Cornelio Saavedra, entre la política y la justicia

“Las brevas no están maduras”, probablemente sea la frase más conocida de Cornelio Judas Tadeo Saavedra. Era 1809 cuando pronunció aquella frase, en tiempos en que la Junta Sevillana que custodiaba el poder monárquico ante la invasión napoleónica a España había decidido reemplazar a Liniers por otro virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Convertido en una autoridad militar respetada, Saavedra intentaba convencer a los revolucionarios patriotas de que todavía no era tiempo para los grandes cambios. Tan sólo unos meses más tarde, debería regresar rápidamente a Buenos Aires, pues los acontecimientos se precipitaban sin su presencia.  

Nacido en la Villa Imperial de Potosí, el 15 de septiembre de 1759, este futuro primer jefe del Regimiento de Patricios, se trasladó pronto junto a su familia a Buenos Aires. Una vez aquí, inició sus estudios en el reputado Colegio de San Carlos, aunque nunca los terminó. En 1797, inició su carrera en la función pública como regidor. Su destacada actuación le valió, dos años más tarde, la designación de procurador y, en 1801, la de alcalde de primer voto. Pronto sucederían las invasiones inglesas y Saavedra podría allí reconocer su vocación militar.

Desde 1808, participaría en las reuniones de la jabonería de Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, en la que se destacaba por su moderación y una prudencia que a muchos de sus compañeros les resultaba excesiva. Pero en los días de mayo se acopló al movimiento revolucionario, negando su apoyo a Cisneros y votando posteriormente por la destitución del virrey. Su reconocida autoridad y su precavido posicionamiento le valieron la designación como presidente de la Junta formada el 25 de mayo.

A Saavedra se lo ha conocido también por su enfrentamiento con Mariano Moreno, secretario de Guerra y Gobierno de aquella Junta. Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban cambios económicos y sociales profundos. Saavedra, en cambio, representaba a los sectores conservadores. La pelea entre saavedristas y morenistas trascendió la vida de Moreno, quien murió misteriosamente en altamar, en marzo de 1811. Pero aunque la situación parecía favorable a los dictados saavedristas, el curso de la guerra independentista permitió a los morenistas destituirlo y formar, sin su presencia, el Triunvirato.

Antes de que San Martín, pero por causas muy diversas, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes y arribó a Chile acompañado por su hijo Agustín de 10 años. Escapaba de los morenistas que buscaban apresarlo y enjuiciarlo, acusado de intentar frenar el proceso revolucionario en curso. Recién en 1815, el Cabildo lo absolvería de cargos y le devolvería su grado militar y, pese a ser nuevamente obligado a abandonar Buenos Aires, el Congreso Constituyente terminaría con las causas en su contra. Durante el período de la anarquía, se retiraría a Montevideo y sólo volvería a Buenos Aires en sus días finales. Falleció el 29 de marzo de 1829.

Lo recordamos en esta oportunidad con fragmentos de algunas ideas sobre la política y la justicia, que le escribiera al director supremo Álvarez Thomas, el 7 de agosto de 1815, en ocasión de dictársele un nuevo destierro.

Fuente: A. Zimmermann Saavedra, Don Cornelio Saavedra, Lajouane y Cía. Editores, Buenos Aires, 1909, p. 207.

“Entre tanto, me lisonjea sobre manera oír de boca de V. E., que la política y no la justicia, en las presentes circunstancias, es la que exige la continuación de mi destierro y padecimientos consiguientes. La verdad política, a más de ser una ciencia que tiene sus principios fijos e invariables, fundada en el derecho natural, es una virtud que por lo mismo, jamás aconseja hacer algo contra la justicia, porque ésta es su mejor fundamento. Las prevenciones acres, aunque lo sean de muchos, siendo ajenas a la verdad e hijas de las pasiones, jamás, Señor, han apoyado la virtud de la política”.

Cornelio Saavedra

Fuente: www.elhistoriador.com.ar