Proclama de las Provincias del Río de la Plata a los portugueses americanos (1811)
 
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El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria , actual Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata , el primer gobierno patrio.

Era la culminación de un proceso largamente añorado por algunos precursores, precipitado por los acontecimientos de la Península ; pero era también el comienzo de un lento y zigzagueante camino hacia la independencia, que tardaría más de seis años en comenzar a tomar forma y varias décadas en hacerse realidad.

La situación de los revolucionarios de Mayo era delicada. A la lucha contra los partidarios de subordinarse al Consejo de Regencia, se sumaban las desavenencias internas y los desencuentros con los vecinos. Los realistas fortalecidos en Perú, Uruguay y Chile constituían una amenaza que obligaba a dispersar las fuerzas casi siempre exiguas. Además, debían también hacer frente a las ambiciones de Portugal, que no tardaría en aprovechar esta etapa de turbulencia para ocupar la Banda Oriental e incorporarla a sus dominios.

Reproducimos aquí una proclama del Río de la Plata a los portugueses americanos. Conscientes de la amenaza portuguesa, los patriotas de Mayo instaban a los portugueses americanos a seguir sus pasos y romper las cadenas que los ataban a sus antiguos opresores y concluían: “Si sois sensibles a la vergüenza o si juzgáis que os pertenece la vida, armaos de vuestro coraje… Romped de una vez esa atadura frágil. Donde el temor acabe empezará la rabia, y unidos a la América libre seréis con nosotros invencibles”.  

Fuente: Biblioteca Nacional, Proclamas, Revolución de Mayo, 1801-1850, 1811, sin datos de editor, en http://trapalanda.bn.gov.ar:8080/jspui/handle/123456789/3156. 

En nombre de la América os hablamos. Condenada por 300 años a la infamia, hemos sido sus hijos mirados con desprecio, vejados por la codicia, y encorvados bajo el yugo de los déspotas más intratables. La menor sospecha de infidelidad ha hecho correr arroyos de sangre; la inocencia, siempre sospechosa sino comparecía temblando, ha sido precipitada a los calabozos, y condenada a no ver la luz del día. Mientras que los reyes déspotas se entretenían con los ministros de sus placeres en la blandura, el fausto, y el desorden a costa de los copiosos tributos, con que nos esclavizaban, nosotros tratados como esclavos hemos sido la presa de la más vergonzosa miseria. Mil veces se les había advertido, que prefiriesen el bien público a sus perros, a sus caballos, a sus rufianes, pero todo inútilmente.

El despotismo como un fuego devorador ha quemado nuestros campos, y saqueado de las entrañas de la tierra el oro, y el diamante por medio de nuestro mismo trabajo. Los hombres temían engendrar hijos por no hacer infelices. Las naciones enteras se aniquilaron, y las Provincias quedaron reducidas a desiertos. Portugueses, ved aquel cuadro de nuestras miserias pasadas, y el de las que vosotros aún sufrís. Por un esfuerzo magnánimo rompimos ya nuestras cadenas; pero la calidad de hermanos nuestros nos hace sentir el peso de las vuestras. Si sois sensibles a la vergüenza, o si juzgáis, que os pertenece la vida, armaos de vuestro coraje, supuesto, que no tenéis, que esperar vuestros amos. ¿Podemos imaginarnos, que derramaréis vuestra sangre a favor de vuestros tiranos? Sólo el temor os detiene; pero ¿qué puede esta pasión sobre corazones magnánimos? Romped de una vez esa atadura frágil. Donde el temor acabe empezará la rabia, y unidos a la América libre seréis con nosotros invencibles. De lo contrario temed las maldiciones de la patria y de toda una posteridad.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar