José de San Martín: "desearía que mi corazón fuese depositado en Buenos Aires"

En varias oportunidades, el libertador José de San Martín, desde Boulogne Sur Mer, donde residía junto a su hija Mercedes desde su partida del país en los tempranos años posrevolucionarios, había mencionado sus deseos de que su corazón descansara en Buenos Aires. Sin embargo, fallecido el 17 de agosto de 1850, su voluntad había sido esquivada por los diferentes gobiernos porteños, de la confederación y de la república unificada. Mientras tanto, la burguesía comercial porteña construía su propio panteón de líderes, repatriando los restos de Bernardino Rivadavia, “el más grandes hombre civil de los argentinos”, según dijera entonces Bartolomé Mitre.

Fue justamente Mitre quien hacia 1859 buscó que Merceditas y su esposo Mariano Balcarce le acercaran documentos del libertador con el propósito de escribir su biografía, mientras que al poco tiempo -en 1862- se erigía el primer monumento a su figura en lo que hoy se conoce como Plaza San Martín. Pronto, una nueva obra sobre su vida le permitiría acercarlo como figura emblemática de la patria: la recopilación de documentos y poesías sobre él que hiciera Juan María Gutiérrez.

Hacia 1874, finalmente Mitre -entonces presidente- se decidiría a escribir la historia de las luchas del libertador y su vida en el exilio, claro que con interpretaciones arbitrarias, que hacían de San Martín el protector de la liberación del continente, frente a las ambiciones del despótico Bolívar. Por otra parte, un San Martín enfrentado a Rivadavia y cordial con Juan Manuel de Rosas, debía también ser hecho a un lado.

Esta alteración de la imagen del libertador permite a la clase gobernante del país repatriar sus restos, sin que representara amenaza alguna a su proyecto liberal y unitario. Fallecida Merceditas, el presidente Nicolás Avellaneda crea una comisión encargada de la repatriación de los restos de San Martín, depositados en el cementerio de Brunoy, cerca de París. La tarea se concreta el 28 de mayo, cuando son llevados los restos a la Catedral de Buenos Aires, adonde no llegaron, al parecer, sin una primera resistencia de la Iglesia Católica, debido a su condición de masón.

En ocasión de la fecha, el 21 de abril de 1880, en que los restos de San Martín partieron desde el puerto de Havre, en el noroeste francés, recordamos sus palabras, al expresar su deseo de que su corazón descansase en la ciudad porteña.

Fuente: Arturo Capdevila, El pensamiento vivo de San Martin, Editorial Losada, Buenos Aires, 1982.

"Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires."

José de San Martín

Fuente: www.elhistoriador.com.ar