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Entrevista a José "Pepe" Mujica
(Tupamaro)

Autor: Lucho Soria. Brecha, Montevideo.

José "Pepe" Mujica, [legislador por el Frente Amplio al momento de realizar esta entrevista], junto con los principales dirigentes del MLN Tupamaros, sufrió por más de doce años su detención en cuarteles militares, sometidos a un régimen de destrucción que incluyó dos años en un pozo. A los 64 años, Mújica vindica toda su militancia, que tuvo una impronta campesina como él lo destaca, lo mismo que apostar a una lucha por una sociedad más justa y fraternal.

En otoño de 1984 usted recuperó la libertad. En el marco de la rigurosa incomunicación que sufrió, ¿cuales eran los síntomas de vida?
Formaba parte del grupo "los rehenes" que nos rotaban por las unidades militares y en una de ellas estuvimos cerca de dos años en un pozo subterráneo, sin movilidad. Aislados del mundo y de nuestros afectos. El síntoma más evidente de vida eran siete ranitas a las cuales las alimentaba con miguitas de pan. ¿Sabés que las hormigas gritan? Lo descubrí al ponerlas en el oído para entretenerme. Y, por qué no admitirlo, ciertos gestos solidarios de algunos soldados tocados ante la siniestra represión que se animaban a intercambiar un par de palabras o darnos una manzana, un huevo. Tuve siete años sin leer nada, salvo unos pedazos de diarios.

Me imagino su mirada cuando volvió a mirar la luz del día.
(Silencio). Para nosotros el sol fue saliendo de poquito y la primera vez, lo sentí hasta las lágrimas. En el interín para comunicarnos apelamos al morse. También con voces, estornudos, nos pasábamos señales de vida. El sueño nuestro cuando nos sacaban al baño era encontrar en vez de papel higiénico pedazos de diarios viejos para saber que pasaba afuera. El "Ñato" Fernández Huidobro les hacía dibujo de los jugadores de fútbol famosos y se los canjeaba a los guardias por yerba o tabaco; otros le escribían cartas de amor para las novias de los soldados. Formas de sobrevivencias... En los primeros tiempos durante meses estuvimos con las manos atadas en la espalda con alambres.

Sigamos con esta síntesis histórica. Una resistencia y una dignidad que se vio coronada cuando miles de uruguayos lo fueron a esperar a la puerta de la cárcel.
La pucha que fue tremendo. Fue un abrazo fraternal interminable con todos. Aunque no puedo dejar de señalar que nunca deje de ser libre. En todos los años anteriores percibí esa sensación porque descontaba que mis compañeros de cautiverio estaban en la misma porque los conocía, lo mismo que sabía que íbamos a seguir en la lucha. Puede sentirse como una monstruosidad, aparente, lo que voy a decirle... le doy gracias a la vida porque lo que he vivido, porque si no hubiera pasado esos años, de aprender el oficio de galopar para adentro para no volverme loco de pensar, me hubiera perdido lo mejor de mí mismo. Me obligaron a remover mi suelo y por eso me hice mucho más socialista que antes.

Uno de los tantos desafíos en la larga marcha.
El hombre no es él, el hombre es hijo de las peripecias, de las adversidades. Algunos tuvimos la suerte de que la vida nos apretara, pero no nos fulminara. Nos diera licencia para seguir viviendo y en alguna medida recoger la miel que pudimos cosechar en el marco de las amarguras. Si no, nunca hubiéramos fabricado esa miel... En ese sentido es que le dije que yo nunca estuve preso, porque no me pudieron derrotar, al igual que a los otros compañeros que no resignaron las ideas. Ellos triunfan cuando nos hacen bajar los brazos.

Por esos años, y por qué no decirlo ahora, persiste una polémica, no solamente en Uruguay sino en Argentina, Chile, entre otros países, sobre lucha armada y lucha democrática.
Piense que la cuestión por el poder se parece como el asalto a un cuartel de invierno. Y que ese asalto se puede dar obligatoriamente de acuerdo al contexto histórico con las armas en la mano o que se puede asaltar con el voto. Pero en el Palacio de Invierno no hay ningún poder, hay apenas un símbolo de poder y las cuestiones de método no merecen una polémica dado que los hechos son circunstanciales a la historia. Nos tenemos que preguntar en voz alta, ¿dónde está el poder de la sociedad que oprime? y ¿dónde eventualmente está el poder de la sociedad que intenta liberar? Estamos en el camino, recorriéndolo junto a la gente, como siempre. Aprendiendo cotidianamente las formas de lucha, sabiendo, tal vez, lo que no tenemos que hacer. La discusión, me parece, no es dónde se está, sino para qué se está. Atento, no es poca cosa... y en eso estamos, compañero y amigo, sin abdicaciones, como estarían los compañeros argentinos, chilenos y uruguayos que hoy no están físicamente con nosotros. Esta revista es una prueba de ello. Y me permito recomendarle mantener esta línea de no hacer historieta de lo que protagonizamos. Sino todo lo contrario.

A los lectores de la revista que no lo conocen, ¿cómo se presentaría?
Que "Pepe" Mujica es un veterano, un viejo que tiene unos cuantos años de cárcel, de tiros en el lomo, un tipo que se ha equivocado mucho, como su generación, medio terco, porfiado, y que trata hasta donde puede de ser coherente con lo que piensa, todos los días del año y todos los años de la vida. Y que se siente muy feliz, entre otras razones, por contribuir a representar humildemente a quienes no están, y deberían estar. Por ellos, estamos nosotros y están ustedes con la revista, entre tanta gente que no ha arriado las banderas. Yo discrepo con Bertolt Brecht porque no hay hombres imprescindibles, sino causas imprescindibles, caminos imprescindibles. La historia es una construcción tremendamente colectiva. Y en eso andamos, cada cual aporta su granito. Quienes no cultivan la memoria, no desafían al poder. Es una herramienta más para construir el futuro, que pese a quien le pese, es nuestro, porque no nos pudieron derrotar.

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar
 
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