Fundamentos de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico

Derechos argentinos sobre Malvinas

El 10 de junio de 1829, el gobernador delegado Martín Rodríguez creó la Comandancia política y militar de Soledad y designó a Luis Vernet gobernador de las Islas Malvinas. Se conmemora por eso en este día la afirmación de los derechos argentinos sobre estas islas, usurpadas por los ingleses en 1833 y retenidas por la fuerza durante más de 150 años.

Comparto con ustedes un artículo publicado  por la Universidad de Córdoba en 1976, que resume muchos de los fundamentos históricos, geográficos y jurídicos que dan sustento al reclamo de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.

Fuente: Afirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas, Islas, y sector Antártico y Homenaje a San Martín, Belgrano y Brown, Universidad nacional de Córdoba, Dirección general de publicaciones, Córdoba, 1976, págs. 5-11.

La soberanía argentina sobre las Islas Malvinas está fundada en títulos de orden histórico, geográfico y jurídico. 

En el orden histórico, la Soberanía Argentina surge por su­cesión natural de España, producida la Emancipación de la Madre Patria. España ejercía su dominio patrimonial en virtud de la Bula de Partición “Inter Ceterae”, del Papa Alejandro VI, dada el 4 de mayo de 1493 (al año siguiente del descubrimiento de América), ratificada al año siguiente por el Tratado de Tordesillas. Por tales documentos se distribuyeron las tierras americanas, incluso las no descubiertas, entre España y Portugal. Con la revolución de Mayo de 1810 las islas pasaron a depender de la Argentina, y así fue reconocido por España y por todos los países con los cuales la Argentina mantenía relaciones amistosas. 

En el orden geográfico, el archipiélago está integrado por un conjunto de islas e islotes situados dentro de la plataforma continental argentina. Su estructura geológica es similar a la Tierra del Fuego. Las Islas están unidas a la Patagonia por medio de un cordón montañoso sub­marino, que no sobrepasa los 155 metros de profundidad. Tanto por el Norte como por el Sur de ese verdadero cordón umbilical, el talud des­ciende profundamente a la hoya oceánica. La misma “Enciclopedia Bri­tánica” apoya esta conexión geográfica al decir “Las Islas Malvinas forman esencialmente parte de la Patagonia, con la cual se hallan conecta­das por una meseta submarina”.

En el orden jurídico, los tratadistas de derecho internacional y de gentes que se han referido al problema han probado fehaciente­mente la legalidad de la posición argentina: 1º, por la bula pontificia mencionada y el tratado de Tordesillas; 2º, por la sucesión territorial de España con la Emancipación Nacional; 3º, por el acatamiento de los representantes extranjeros, entre ellos del capitán inglés James Weddell, en la asunción del gobierno insular por el Coronel de Marina David Jeweet, en 1820, y 4º, por la ocupación ininterrumpida con actos adminis­trativos realizados por funcionarios argentinos, hasta el día de la agresión británica, perpetrada en 1833.

Después de algún período de negligencia y despreocupación pública, aunque el gobierno jamás cejó en la reclamación de sus derechos en los congresos internacionales, se actualizó el movimiento reivindicatorio, en la tercera década del presente, la que ha sido llamada: “la década infa­me”.

En 1933 el historiador argentino Antonio Gómez Langenheim pu­blica su libro La tercera invasión. Al año siguiente el Doctor Alfredo L. Palacios presenta un patriótico alegato en el Senado Nacional y da a la imprenta su trabajo, Las Islas Malvinas, archipiélago argentino.

En 1936 la Asociación “El Ceibo” solicita al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública se establezca el 10 de junio como Día Nacional de las Malvinas. En dicha fecha se recuerdan dos episodios históricos de profunda significación: La expulsión de los ingleses de Puerto Egmont, en 1770, y la designación de Luis Vernet como comandante político y militar de las Islas Malvinas, en 1829.

En 1938 la Alianza de la Juventud Nacionalista realiza un gran acto público en el Teatro Marconi, donde varios oradores reclaman la devolución de las Islas a sus legítimos poseedores.

El 23 de setiembre del mismo año, el Presidente de la Nación, Dr. Roberto M. Ortiz, al promulgar la ley que ratifica las conven­ciones del Congreso de la Unión Postal de El Cairo, donde Gran Bre­taña incluía a las islas como propiedad, salva el error del Parlamento que por descuido las había aprobado, y reafirma la soberanía sobre las Malvinas, “que pertenecen a la nación argentina por derecho irrenunciable”.

El 9 de julio de 1939 se funda la Junta de Recuperación de las Malvinas, con la Presidencia del Senador Alfredo L Palacios. A la renuncia de éste, el año siguiente, asume el Dr. Antonio Gómez Lang­enheim, quien lleva adelante una efectiva campaña formadora de una conciencia nacional, por medio de conferencias públicas, confección de un Himno de las Malvinas, con la letra del poeta Carlos Obligado y música del maestro José Tieri, rectificación de datos históricos equivocados en varias publicaciones y gestiones para designar con el nom­bre del archipiélago a escuelas, calles y paseos públicos. Poco después del fallecimiento del Dr. Gómez Langenheim, es designado presidente de la Junta el Embajador Alberto M. Candiotti.

El 2 de setiembre de 1946 el Presidente de la Nación, Gral. Juan Domingo Perón, fija por decreto las normas a que deben ajustarse los mapas argentinos, por ser “necesario arbitrar todos los medios para que la cartografía que se divulgue en nuestro país y, con mayor razón en el extranjero, no adolezca de fallas que, producidas voluntaria o invo­luntariamente, pueden lesionar la soberanía nacional, dando lugar a un erróneo conocimiento de nuestro patrimonio territorial”.

Por otro decreto, el 8 de agosto de 1948 el Poder Ejecutivo Nacional, en homenaje al General José de San Martín, dispone llevar la “llama de la argentinidad”, encendida en la lámpara que arde en el peristilo de la catedral metropolitana, a todos los territo­rios nacionales, custodiada por educadores y estudiantes. La comisión organizadora, presidida por el Doctor Oscar Ivanisevich e integrada por representantes de las Fuerzas Armadas, “continuará en sus funcio­nes hasta tanto dé cumplimiento a su cometido de trasladar la lámpa­ra votiva a las Islas Malvinas”.

El 11 de abril de 1949, el Rector de la Universidad Nacional de La Plata, Dr. Carlos I. Rivas, inaugura un monumento alegórico de las Islas Malvinas, obra del escultor César Sforza, en el patio principal de aquella Casa de Altos Estudios.

El 30 de agosto del mismo año, el Juez en lo Civil, Dr. Roberto Palmieri, resuelve favorablemente el pedido del súbdito británico John Howard Poynor, quien solicitaba la inscripción en el Registro Civil de dos hijos suyos nacidos en el Archipiélago, en 1942 y 1943, declarando “bajo juramento”, que considera que sus hijos Miguel y Valeria, nacidos ambos en las Malvinas, son argentinos, por ser éstas parte integrante del territorio argentino”.

El 4 de mayo de 1955, el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Dr. Jerónimo Remorino, refuta la nota del Foreign Office que proponía llevar el asunto de las “dependencias de las Islas Malvinas” a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, rechazando el arbitraje y los pre­suntos y supuestos derechos británicos a los territorios australes pertene­cientes a la Argentina.

El 3 de enero de 1966, al cumplirse el 133º aniversario de la usur­pación del archipiélago, el presidente Arturo Illia decreta la fundación del Instituto Nacional de las Islas Malvinas y Adyacencias, que presidió el doctor Ernesto J. Fitte. Al año siguiente, por controversias surgidas en la asociación acerca del carácter que debía darse a la sublevación del gaucho Rivero, el doctor Fitte renuncia y el ministro de Relaciones Exte­riores, Nicanor Costa Méndez, disuelve el Instituto por decreto del 14 de febrero de 1967.

Los miembros subsistentes constituyen entonces, a título privado, el Instituto de las Islas Malvinas y Tierras Australes Argentinas, con la presidencia del historiador Alfredo Díaz Molina, quien fue reemplazado, en 1973, después de cumplir dos mandatos, por el escritor Carlos Barreiro Ortiz. Esta asociación, integrada por historiadores, diplomáticos y miem­bros del clero y de las Fuerzas Armadas, sigue cumpliendo una labor encomiable.

Aunque comúnmente la capital argentina de las Islas Malvinas es llamada Puerto Soledad, su nombre de origen es Nuestra Señora de la Soledad declarada Patrona del Puerto Insular. Cuando el capitán Felipe Ruiz Puente solicitó al entonces gobernador Bucarelli asistencia espiritual para los isleños, este le envío, en enero de 1768 en la Fragata Águila, “una imagen de bulto de Nuestra Señora de la Soledad tutelar de dichas Islas, con vestido de terciopelo guarnecido, a más de diversos ornamentos y otras cosas del culto”.

Ahora bien, la soberanía argentina en las Islas Malvinas comenzó a ser ejercida automáticamente con la revolución triunfante del 25 de Mayo de 1810. Existen constancias, poco conocidas, de actos administra­tivos que se refieren a una evidente jurisdicción nacional cumplidos por las autoridades argentinas o sus mandantes, durante el interregno de 1810-1820. Las evidencias más notables fueron:

1º Una de las primeras medidas tomadas por la Primera Junta de Gobierno consistió en el despacho de un expediente, demorado por la renuncia del Virrey Cisneros, referente a la solicitud de sueldos complementarios del capitán Gerardo Borda, último go­bernador español de las Malvinas. El documento fue suscripto por el presidente Cornelio Saavedra y el secretario Juan José Paso, el 30 de mayo de 1810.

2º Existe constancia de un pedido de Enrique Torres, del 13 de enero de 1813, para cazar lobos marinos en el archipiélago con el bergantín El Rastrero.

3º El Ministro de Guerra interino Beruti remite en 1810, un oficio al General José de San Martín, gobernador de Cuyo, a fin de requerir el envío de presidiarios para mandarlos a las Islas.

4º En la primavera de 1818 viaja a las Islas el foquero argentino Espíritu Santo, y luego de abastecerse en Puerto Soledad, prosi­gue hacia la Isla Decepción en la Antártida.

5º El buque francés Uranie, comandado por el capitán Freycinet naufraga, en febrero de 1820, al noreste de Soledad, y la tripu­lación logra salvarse gracias a la ayuda prestada por los malvinenses quienes le facilitan otra embarcación para trasladarse a Montevideo.

Cuando llegó a conocimiento de las autoridades de Buenos Aires el estado penoso en que se hallaban las Islas por la caza indiscriminada de anfibios que hacían barcos extranjeros, el Director supremo de las Provincias Unidas José Rondeau, ordenó la partida de un oficial para que se hiciera cargo del gobierno insular. Se designó para esta impor­tante empresa al coronel de marina David Jeweet, corso norteamericano al servicio del gobierno nacional.

El 6 de noviembre de dicho año toma posesión solemne de las Mal­vinas, izando la bandera argentina y lanzando en su honor una salva de 21 cañonazos. Reúne a los capitanes de los buques fondeados en los alre­dedores, entre los cuales se hallaba el marino inglés James Weddell, y da lectura a la siguiente proclama:

“Tengo el honor de informarles que he llegado a este Puerto comisionado por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de  América del Sur, para tomar posesión de las Islas en nombre del país a que éstas pertenecen por ley natural. Al desempeñar esta misión deseo proceder con la mayor corrección y cortesía para con todas las naciones amigas. Uno de los principales objetivos de mi cometido es evitar la destrucción desatentada de las fuentes de recursos necesarias para los buques que de paso o de reca­bada forzosa arriban a las Islas”.

Los representantes extranjeros acataron sin discusión las órdenes im­partidas por el flamante gobernador argentino. La noticia llegó a Buenos Aires, a Madrid y a Londres. Ni el gobierno de Gran Bretaña ni el de los Estados Unidos de Norte América protestaron ni presentaron entonces reclamación alguna, dando por sentado que reconocían la soberanía argentina en las Malvinas.

Sucede a Jeweet en el gobierno insular el comandante Pablo Areguatí, oficial de raza indígena educado en las Misiones Jesuíticas.

En el lapso comprendido entre 1824 y 1828 administraron oficiosa­mente las Islas Jorge Pacheco y Luis Vernet, quienes tenían una conce­sión de tierra otorgada por el gobernador Balcarce.

El 10 de junio de 1770 los españoles habían desalojado a los ingleses de Puerto Egmont. Deliberadamente se eligió este aniversario para hacer un nombramiento con mayores atribuciones jurídicas e históricas en el Archipiélago. El 10 de junio de 1829 el general Martín Rodríguez de­signa a Luis Vernet, nativo de Hamburgo, de padres franceses, argentino por adopción, tercer gobernador de las Islas. La parte pertinente del decreto afirma:

“Habiendo resuelto por decreto de esta fecha que las Islas Malvinas y las Adyacentes al Cabo de Hornos, en el Mar Atlántico, sean regidas por un comandante político y militar, y teniendo en consideración las calidades que reúne don Luis Vernet he tenido a bien nombrarlo, como en el presente lo nombro para el expresado cargo de Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas delegando en su persona toda la autoridad y jurisdicción necesarias al efecto”.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar