Emilio Gouchón y el debate sobre la Ley de Residencia

Hacia 1902, las luchas obreras cobraron un impulso notable, al calor de la creciente -aunque tibia- industrialización del país y la decisiva llegada de millares de inmigrantes. Hacía apenas dos décadas que había comenzado la organización de los obreros de forma permanente.

Los estibadores del puerto, marítimos, panaderos, fideeros, choferes, ferroviarios, peones, entre tantos otros oficios, iniciaban acciones de protesta por mayores salarios y mejores condiciones de trabajo y vida, y realizaban numerosos encuentros y asambleas con el fin de lograr una mayor organización. Por entonces, anarquistas y socialistas disputaban la dirección de las luchas.

En aquella época, la legislación laboral era inexistente y, por ello mismo, el criterio que mejor empleaban los sectores dominantes era el del garrote. Iniciada una huelga por los obreros del Mercado Central de Frutos y de las barracas, la medida rápidamente involucró a la mayoría de los gremios del país. La huelga llegó a ser general en la Capital Federal y en algunas ciudades de provincia. Luego de la huelga ferroviaria de 1896, la de los panaderos porteños y la huelga general de Rosario de 1901, la acción obrera de noviembre de 1902 era la más importante de la corta historia obrera en el país.

Las fuerzas de la policía y del ejército fueron lanzadas a la calle a perseguir y arrestar huelguistas. Creyendo todavía insuficiente esta respuesta, el gobierno de Julio Argentino Roca aplicó por primera vez el estado de sitio contra los trabajadores. Se allanaron locales obreros, se secuestraron periódicos, se encarceló a numerosos activistas.

Como la intensidad del movimiento no disminuía, los sectores dominantes apelaron a otra medida extrema: el 23 de noviembre de 1902, el Congreso Nacional, convirtió en ley un proyecto creado por el senador Miguel Cané tres años antes. El texto de la ley llamada “de residencia o expulsión de extranjeros”, que llevó el número 4144, permitía al poder ejecutivo expulsar del territorio de la nación “a todo extranjero que haya sido condenado o sea perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes" o “cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”, a quien daba sólo tres días para salir del país. Asimismo, podía impedir la entrada a aquellos que tuviese antecedentes.

La ley fue aplicada intensa y brutalmente, convirtiéndose en motivo central de las quejas del movimiento obrero desde entonces. Recién en julio de 1958, como parte del compromiso entre el movimiento obrero y Frondizi, la ley fue derogada; sin embargo, meses más tarde se dictaron nuevas leyes represivas. En 1969, bajo el gobierno de Onganía, la antigua Ley de Residencia fue recreada y, en 1973, con Cámpora, se volvió a derogar. En esta oportunidad, recordamos la sanción de esta ley con las palabras del abogado radical Emilio Gouchón, destacado opositor a la sanción de esta ley en los debates de la época.

Fuente: Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, Buenos Aires, 22/11/1902.

"Es de lamentar, señor presidente, que este proyecto de ley venga al debate en estos momentos de agitación y bajo la presión que esa misma agitación tiene que ejercer en nuestro ánimo. El señor ministro ha manifestado que esta ley tiende en parte a curar el mal de las huelgas, si bien no espera de ella que tenga una eficacia suficiente para curarlo radicalmente. Desde luego, las huelgas no son un mal. Las huelgas han sido la defensa legítima que ha tenido el hombre de trabajo contra el capitalista; y es debido a las huelgas, ejercitadas dentro de los límites legítimos, que la clase obrera ha mejorado su condición en todas partes del mundo, como acaba de reconocerlo en un documento público un ministro del gabinete italiano. De manera que las huelgas no son un mal: es un medio de defensa que tiene el trabajador contra el capitalista, que a su vez cuenta con otros medios para contrarrestar la acción del obrero."

Emilio Gouchón

Fuente: www.elhistoriador.com.ar