Dorrego y el voto popular


Dorrego fue una de las tempranas y más resonantes víctimas del unitarismo en el país, que apenas intentaba dar los primeros pasos tras la ruptura colonial. Como tal, tuvo la confianza y apoyo de patriotas como San Martín y Belgrano, y el odio de los más intransigentes unitarios, como Juan Lavalle y José María Paz.

Nacido el 11 de junio de 1787, hijo de un comerciante portugués y quinto entre cinco hermanos, Manuel Críspulo Bernabé Dorrego estudió de joven en el Real Colegio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires). Con apenas 23 años, se encontraba estudiando leyes en Chile cuando lo sorprendió la avanzada del movimiento patriota. De inmediato se alistó en el Ejército y pronto obtuvo el grado de capitán. Su probado coraje le valió el extenso reconocimiento, pero también no pocas y leves marcas de guerra.

Colaboró con Belgrano en el norte contra los realistas, pero también con Alvear contra los ejércitos artiguistas y luego contra los primeros gobernadores federales de Santa Fe y no se privó de ser castigado por indisciplina por San Martín. Cuando solicitó participar del Ejército de los Andes, ya era visible su descontento con la orientación centralista y autoritaria del gobierno porteño, lo que le valió su exilio forzoso.

En Baltimore, Dorrego conoció a otros exiliados, como Pedro Agrelo, Domingo French y Manuel Moreno, de quienes probablemente haya tomado las ideas federalistas. A su vuelta a Buenos Aires, en 1820, no sólo le fueron devueltos sus cargos y sueldos atrasados, sino que se hizo cargo del gobierno provincial durante unos meses, en una época en que el promedio de cada gobernador difícilmente superaba algunos días. Tras perder la elección a manos del preferido por los hacendados, Martín Rodríguez, Dorrego volvió a exiliarse.

Nuevamente en Buenos Aires, elegido en la Junta de Representantes, fue también redactor del periódico El Argentino y luego de El Tribuno, desde donde atacó el centralismo reinante. Participó también del Congreso Constituyente de 1824 y defendió el voto de los sectores populares. Pero a mediados de 1827, tendría su desafío más grande: gobernar la provincia de Buenos Aires tras el fracaso rivadaviano, haciéndose cargo de las deudas y la guerra del gobierno central.

En este escenario, no tardó en tomar algunas medidas que ofendieron a militares y hacendados. Abolió por ejemplo la leva forzosa de los sectores populares y terminó con las especulaciones financieras. A poco más de un año de asumir, el 1º de diciembre de 1828, se conoció la sublevación del general Juan Lavalle. Dorrego se refugió en las afueras de la ciudad y una semana más tarde, el campo de batalla terminó con su resistencia.

Dorrego solicitó el destierro a los Estados Unidos, propuesta que no desagradaba a muchos a los líderes rebeldes y que reclamaron diplomáticos ingleses y franceses. Pero hombres como Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril empujaban en otra dirección, y Lavalle se encontraban entre ellos. El nuevo gobernador bonaerense ordenó la ejecución del líder federal al llegar al campamento, el 13 de diciembre de 1828.

En recuerdo del nacimiento del líder federal, reproducimos un fragmento de su resonante discurso en el debate del Congreso constituyente de 1826.

Fuente: Emilio Ravignani (selección y coordinación), Asambleas Constituyentes Argentinas 1813-1898, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, 1939, Tomo III, (sesión del 29 de septiembre de 1826).

“Bajo el sistema federal todas las ruedas ruedan a la par de la rueda grande. (…) Nuestra queja al gobierno peninsular, ¿cuál era? El que todo lo teníamos que llevar a Madrid; y yo pregunto, ¿bajo el sistema de unidad no será cierto que todo o la mayor parte habrá que traerlo a la capital? Así, pues, en la opinión del que habla, en las provincias, hoy representadas, hay elementos para establecer la forma de gobierno representativo, republicano, federal. El sistema federal puede hacer nuestra felicidad, tanto más, cuanto es un sistema más  análogo a los sentimientos de todos, porque está más en contacto con el pueblo. ¿Y cuál es la base del gobierno representativo? Véase qué piensa el mismo pueblo. (…) es mejor para el país, estrictamente hablando, aquel que sea la expresión del voto público, y que esté más en contacto con el pueblo, o para hacer su felicidad, o para conocer los males que sienten y poderlos remediar.”

 

 

Manuel Dorrego

Fuente: www.elhistoriador.com.ar