Carta de Manuel Belgrano a Ignacio Álvarez Thomas
Rosario, 11 de abril de 1819.
Mi deseo es la conclusión de una guerra tan desastrosa para emplearme en acabar con los enemigos exteriores. Convengo en la proposición de que se retire este ejército a San Nicolás, y el auxiliar del Perú fuera de los límites de la jurisdicción de Santa Fe, con tal que las fuerzas de ésta y del entre Ríos se sitúen en la otra parte del Salado, mientras se concluye el tratado definitivo.
Debe prefijarse la época de reunión de los diputados para el 1º de mayo y no menos los días que deban emplearse en el tratado, convención, o como se le quiera llamar, para que pueda comunicarse a las provincias de la Unión, y se celebre entre las glorias de la América del Sud el 25 la de la concordia y fraternidad entre hermanos que para siempre abandonan sus riñas particulares para el bien de la gran familia.
Que debe celebrarse con el mayor anhelo la destrucción de una porción de reuniones que se han destinado al robo, saqueos y demás vicios, para que los caminos estén francos, y no menos las postas, a cuyos maestros debe atenderse y protegerse, pues de otro modo ni me será posible tener los auxilios para destruir y vencer a los españoles que sujetan a nuestros hermanos del interior, ni las comunicaciones llegarán con la prontitud que es tan preciosa, ni el comercio además podrá gozar, y el Estado perderá.
Que si se ama de veras la Unión, y se mira por la causa, estamos decididos a morir antes que perder nuestra libertad e independencia, que hemos jurado, de la España, se me debe auxiliar para mis marchas, y no menos a perseguir los desertores que hubiere, con destino a que no se pierda la fuerza que ha de atacar al enemigo común.
Que para que esté seguro para ambas partes el armisticio, y no haya un motivo de guerra por el contacto de hombres de ánimos resentidos, soy de opinión que el destacamento de Santa Fe destinado al Arroyo del Medio permanezca en este pueblo como el de las Provincias Unidas en San Nicolás, y el auxiliar del Perú fuera de la jurisdicción de dicha ciudad de Santa Fe, habiendo franca comunicación entre los jefes, para que se conserve la amistad, se ayuden unos a otros, y corten todas diferencias que puedan traer un rompimiento.
Que cese todo acto hostil en el Entre Ríos, y que se impondrá al supremo gobierno de la necesidad de separar todo motivo de guerra civil, que sólo nos trae la destrucción del país, debilitándonos para oponernos a las insidias y guerras de los españoles y portugueses, o cualquiera otra nación que la intentase.
Que convido a los que quisieran ayudarme a ir a combatir los enemigos exteriores que nos amenazan por el Perú, apoyados de esta cruel y sanguinaria guerra que lloraremos cuando se hayan abierto los ojos, y se vean los males de la desolación que ha causado.
Que si quieren los señores Vulny y Urtubey y algunos otros militares ir en mi campaña contra los tiranos españoles, los recibiré a brazos abiertos, sin dudar de que sus esfuerzos a que los han conducido las teorías, serán de todo provecho dirigidos a beneficio de la libertad de nuestro suelo.
En fin, séllese el principio de una unión duradera, y hagamos con ella la gloria de América del Sud, para que entre al rango de nación, y sea respetada por cuantos existen en el globo; que no nos acordemos más de nuestras diferencias anteriores sino para soldar más y más la amistad y fraternidad tan deseada y anhelada por los buenos. |