José Ingenieros sobre la nacionalidad argentina

Giuseppe Ingegnieri, según su documento italiano, José ingenieros, según el documento argentino, nació en Palermo, Italia, en 1877. Era hijo de un revolucionario siciliano vinculado con la I Internacional, que le infundió las ideas del socialismo. Con ellas, hizo sus primeras armas en la política universitaria. A los 18 años fue delegado por el Centro Socialista Universitario, posteriormente integrado al Partido Socialista Obrero Internacional (luego Partido Socialista Argentino).

Pero no fue precisamente por su actividad política -ubicado en el campo del pensamiento latinoamericanista- que se destacó Ingenieros. Los aportes de este sociólogo, médico y psiquiatra, a la cultura y la ciencia nacional fueron su más valioso legado. En 1897 se graduó de farmacéutico y en 1900, de médico. Sus cursos con José María Ramos Mejía le inclinaron hacia el estudio de la psiquiatría y la criminología, en las sendas del ideario positivista. En un país compuesto por una gran masa de inmigrantes, como lo era la Argentina de comienzos del siglo XX, una de las mayores preocupaciones de los pensadores era el problema de la nacionalidad. En parte a ello se dedicó José ingenieros, cuya obra más destacada en el tema fue La evolución de las ideas argentinas. Su temprana muerte, el 31 de octubre de 1925, no evitó que se convirtiera en uno de los máximos referentes del pensamiento nacional.

Fuente: José Ingenieros, Las direcciones filosóficas de la cultura argentina,  Buenos Aires, Editorial EUDEBA, 1963.

“La nacionalidad argentina se está constituyendo como producto de causas distintas de las que determinaron la formación de las naciones orientales y europeas: otro es el medio y otra es la amalgama inicial.

La naturaleza, los elementos étnicos refundidos en nueva raza, los orígenes de su cultura, la evolución de los ideales directivos, todo lo que converge a caracterizar una mentalidad nacional, difiere en mucha parte de los modelos conocidos. Por eso la renovación de las ideas generales incesante en la humanidad, aunque distinta en cada punto del espacio o momento del tiempo, se operará entre nosotros con diversos ritmos y acentos que en las naciones formadas o dirigidas por tradiciones que no son las nuestras.

No implica ello que la Argentina carezca de tradición o cultura; significa que la existente es pequeña. Y si esto puede ser motivo para no envanecernos del pasado, como acostumbran sin esperanza de porvenir, bien podría serlo de regocijo si advirtiéramos que nuestra exigua tradición es de óptimo presagio para un mañana inminente. Nos faltan el ancla de las malas rutinas y el vicio teológico medieval, que pesan tanto como honran a las naciones que están por cerrar su ciclo en la historia humana; tenemos, nosotros, el pie ligero para encaminarnos hacia eras nuevas y ocupar un puesto de avanzada en la cultura humana, que los siglos renuevan sin descanso.

No tendremos el trabajo de olvidar que es lucha agotadora para los que viven del recuerdo. De la experiencia contemporánea tomaremos lo que sirva, todo lo que sirva…; lo que sea futuro, en el mundo de la experiencia y del ideal, podremos sembrarlo en nuestra virgen mentalidad argentina, libre de errores hereditarios que en nombre de ideales muertos nos impidan entregarnos a ideales vivos.”

José Ingenieros

Fuente: www.elhistoriador.com.ar