"Ese proyecto de venta de las Obras de Salubridad ha sido también un proyecto desgraciado… Yo aconsejé en contra, pero no me hicieron caso.
(…)
Si, a pesar de todo, el proyecto se convierte en ley, será una ley contraria a los intereses públicos en el sentir de la mayoría de la opinión de esa capital, tan esquilmada por las compañías de gas y otros servicios. A estar a las teorías de que los gobiernos no saben administrar, llegaríamos a la supresión de todo gobierno por inútil, y deberíamos poner bandera de remate a la Aduana, al Correo, al Telégrafo, a los Puertos, a las Oficinas de Renta, al Ejército, a todo lo que constituye el ejercicio y deberes del poder." |