Un ciudadano inglés aconseja la ocupación de las Islas Malvinas
 
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Acercándose el final de la guerra independentista en el territorio de las nuevas provincias unidas, el 6 de noviembre de 1820, el recién asumido gobierno bonaerense de Martín Rodríguez tomó posesión de las Islas Malvinas. Casi nueve años más tarde, el 10 de junio de 1829, exactamente 59 años después de que el gobernador español ordenara el desalojo de los invasores británicos de las Islas Malvinas, la gobernación organizó por decreto su comandancia militar.

La decisión establecía que tanto las Malvinas como las islas adyacentes al Cabo de Hornos serían regidas por un comandante político y militar, que haría observar en las islas las leyes de la República. El gobernador fue Luis Vernet, un comerciante nacido en Hamburgo que partió con una veintena de colonos ingleses y alemanes, y un derecho para usufructuar el ganado de las islas, otorgado por una vieja deuda.

La caza de ballenas era la actividad central y en torno al derecho de su práctica, en 1831, surgió un conflicto militar con Estados Unidos, que negaba a las Provincias Unidas el derecho a reglamentar dicha pesca. Intromisión de la diplomacia británica de por medio, la marina estadounidense invadió las islas.

En septiembre de 1832, zarpó desde Buenos Aires el buque de guerra Sarandí, al mando de José María Pinedo. Llevaba al nuevo gobernador interino, sargento mayor de artillería Esteban Mestivier y las órdenes de restablecer el orden. Llegaron a las islas el 1º octubre 1832 y cumplieron su misión, pero sólo temporalmente. Apenas algunos meses más tarde, el 2 de enero 1833, una fragata inglesa ocupó las islas. Desde entonces, el país reclama su soberanía por los carriles de la negociación, exceptuando la guerra de 1982.

Reproducimos a continuación una carta enviada al futuro primer ministro de Gran Bretaña, Robert Peel, por un ciudadano inglés llamado Beckington, quien en 1829 aconsejaba la ocupación de un punto tan estratégico como Islas Malvinas destacando que “sería en realidad como guardar el Mar del Sur y aún la circunnavegación del mundo bajo llave” y llamaba la atención sobre el escaso poder que tenían las jóvenes repúblicas para oponerse a esa acción.

El 16 de julio de 1829, la carta sería remitida por Robert Peel a Lord Aberdeen, también futuro primer ministro de Gran Bretaña.

Fuente: Ricardo R. Caillet-Bois, Las Islas Malvinas, una tierra argentina, Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación, Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1952, pág. 420-421.

Traducción de una carta escrita por el señor Beckington al señor Roberto Peel incitándolo a estudiar el proyecto de ocupar o las Islas Malvinas o un punto de la Patagonia o Tierra del Fuego, posesión que les proporcionaría la llave de la navegación hacia el Pacífico y una base estratégica

Londres, 11 de julio de 1829

Señor:

Habiéndole dirigido dos cartas a usted, una en 1827 sobre la política de fundar establecimientos coloniales en el oeste de Australia, y otra hace algunas semanas sobre lo que representaría su producción de materias primas, me atrevo de nuevo a sugerírselo porque aunque ello no está íntegramente dentro de la esfera de su Departamento, es un tema que puede ser digno de consideración y puede ayudar a los intereses de este país.

Usted sabe bien que mediante las estaciones, fortificaciones o puertos como Heligoland, Gibraltar, Malta, Cabo de Buena Esperanza, Bermuda, etc., Inglaterra domina las costas o entradas del Báltico, Mediterráneo, Levante, Océano Índico, etc.

Usted no puede menos de saber que hace muchísimos años Inglaterra estableció una colonia en las Islas Falkland; pero este establecimiento molestó a España y en consecuencia Inglaterra abandonó dicho lugar.

No puede usted desconocer que en un pequeño lapso varias repúblicas se formaron en lo que en un tiempo eran territorios españoles, bordeando el Pacífico, etc., con cuyos estados este país mantiene un comercio considerable. Por consiguiente qué interés tiene España en objetar a ello, o qué poder tienen las jóvenes repúblicas para oponerse o qué derechos tienen los Estados Unidos de Norte América para quejarse (han establecido una base similar en Lampedoca casi al alcance de los cañones de Malta) si Inglaterra erige de nuevo un nuevo depósito o establecimiento marítimo en la entrada o cerca del Mar del Sur.

La estabilidad del poder de la Gran Bretaña reside en su comercio y usted debe saber que muchas de las autoridades de los Estados Unidos de Norte América desean ardientemente estar en guerra con este país y esperan con impaciencia la hora de algún daño o trastorno nuestro para lanzar sobre el océano sus numerosos corsarios; cuando de semejante absolonismo y adhesión hemisférica, sus naves mercantes y de corso públicamente o en privado se encontrarán con toda clase de ayuda o mercado para sus capturas en los puertos de esas nuevas repúblicas.

Ahora le sugeriré que en la plenitud del poder y en la de paz, el gobierno tan pronto como fuese conveniente tomase posesión de algún puerto con el modesto título de depósito de pesquería de Ballenas del Sur y cuya entrada –de ser posible- estuviera defendida contra la intrusión de una fuerza moderadamente fuerte y el cual pudiera, gradualmente, convertirse en una pequeña Gibraltar del Sur: ya en las Malvinas, ya en la parte Sud del Continente o en la misma Tierra del Fuego. Un puerto en esta situación podría quizás estar guarnecido en parte, por un destacamento procedente de algún regimiento castigado; y, en la estación de verano en tiempo de guerra ser el lugar de cita de unos cuantos buques de guerra capacitados para impedir el acceso o salida de buques mercantes y de corso de los Estados Unidos de Norte América u otros en los mares del Sur, sería en realidad como guardar el Mar del Sur y aún la circunnavegación del mundo bajo llave y no estaría distante el día en que estas repúblicas le tuviesen miedo. Sería útil como depósito de pesca de ballenas del Sud y punto de escala para buques en la muy a menudo peligrosa travesía entre Río de Janeiro y Baldwin y otros puertos hacia el Norte.

Creo, señor, que estas nuevas repúblicas son poco más que pasivas en su comercio. Pero usted ha oído mencionar Congresos Americanos en que los Estados Unidos de Norte América debían ser parte; quizás no esté distante el día en que los Estados Americanos se unan mediante una especie de Alianza Federal cuya política puede ser inamistosa para con los intereses de este país.

Un establecimiento de esta naturaleza al cortar sus comunicaciones convertía la política de tal alianza en algo sin importancia.

Yo conozco lo que es la envidia entre los estados, pero los Estados Unidos de Norte América han dado el ejemplo pues por la fuerza tan tomado posesión de la Florida de los españoles, siendo ésta la parte más meridional de los Estados Unidos de Norte America en el Atlántico y con ello han obtenido uno de los pasos hacia las Antillas. Por lo tanto no podrán quejarse que Inglaterra se posesionare de un puesto solitario en la zona más meridional de los territorios que pertenecían a España en la América del Sur y que limita el Atlántico en región no habitada por españoles.

Si esos establecimientos que ha sugerido pueden ser considerados como inútiles o gravosos, o como teorías visionarias, o pueden ser puestos en práctica, es algo que lo dejo librado a su criterio.

Soy, señor, su obediente servidor
Beckington

Remitida a Lord Aberdeen por Mr. Peel con sus saludos.
16 de julio de 1829.

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar