Palacios y “la miseria de la república”

Alfredo Palacios, el primer diputado socialista electo en toda América, nació en Buenos Aires el 10 de agosto de 1878. Hijo de un destacado dirigente uruguayo, tuvo 18 hermanos y una educación religiosa ofrecida por su madre, quien afrontó la difícil situación de mantener a su familia cuando falleció su marido.

Militante del Círculo de Obreros Católicos y director de La Juventud, órgano del Centro Católico Pedro Goyena, lograba hacerse de unos pesos trabajando como periodista para un pequeño diario local. Entonces, con sólo 14 años, le permitirían ser uno de los oradores en el entierro del reconocido intelectual católico José Manuel Estrada. Esta oportunidad despertó el interés en su persona.

Por entonces, diversas lecturas y una realidad social apremiante hicieron que se acercara a las ideas socialistas y anarquistas y se alejara definitivamente de los círculos católicos, al tiempo que iban creciendo en él los sentimientos anticlericales.

Recibido de abogado y militante en las filas del Partido Socialista, en 1904 fue el protagonista de un suceso histórico en el continente, al convertirse en el primer legislador socialista de toda América. Un gran logro para aquel letrado que había colocado en la puerta de su casa la siguiente placa: “Abogado. Atiende gratis a los pobres”. Desde entonces y hasta su muerte en 1965, convirtió a los recintos del Congreso en una tribuna de sus denuncias contra las leyes represivas y proyectos favorables a los derechos de los trabajadores y las mujeres. Aunque no siempre lo hizo bajo la misma adscripción partidaria, ya que a comienzos del siglo XX fue expulsado del PS acusado de tener “vicios burgueses” (intentó batirse a duelo) y fundó entonces el Partido Socialista Argentino.

Especializado en derecho laboral, considerado un “maestro” en diferentes universidades latinoamericanas, electo decano de la Facultad de Derecho en Buenos Aires, también se enfoca en temas de política regional, criticando las intervenciones norteamericanas en el continente y la ocupación inglesa en Malvinas.

La emergencia del peronismo lo encontró como presidente de la Universidad de La Plata, cargo al que renuncia disconforme con la nueva situación. Un férreo antiperonismo le trae varios dolores de cabeza, entre ellos la cárcel. El golpe del ’55 lo ubica en Montevideo, como embajador argentino y las elecciones de 1958 como candidato socialista a la presidencia. Crítico de la entrega del petróleo de Frondizi y ferviente defensor de la Revolución Cubana, fallece el 20 de abril de 1965, mientras se desempeñaba una vez más como diputado nacional.

Recordamos aquí la fecha de su muerte, con las palabras que pronunciara al presentar su tesis doctoral “La miseria de la República Argentina”, que fuera rechazada por “atentar contra las instituciones”.

Fuente: Víctor García Costa, Alfredo Palacios, Buenos Aires, CEAL, 1971.

"Sabiendo que nuestros gobiernos tienen por norma de conducta el despilfarro, y que las defraudaciones y los latrocinios se cometen a diario y quedan impunes. (…) Que contesten esos suicidas morales que formando círculos han rodeado a todos los gobernantes para lucrar a la sombra de las grandes empresas. Ellos son los responsables de la ruina del país, ellos que han hecho levantar palacios con los dineros del pueblo para habitarlos después de la catástrofe, encastillados en su asqueroso egoísmo, o que con las arcas repletas desparraman a manos llenas en el viejo continente el oro que malversaron. (…) Nuestros obreros deben unirse para la lucha, recoger las fuerzas dispersas que son fácilmente derrotadas, producir un movimiento de concentración y dar lugar por último a un todo orgánico, coherente y definido, capaz de establecer combate con probabilidad de éxito."

Alfredo Palacios

Fuente: www.elhistoriador.com.ar