Deodoro Roca sobre el dictador José F. Uriburu


Nacido en Salta, el 20 de julio de 1868, en plena Guerra del Paraguay, miembro de una tradicional familia que lo emparentaba con algunos de los más ilustres generales de la Independencia, a los 17 años José Félix Uriburu ingresó como cadete en el Colegio Militar y al poco tiempo formó parte de la Logia de los 33 oficiales que forzó la renuncia de Miguel Juárez Celman hacia 1890.

Ya con el grado de teniente, fue enviado a los territorios de Formosa para encabezar obras de infraestructura, pero pronto debió regresar para transformarse en el edecán del nuevo presidente de la Nación, su tío, José Evaristo Uriburu, quien asumió en 1895 ante la renuncia de Luis Sáenz Peña.

Pero la experiencia que lo marcaría a fuego no le llegó sino hasta que le fue concedido el permiso para viajar a Alemania e incorporarse al Ejército del último emperador alemán, Guillermo II, donde comenzó a imbuirse de las fuertes ideas de un nacionalismo católico cada vez más intolerante y racista.

A su regreso al país, en 1905, escoltó al presidente Manuel Quintana y participó de la sofocación de la revolución radical de 1905. La dirección de la Escuela Superior de Guerra, un nuevo viaje a Alemania y su elección como Diputado Nacional por su provincia lo transformarían en una figura de relieve del régimen en decadencia, que en efecto llegó a su fin con el ascenso del yrigoyenismo en 1916.

Sin rumbo claro en sus afinidades partidarias (primero en la Unión Cívica, luego brevemente en el Partido Demócrata Progresista de Lisandro de la Torre), su carrera militar no tenía techo: fue miembro de la Comisión de Guerra del Congreso, vocal del Consejo de Guerra y Marina y miembro de la Secretaría de Ordenes e Instrucción del Estado Mayor.

Así las cosas, cuando Yrigoyen iniciaba su segunda presidencia, se le dio el retiro con el grado de teniente general, habiendo alcanzado la edad reglamentaria de 60 años. Ya decidido antirrepublicano, cuando los efectos de la crisis de 1929 comenzaban a ahogar al gobierno radical, aceptó ser la cabeza -alentado por filofascistas y por los nostálgicos del viejo orden oligárquico- del primer golpe de estado de una serie que no terminaría hasta la dictadura de 1976.

Con él comenzó “La Década Infame”. Expresión del ala más conservadora y reaccionaria del ejército que se mostró con la Legión Cívica Argentina, anuló las elecciones de 1931 que favorecieron a la UCR y permitió, aunque con disgusto, la candidatura del moderado general Agustín Pedro Justo. Por entonces, Uriburu se encontraba muy enfermo y fallecería en París, adonde había viajado para operarse de una úlcera gástrica. Murió el 29 de abril de 1932, con 63 años.

En el día de su fallecimiento, recordamos las palabras del ilustre dirigente reformista Deodoro Roca, poco después del golpe setembrino contra Yrigoyen.

Fuente: Deodoro Roca, El difícil tiempo nuevo, Buenos Aires, Editorial Lautaro, Buenos Aires, 1956, pág. 86.

La aventura de septiembre restablece, inesperadamente lo peor de la tradición militar del paísNos southamericaniza en el nefando sentido de la palabra. Claro que el Ejército, propiamente, no gobernará; pero no se podrá ya prescindir de él en nuestra vida política. Y se corromperá cada vez más. Y servirá –quién sabe hasta cuándo- para los peores menesteres. En vez de servir a los fines democráticos que justificaron su creación, en vez de ser una fuerza organizada para defender la integridad de la Patria y el afianzamiento de su libertad con los valores de civilidad y justicia que sólo ella puede asegurar, será –cada vez más- en lo exterior un peligro, y en lo interior un instrumento de opresión, amparo del privilegio y de la iniquidad.”

 

Deodoro Roca

Fuente: www.elhistoriador.com.ar