ISSN 1851-5843
 
EFEMÉRIDES
 
Prometeo Libros
 
Publicidad Histórica
Titulares Históricos
 
Tamaño del texto:  Achicar Texto Agrandar Texto Imprimir:  Imprimir
Rosas y Lavalle
 

Un día del mes de agosto de 1829 tuvo lugar una célebre entrevista entre los generales don Juan Manuel de Rosas y don Juan Lavalle.

La noche estaba oscura. El General Lavalle llamó a su ayudante, Capitán Estrada, y le ordenó que eligiera dos soldados de su mayor confianza. Montaron a caballo los cuatro hombres y se dirigieron en dirección al campamento del General Rosas.

A las dos leguas el enemigo les dio el alto, y un grupo de soldados de Rosas los rodeó.

-Soy el General Lavalle. Digan ustedes al oficial que los manda que se aproxime sin temor, pues estoy solo.

El Capitán Estrada y los dos soldados habían quedado atrás

-Ordene usted -dijo Lavalle al jefe de la fuerza enemiga- que un hombre vaya a avisarle a su jefe que aquí está el General Lavalle, y que necesita un baqueano que lo acompañe al campamento del General Rosas.

El oficial obedeció como si se tratara del propio Rosas.

Al rato apareció el jefe de la fuerza; echó pie a tierra y, con el sombrero en la mano, saludó al General Lavalle, quien también había desmontado.

Una hora y media después llegaban al campamento. En el silencio de la oscura noche de invierno, los gauchos de Rosas dormían tranquilamente.

Un oficial superior le salió al encuentro.

-Diga usted al General Rosas que el General Lavalle desea verlo al instante.

El oficial se conmovió de pies a cabeza, pero cuadrado y respetuoso pudo responder que el general no se encontraba en ese momento allí.

Lavalle pidió unos mates, y en silencio, sentado en un banquito bajo el alero de la casa, mientras era observado por los soldados de Rosas, los tomó. Al rato dijo al oficial que lo recibiera,

--Indíqueme usted el alojamiento del general.

Y al llegar a la pieza de Rosas, agregó:

-Bien, .puede usted retirarse; estoy bastante fatigado y tengo el sueño ligero.

Sin quitarse las espuelas ni las botas, se arrojó sobre el lecho, conciliando a poco un sueño profundo.

Cuando Rosas estuvo de regreso, el oficial de servicio en el vivac le dio cuenta que Lavalle estaba solo y durmiendo en su propio lecho, y aquél, a pesar de que sabía dominar sus impresiones, no pudo reprimir algo así como la tentativa de un sobresalto

Rosas se dirigió lentamente a su alojamiento y al entrar ordenó que dos jefes de su mayor confianza quedasen encargados de que no hubiera -ruido alguno mientras durmiese Lavalle, y de que cuando lo sintieran levantado le avisaran sin demora. Cuando recibió el mensaje, Rosas le envió un mate y el aviso de que iba a verle y a tener el gran placer de abrazarle.

Cuando los dos generales se encontraron se abrazaron enternecidos.

Josué Igarzabal, Reflejos del pasado.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
 
Radio
Escuche Rock & Pop en VIVO!
Lo Pasado, Pensado - Radio
TV
Vea Canal Siete (7) en VIVO!
Lo Pasado Pensado - TV
Colección LA HISTORIETA ARGENTINA, por Felipe Pigna
Güemes
Güemes
Adquiérala aquí!
Algo Habrán Hecho 2 en DVD!
CARAS Y CARETAS
Septiembre de 2008
Caras y Caretas
Adquiérala en su kiosco!
TEMATIKA
¡CSS Válido!
¡PHP!
  hosteado por elserver Diseño Web | ziruc