“La nacionalidad argentina se está constituyendo como producto de causas distintas de las que determinaron la formación de las naciones orientales y europeas: otro es el medio y otra es la amalgama inicial.
La naturaleza, los elementos étnicos refundidos en nueva raza, los orígenes de su cultura, la evolución de los ideales directivos, todo lo que converge a caracterizar una mentalidad nacional, difiere en mucha parte de los modelos conocidos. Por eso la renovación de las ideas generales incesante en la humanidad, aunque distinta en cada punto del espacio o momento del tiempo, se operará entre nosotros con diversos ritmos y acentos que en las naciones formadas o dirigidas por tradiciones que no son las nuestras.
No implica ello que la Argentina carezca de tradición o cultura; significa que la existente es pequeña. Y si esto puede ser motivo para no envanecernos del pasado, como acostumbran sin esperanza de porvenir, bien podría serlo de regocijo si advirtiéramos que nuestra exigua tradición es de óptimo presagio para un mañana inminente. Nos faltan el ancla de las malas rutinas y el vicio teológico medieval, que pesan tanto como honran a las naciones que están por cerrar su ciclo en la historia humana; tenemos, nosotros, el pie ligero para encaminarnos hacia eras nuevas y ocupar un puesto de avanzada en la cultura humana, que los siglos renuevan sin descanso.
No tendremos el trabajo de olvidar que es lucha agotadora para los que viven del recuerdo. De la experiencia contemporánea tomaremos lo que sirva, todo lo que sirva…; lo que sea futuro, en el mundo de la experiencia y del ideal, podremos sembrarlo en nuestra virgen mentalidad argentina, libre de errores hereditarios que en nombre de ideales muertos nos impidan entregarnos a ideales vivos.” |