Entrevista a Leonardo Favio


Fuente: Revista Siete Días Ilustrados, 31 de mayo de 1971.

Parapetado tras sus habituales tics, el efervescente cantautor y cineasta habla para Siete Días sobre sus últimas experiencias: Simplemente una rosa, film que le redituará diez millones de pesos, y Juan Moreira, “que será un gran fresco sobre la vida y la muerte de una pasión argentina”.

Alguna vez dijo: “Si tuviera un millón de pesos no sería como soy”. Fue hace cuatro años, claro, cuando hacía sus primeras armas como cantante en un sofisticado reducto de San Telmo y ni soñaba con que una sola de sus canciones acabaría por arrimarle sumas estrepitosamente mayores, por poner a prueba la sinceridad del arranque. Al menos en eso, Fuad Jorge Jury (33, dos hijos), nom de guerre Leonardo Favio, se ha mantenido fiel a sí mismo: sigue exhibiendo ese carácter exaltado y difícil que le acarreó no pocos problemas. Ya antes de haber cosechado el ruidoso suceso discográfico de 1969 su labor cinematográfica, sus irreverentes declaraciones y, en cierto modo, su azarosa vida privada, lo habían señalado como un personaje díscolo en torno a cuyas actitudes y realizaciones, público y crítica no acababan de ponerse de acuerdo. Actor consagrado en El secuestrador y La mano en la trampa, bajo la batuta de Leopoldo Torre Nilsson, no tardó en dejarse tentar por la dirección. Crónica de un niño solo, Romance del Aniceto y la Francisca y El dependiente probaron que se estaba frente a un hombre de intuición y talento poco frecuentes. Luego de un intento fracasado de convertirse en cantante popular –su primer tema, Quiero la libertad, vendió 500 copias– y cuando los directivos del sello grabador estaban dispuestos a rescindirle el contrato, Fuiste mía un verano lo instaló en pocas semanas en la codiciada categoría de ídolo máximo de la canción. En su carrera no sólo dejó atrás a Sandro y Palito Ortega, sino también los días difíciles que conoció junto a María Vaner, con quien se había casado en 1960. Del brazo de Carola, su segunda esposa, transitó un éxito fácil que no le exigía, al parecer, más que algunos renunciamientos.

Ahora, toda esa efervescencia parece evaporarse y Leonardo Favio ostenta, en cambio, un envidiable profesionalismo. Lo enorgullece levantarse todas las mañanas poco después de las siete y cumplir estrictamente sus horarios de trabajo, incluso las ocho horas diarias de filmación que demanda su última película, Simplemente una rosa. Una redituable experiencia, bastante alejada de su postergado Juan Moreira pero que, sin duda alguna, lo compensará de tantos desvelos. Entretanto, desayuna con mate, almuerza frugalmente y se somete con paciencia a un tratamiento de acupuntura que lo deslumbra, pese a los mil doscientos dólares de costo. Exultante todavía aunque con una serenidad desconocida, casi formal, Favio conversó con Siete Días la semana pasada. Una conversación de la que no estuvieron ausentes su mate inseparable, sus arbitrariedades, sus gestos, su avasallante simpatía.

La gente habla de un nuevo Favio. ¿Es cierto que has cambiado?

Es lógico y necesario. El cambio es vida. Si no te renovás estás listo. Lo que no significa que no haya cosas perdurables: el amor a la gente y a la tierra de uno, la amistad. Son valores perdurables aunque con el tiempo también se trasforman.

¿Es madurez eso?

Sí. Siempre y cuando no sea la madurez de la fruta que se pudre y cae.

Leonardo Favio parece estar seguro de no caer. Su último viaje a Chile –donde cantó ante una enfervorizada multitud de 25 mil personas– no aporta, precisamente, elementos para desmentirlo. Como tampoco su rotunda seguridad de ser el cantante latino que más vende en España y Estados Unidos o el hecho de que su pase del Canal 13 al 9 haya costado cinco millones de pesos y que cada actuación le signifique un millón de ingreso. Confirmación de una importante audiencia que, sin embargo, no logra encubrir otra realidad: la demanda popular del producto Favio ha disminuido. Aquel oleaje incontenible que lo llevó a la cresta de la fama parece haberse convertido en una serena marejada.

Seguís siendo un intérprete taquillero, pero el boom ha pasado, ¿por qué?

Yo no necesito ser un boom. Ahora soy una institución. Si no fuera así, los empresarios, que conocen muy bien el negocio, no me cotizarían tan alto.

Sorbe pausadamente su quinto o sexto mate, mira por la ventana hacia la calle Paraguay y anuncia su próxima mudanza a un dúplex bastante más amplio, un poco más suntuoso. Un signo exterior de aburguesamiento que no parece haberlo modificado profundamente. Lo concreto es que alcanzó la popularidad y está decidido a instalarse definitivamente en ella. Diez, veinte canciones lo ayudarán a lanzarse “con todo” en los próximos meses. Para eso están la guitarra, el grabador y los amigos, y Jorge López Ruiz, su arreglador y director de orquesta. También están los bocetos para su soñado Juan Moreira: un Rodolfo Bebán barbudo y severo, apuntes, dibujos de vestuarios.

¿Qué pasa con Moreira?

Que ya se viene. 

¿Qué significa esta película para vos?

Pienso que Moreira tendrá que ser un gran fresco sobre la vida y el hombre argentino, como esos murales de los pintores mexicanos. Un vistazo hacia el pasado pero, al mismo tiempo, de gran contemporaneidad. Algo así como la vida y la muerte de una pasión argentina.

Días de mate y rosas

Los primeros éxitos discográficos reemplazaron la imagen del rebelde director de cine por la del cantante. Pero aun en momentos en que parecía transitar otras emociones, Favio encontró la manera de conciliarse consigo mismo y resucitó su propósito de filmar la vida de Juan Moreira. Un proyecto que ciertos intereses más concretos fueron postergando, pero que “ni loco ni enfermo” pensó en abandonar. Ahora está próximo a concretarlo con la producción de Alejandro Romay. “Y yo pondré el talento”, exclama sin pruritos.

En este momento, sin embargo, estás filmando películas comerciales, ¿por qué?

Porque me las pagan bien. Por ésta cobré diez millones de pesos y por la próxima catorce.

¿Y con Juan Moreira también pensás ganar mucho dinero?

También, pero en este caso el dinero es secundario. Lo importante, para mí, será dirigirla. Lo demás es riesgo del productor.

¿Cuándo se estrena Simplemente una rosa?

En la primera semana de agosto. Todavía falta filmar algunas escenas que haremos en Chile.

¿Por qué en Chile?

Porque necesitamos grandes masas de público en la calle. Algo imposible de conseguir en la Argentina, donde las vedettes de mayor cartel apenas colman un teatro. “De allí las dificultades para que surjan nuevas figuras”, explica con el mate siempre en la mano y Carola a su lado. Quedaron atrás, al parecer, las estruendosas rupturas que periódicamente nutrían la crónica del periodismo de comidillas.

¿Hay estabilidad en tu vida afectiva?

Sí, creo que la hay. Pero a eso se llega, ¿sabés?

¿Sos disciplinado para trabajar?

No. Pero te recuerdo una frase de Prevert: “Busca la disciplina dentro de la libertad”.

¿Y para vivir?

Menos. Vivir no es una disciplina. Es una aventura.

¿Sos un tipo loco?

¿Un tipo loco? Dios quiera, si es como yo me lo imagino.

¿Sos intuitivo o intelectual?

Mirá, creo que las cosas tienen que venir bien batidas. La inteligencia que no alienta en el fondo una llamada de pasión, se marchita. Y la intuición tiene una lógica interna bien definida, aunque muchas veces no nos demos cuenta.

¿Te preocupan la gente, los problemas del país?

Me preocupan, me duelen. Escuchá: yo soy esa gente, yo también soy parte de este país.

¿Por qué no militás en política?

Porque no necesito militar. Yo estoy metido en mi país con sólo decir lo que pienso.

En un reciente reportaje publicado por la revista portorriqueña Teveguía, te manifestaste admirador del Che Guevara.

Eso es una infamia. Jamás hablé para esa revista. Además, yo soy un demócrata de corazón.

¿Estás de acuerdo con el enfoque del cine actual?

Yo conozco, por lo menos, veintisiete realizadores que tienen otros tantos enfoques. Y, aparte de que algunos me interesan más que otros, Tom y Jerry me siguen divirtiendo.

¿Te gustaría dirigir televisión?

Desde luego, pero el tiempo no me alcanza.

¿Temés los altibajos de la fortuna?

Como dijo un Kennedy: “Para el hombre no se hicieron los refugios seguros”.

¿Quién es Leonardo Favio, para vos?

Knov Smov Ka Pop.