas y para una amplia franja de edades.

J. K. Rowling dice siempre que todas las decisiones empresariales que tuvo que tomar las hizo sin perder de vista sus raíces y el difícil camino que tuvo que andar, sobre todo nunca pierde de vista aquellos tiempos complicados en los que vivía de recibir la ayuda del gobierno. Hoy en día es una filántropa destacada que tiene una organización para el combate de la es­clerosis múltiple, enfermedad que atacó a su madre.

Nadie puede saber realmente si Harry Potter hubiera sido un éxito de no haberse desencadenado los hechos tal como sucedieron. Incluso podría no haber existido, como tantas ideas que terminan descansando en los papeles de sus creadores, o en los tachos de basura de sus editores.

Pero toda historia de éxito que parece suceder de la nada, siempre tiene un facilitador. Alguien que lo hace posible. Y en la historia de Rowling fue fundamental la participación de Barry Cunningham, que vio algo en la historia que otros no vieron. “Claro que yo no sabía que todos lo habían rechazado”, dijo el editor durante su participación en el Seminario Internacional de Fomento a la Lectura en el marco de la 34° Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, en la Ciudad de México.

“Buscaba un libro que tuviera un verdadero valor de entretenimiento, nunca me ha interesado la literatura refinada, siempre he querido publicar libros que a los niños les gustaría leer… este era un libro para lectores, no para críticos literarios”, sostuvo.

Para la primera edición se imprimieron solamente 500 ejemplares de tapa dura con el foco puesto en la distribución a bibliotecas. La venta de estos ejemplares se logró muy rápido y así comenzó el fenómeno, que para 2013, gracias en gran parte a la recomendación de los propios lectores, llevaba publicados más de 450 millones de ejemplares.

Para Cunningham el impacto de Harry Potter se sintió en toda la industria editorial y fue el que abrió la puerta para que una generación de lectores fuera consumidora posteriormente de otras sagas como Los juegos del hambre, Cazadores de sombras, Maze Runner, Crepúsculo y los títulos de John Green, entre otros.

Robin Williams fue rechazado para ser parte de Harry Potter

El norteamericano, fallecido en 2014, estaba muy interesado en integrarse al mundo del pequeño mago, a tal punto que llamó al director para pedirle un papel en particular. Quería ser Hagrid, el guardabosque de Hogwarts.

Lamentablemente para Robin Williams, ya se tenía decidido de antemano que todo el elenco debía ser británico, para guardar similitud con la novela original. Rubeus Hagrid finalmente fue interpretado por Robbie Coltrane.

Pero a la autor le volvió a suceder…

Cuando ya era una exitosa escritora J. K. Rowling quiso probar suerte con el público adulto. En 2012 lo había intentado con la novela Una vacante imprevista, que incorporaba en sus temáticas el sexo, las drogas y los insultos. Si bien este libro tuvo buenas ventas gracias a su difusión, la críti­ca no fue para nada generosa, incluso podríamos decir que fue despiadada. Le atribuían su éxito comercial al gran aparato publicitario que tenía y al apellido de la autora. Pero fuera de eso, la novela era básica, de personajes predecibles y poco interesante.

Para no tener presiones del mercado ni de la prensa, decidió seguir escribiendo novelas para el público adulto, pero con algunos resguardos: se inventó un seudónimo para preservar su identidad. Su siguiente propuesta fue una novela detectivesca: The Cuckoo’s Catling, firmada con el nombre de Robert Galbraith.

Esta experiencia liberadora, según la autora, tuvo un comienzo difícil. Cuando buscaba editorial para su publicación, fue rechazada en al menos dos ocasiones.

En la editorial inglesa Costable&Robinson le enviaron una carta, que tiempo después Rowling compartiría en las redes, en la que le decían que no veían la posibilidad de editar el libro con éxito comercial. Entre otras cosas le sugerían que para lograr una crítica constructiva que le permitiera mejorar su manuscrito, se buscara un grupo de escritores o un curso de escritura.

La segunda carta que la escritora compartió en sus redes es también una respuesta que rechaza su obra, o mejor dicho la obra de Robert Galbraith, de la editorial Créme de la Crime. En ella la editorial expone que como está en plena fusión con otra editorial, por el momento no están recibiendo nuevos proyectos.

Según la autora de Harry Potter, dada su experiencia estaba dispuesta a que su obra fuera re­chazada por todas las editoriales que hubiera en Inglaterra, pero por suerte para ella no tuvo que exponerse a tanto.

El primer libro de Robert Galbraith fue publicado finalmente en 2013 en el sello Sphere del Little, Brown Book Group y antes de saberse que era de J. K. Rowling su autora real solo llevaba vendidos 1.500 ejemplares.

Curiosamente, cuando la prensa ya había publicado de quién era en verdad la autoría de esa publicación, el libro se disparó en ventas en un 500.000 por ciento (según la tienda on-line Amazon).

Otros casos de rechazos exitosos en el mundo de la literatura universal

¿Casualidad o causalidad? Como dice el refrán, a la suerte hay que ayudarla.

Así como Joanne Rowling ayudó a la suerte perseverando hasta dar con el editor que la publicara, otros autores que hoy son parte del patrimonio cultural de la humanidad también pasaron por situaciones similares.

Ernesto Sábato. La razón por la que el autor publicó su obra El túnel en la revista Sur en el año 1948 antes que en cualquier editorial, fue porque todas las editoriales de Buenos Aires a las que se presentó la rechazaron. Después llegó a manos del novelista y filósofo Albert Camus, quien le hizo una muy elogiosa crítica y la acercó a Gallimard, editorial que la publicó en francés. Después El túnel no solo sería una de las obras más distintivas de Sábato, sino que también sería traducida a diez idiomas.

Si uno ingresa en el catálogo de la editorial francesa (www.gallimard.fr) todavía puede encontrar Le tunnel dentro de la colección La Croix du Sud.

En 1952, El túnel llegó al cine (en blanco y negro) de la mano de León Klimovsky en una adaptación argentina realizada por el mismo director en colaboración con Ernesto Sábato. En 1987, fue nuevamente adaptada y llevada al cine. Pero en este caso dentro de la industria cinematográfica española. La película recibió dos nominaciones para los premios Goya, una a la mejor película y otra para el mejor guión adaptado.

Jorge Luis Borges. Presentó el manuscrito de El Aleph a Alfred A. Knopf Inc., una de las editoriales más prestigiosas de los Estados Unidos, que después de leerla le mandó una carta que decía: “Lo siento mucho, pero es absolutamente imposible traducir este texto en algo que se venda. Está fuera de duda que es extraordinario, pero me parece que su excepcionalidad va en su contra. Lo rechazo por las apropiadas expresiones de asombro”. A eso lo podemos llamar un “fracaso de alto nivel”.

Ulises. La obra maestra del irlandés James Joyce fue considerada por la mítica Hogarth Press, editorial de Virginia y Leonard Woolf, impublicable. ¿La razón? Su baja calidad.

Otro de los rechazos que sufrió la obra de Joyce fue por parte de la Sociedad para la Prevención del Vicio, de los Estados Unidos, que la juzgó corrupta.

El Ulises, al no encontrar editorial que lo publicara, empezó a ser editado en Chicago, por entregas, en la revista The Little Review.

Esta publicación cultural de crítica literaria y de arte, de Margaret Anderson, sufrió consecuencias por incorporar el Ulises en sus entregas. En 1921 cientos de sus ejemplares fueron denunciados, confiscados y quemados, por considerar que, en su interior, incluían literatura obscena.

Las autoridades de la Sociedad para la Prevención del Vicio se negaban a que esa obra de Joyce ingre­sara a territorio norteamericano.

Un año después, en 1922, Sylvia Beach, propietaria en París de la legendaria librería Shakespeare & Co., decidió editar el libro y para ello encontró una manera de ingresar de contrabando a Norteamérica algunos de sus ejemplares. Alrededor de 500 libros, que significaban una cuarta parte de la segunda edición, fueron localizados en la aduana de los Estados Unidos, y luego confiscados para ser quemados inmediatamente.

Diez años después de su primera edición parisina, en 1932 se publicó finalmente de manera oficial en los Estados Unidos y en 1936 también llegó al Reino Unido.

El Ulises de Joyce fue editado en castellano 24 años después de su primera publicación oficial y fue en la ciudad de Buenos Aires. El traductor fue un autodidacta agente de seguros, nacido en 1900 y fallecido en 1975, que nunca llegó a terminar la escuela primaria, José Salas Subirat, quien después de dedicarle 5 años al libro de Joyce logró la primera traducción completa. La editorial que lo publicó en ese entonces fue Santiago Rueda Editor.

Hoy este hombre corriente, Salas Subirat, que además de traducir el Ulises realizó manuales de seguros y libros de superación personal, tiene un libro que recorre su vida y se llama El traductor del Ulises, del autor Lucas Petersen.

Carrie. La primera novela de Stephen King recibió docenas de rechazos de distintas editoriales. El Rey del Terror fue colocando una a una todas las cartas de rechazo que recibió en una pizarra de corcho que tenía en su habitación. Le habrán dicho más de una vez: “No estamos interesados en la ciencia ficción que trata de utopías negativas. No venden”.

Hoy cuenta con al menos 50 novelas publicadas y consideradas best sellers, 350 millones de libros vendidos en todo el mundo, 30 adaptaciones de sus historias al cine y la televisión.

Stephen King reconoce que entre algunas de esas cartas recibió también sugerencias y consejos junto a los rechazos que fueron claves para modificar su escritura. Algunos de esos consejos, según el autor, cambia­rían su forma de escribir “de una vez y para siempre”.

Entre todos los libros que Stephen King tiene publicados, hay uno que también es best seller, que sale de su habitual temática del terror y el suspenso y que se titula Mientras escribo, en el que repasa de manera muy fresca muchos momentos de su vida e intenta, a través de relatos muy entretenidos, dar las claves para ser un escritor de éxito. La primera frase de su primer consejo dice: “Todo empieza con un rechazo”.

Rebelión en la granja. Cuando George Orwell, el reconocido autor de 1984, le presenta Rebelión en la granja a la editorial Faber and Faber en 1944, su editor por ese entonces, el también reconocido autor T. S. Eliot, la rechaza por considerarla demasiado trotskista.

Afirma el editor en su carta: “No estamos convencidos de que sea el punto de vista correcto desde el cual criticar la situación política en este momento. Es obligación de cualquier editorial que pretende intereses y motivos distintos a los meramente comerciales, publicar libros que van contra la corriente del momento; pero en cada instancia esto demanda que al menos un miembro de la firma tenga la convicción de que es esto lo que necesita ser dicho en el momento”.

Por otra parte, sí se puede agregar un dato fundamental del contexto: esto sucedió en el marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña mantenía una alianza con la Unión Soviética contra su enemigo común: Alemania.

Un año después, Orwell logró que la editorial Secker & Warburg publicara su libro y fuera un éxito editorial.

Lolita. Vladimir Nabokov había terminado su manuscrito en 1953, después de cinco años de trabajo sobre la historia de la obsesión sexual de un hombre de mediana edad por una niña de 12 años. Fueron cuatro las editoriales que rechazaron Lolita.

No es difícil imaginar que el motivo de la negativa fue su temática, la que según algunos editores de la época atentaba contra la moral y las buenas costumbres. Le recomendaban al autor guardar esa obra obscena e inmoral bajo siete llaves, pero finalmente en 1955, Nabokov logró que la parisina Olympia Press se interesara en su obra y la publicara.

Un año después, el ministro del Interior francés prohibió la edición, pero para ese entonces el libro ya había tenido una importante distribución y venta.

Tres años después, en 1958, la obra se publicó en los Estados Unidos y otros países logrando una increíble aceptación, hasta el punto de llegar a universalizar el término “Lolita” para un nuevo concepto de “niña-mujer”.

Además de haber sido una obra literaria provocativa, Lolita fue uno de los hitos inaugurales hacia el derribo de ciertos tabúes relacionados con los jóvenes y el sexo durante la década del sesenta.

(…)

Acerca de la paciencia y el autor

Los persas decían: “La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces”.

En la misma línea Benjamín Franklin dijo: “Quien tiene paciencia, tendrá lo que desea”. Isaac Newton reflexionó sobre el mismo tema: “Si he hecho descubrimientos invaluables ha sido más por tener más paciencia que cualquier otro talento”.

La paciencia es un factor fundamental y en muchos casos es determinante a la hora de poder afrontar y superar exitosamente la angustia que se genera cuando las cosas no están saliendo como uno quiere o tal y como uno lo había planeado.

Pero no todas las mentes geniales tuvieron o tienen la virtud de la paciencia. Y en casos como la literatura, por ejemplo, ha habido muchos autores que hoy son clásicos indiscutidos que no tuvieron las herramientas necesarias para poder superar el rechazo o simplemente carecieron de la paciencia que se requiere para transitar esta incómoda situación.

La paciencia está intrínsecamente ligada al tiempo. Y con la paciencia y el tiempo, también está relacionada la maduración. Por lo general cuando las cosas salen como uno quiere es porque el tiempo, la paciencia y la maduración del proyecto logran encajar de manera natural. Pero no siempre estas tres características logran complementarse de manera sincronizada.

Lamentablemente por esta falta de sincronía, muchos autores de obras que en un principio fueron rechazadas no se enteraron de que, al tiempo, sí lograron concretarse y ser exitosas. En muchos casos gracias a la acción de familiares o personas directas que siguieron insistiendo a pesar de que sus propios autores ya habían bajado los brazos.

La conjura de los necios de John Kennedy Toole, por ejemplo, recibió la negativa de todas las editoriales a las que mandó el manuscrito. Incluso una de las respuestas que obtuvo llegó a decir que la obra no trataba de nada en concreto. Años después de su suicidio, la madre de Toole encontró entre las cosas guardadas de su hijo el original olvidado y decidió honrar su memoria haciendo todo lo posible y lo imposible también, para lograr que alguien publicara esa obra.

Se lo envió al escritor Walker Percy, que aceptó leerla solo después de mucha insistencia. En 1980, La conjura de los necios fue publicada y se convirtió en un inmediato éxito de ventas. Al año de su publicación recibió el premio Pulitzer.

Cien años de soledad y de paciencia tuvieron que tener el autor Gabriel García Márquez y su mujer Mercedes Barcha hasta ver la maravillosa obra de Gabo publicada.

Corría 1966, y como no tenían el dinero suficiente para mandar desde México las 590 páginas escritas a máquina por correo, García Márquez y su esposa armaron dos paquetes separados, dividieron el libro en primera y segunda parte para mandar solo una en un primer envío y luego la segunda parte del paquete con el final de la historia. Pero, en un descuido, trai­cionados por la ansiedad y la amargura de no tener la posibilidad de mandar todo en una sola encomienda, enviaron a su editor en Buenos Aires no la primera, sino la segunda parte del libro.

Por suerte para el autor, el director editorial Paco Porrúa quedó encandilado con lo que estaba leyendo y le giró el dinero para poder leer la obra completa. Quince días le llevó a la novela agotar su primera edición. Hoy lleva vendidas más de 30 millones de copias y se lee en más de 40 lenguas.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar