Marx, pensamiento y práctica revolucionaria

Nacido en la antiquísima ciudad de Tréveris, al sudeste del Reino de Prusia, el 5 de mayo de 1818, Karl Marx sigue siendo, a casi 130 años de su muerte, uno de los hombres más influyentes del mundo moderno. Hijo de una familia judía conversa y liberal, su padre era un prestigioso abogado que ejercía el cargo público de Consejero de Justicia.

El niño Marx estudió en un colegio jesuita, destacándose con excelentes notas. En 1835, con posterioridad, se matriculó en la Universidad de Bonn para estudiar humanidades: allí, no escapó a la inquieta actividad de todo joven, amoríos, política, peleas y ocasionales borracheras. Un año más tarde, con 18 años, se encontraba en Bonn, para iniciar la carrera de Derecho y Filosofía, conociendo allí mismo a su futura esposa: una amiga de la infancia, la bella y puritana baronesa Jenny von Westphalen, descendiente de los duques de Argyll, con quien se casó, pese a no cumplir con las formalidades de época, en 1843.

Berlin fue su próximo e inmediato destino. Se incorporó a un grupo de seguidores del filósofo Georg W.F. Hegel, incorporando ideas fundamentales como la dialéctica y conociendo influyentes pensadores como Bruno Bauer, a partir de lo cual comenzó a acercarse al materialismo filosófico, lo que produciría un giro radical en su pensamiento y le valdría -como se ha dicho-, poco tiempo después, dar vuelta a Hegel de pies a cabeza, incorporando también las ideas antireligiosas de Ludwig Feuerbach. Lo que siguió después es el desarrollo cada vez más sistemático de lo que se conoció como materialismo dialéctico y materialismo histórico y, tiempo más tarde, como marxismo.

Su excelente pluma y su brillante pensamiento se plasmaron en numerosos artículos periodísticos en la Gaceta Renana, clausurada en 1843 por razones políticas, lo que también motivó el exilio de la pareja a París. Allí conoció a su gran compañero Friedrich Engels, con quien estudiaron de forma sistemática y profundidad la historia mundial. De Engels, Marx llegó a decir que era el hombre más culto de Europa. La historia de la lucha de clases, la crítica radical a la religión y el internacionalismo político marcaron sus años por venir.

De Paris pasó a Bruselas, de Bruselas a Colonia y luego a Londres. Sus viajes estaban siempre motivados por el rechazo de las autoridades a su presencia. Por entonces, Marx ya había hecho contacto con viejos comunistas y había escrito sus manuscritos y otras obras filosóficas de importancia, en una de las cuales invitó a los filósofos a dejar sólo de pensar el mundo y proponerse transformarlo. La sagrada familia, La ideología alemana, Miseria de la Filosofía, fueron algunos de los títulos de sus obras, escritas junto a Engels. Finalmente, en 1848, apareció una obra a pedido, que tendría una trascendencia ineludible: El manifiesto comunista. La idea de la lucha de clases como motor de la historia y la insurrección del proletariado como inevitable futuro, no evitaron que propusiera circunstanciales alianzas con sectores de la burguesía democrática, desde sus notas periodísticas, tanto en la Nueva Gaceta Renana como en el New York Times.

Su obra más famosa, indiscutible aporte al conocimiento del mundo capitalista, fue editada por primera vez en 1867. Era lo que se conoce hoy como el primer tomo de El Capital. Por entonces, su figura tenía una fenomenal trascendencia en los ambientes de toda Europa, confluyendo en la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o I Internacional. Su influencia alcanzaría incluso a la rebelión francesa de 1871, que se conocería como la Comuna de Paris. Derrotada la misma, se perdía entonces la perspectiva del cambio radical inmediato. Una década más tarde, luego de la muerte de su esposa y con 73 años, esta figura gigantesca -como dijera Engels ante su tumba- dejaría de pensar. Dejaba entonces un legado cuyas consecuencias prácticas y alcances difícilmente pudiera haber imaginado.

Insistentemente, Marx y Engels fueron atacados por su marcado “determinismo” o “economicismo”. Si bien en ocasiones justificaron esta lectura, no menos cierto es que el énfasis fue también puesto en función de atacar una visión de la historia que negaba la importancia de las estructuras económicas. Esto no les impedía ver, como grandes hombres de ciencia, el rol que jugaban las “casualidades”. En este sentido, en ocasión de la fecha de su nacimiento, recordamos las palabras que dirigiera Marx al activista socialdemócrata Louis Kugelmann, en abril de 1871, luego de la derrota de la Comuna de París.

Fuente: "Carta de Marx a Louis Kugelmann, Londres, 17 de abril de 1871"; en Carlos Marx y Federico Engels, Obras Escogidas, t. 3, La Habana, Editora Política, 1963.

“Sería muy cómodo hacer la historia universal si la lucha se pudiese emprender sólo en condiciones infaliblemente favorables. La historia tendría un carácter muy místico si las ‘casualidades’ no desempeñasen ningún papel. La aceleración o la lentitud del desarrollo dependen en grado considerable de estas ‘casualidades’, entre las que figura el carácter de los hombres...”

Karl Marx

Fuente: www.elhistoriador.com.ar