El poema de la Vuelta de Obligado, por Carlos Obligado
 
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Desde hacía varios años, los conflictos diplomáticos entre Francia, Inglaterra y Buenos Aires estaban a la orden del día. En octubre de 1840, el país galo y el gobierno de Juan Manuel de Rosas llegaban a un acuerdo, que pronto volvería a romperse, en parte por la inestabilidad producto de la guerra con el Uruguay de Fructuoso Rivera, involucrándose esta vez también las fuerzas italianas y brasileñas. 

Con las negociaciones estancadas y el ultimátum dado a Rosas para que pusiera fin a la guerra con Uruguay y diera la libre navegación de los ríos, comenzó el bloqueo anglo-francés y la posterior expedición por el río Paraná. Era noviembre de 1845. Rosas dispuso que se cortara el paso a las naves extranjeras y, dando cumplimiento a la orden, el 20 de aquel mes, Lucio N. Mansilla preparó el escenario. 

La batalla tuvo lugar en la Vuelta de Obligado del Río Paraná, entre las actuales ciudades bonaerenses de Ramallo y San Pedro. Al intentar avanzar varios buques de guerra y mercantes europeos, las fuerzas argentinas, que habían tendido gruesas cadenas a lo ancho del río, procedieron al ataque. Aunque las bajas de las tropas nacionales fueron diez veces mayores y los agresores lograron avanzar, fue vano su intento de vender las mercaderías y recibieron nuevas embestidas río arriba. El saldo final fue frustrante para los europeos. Los tratados de paz recién se alcanzarían en 1849 y 1850. 

Aquella jornada, recordada desde entonces como un acto de defensa de la integridad territorial, fue declarada Día de la Soberanía Nacional por Ley 20.770 de septiembre de 1974. En noviembre de 2010, se la convirtió en feriado nacional. La recordamos con el poema que le dedicara el escritor argentino Carlos Obligado, allá por los años 40.  Quien fuera, en la década de 1930, director del Instituto de Literatura Argentina y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y en los posteriores años peronistas, antes de fallecer, director de las Bibliotecas Populares, escribió el poema que aquí transcribimos, donde sin medias tintas expresa: “¡Vergüenza al argentino que no estuvo, en su hora, con el “tirano” criollo frente al gringo pirata!”

Fuente: Carlos Obligado, El poema de la Vuelta de Obligado, Buenos Aires, El Ateneo, 1949, págs. 72-73.

Campo de gloria

Allá al fin de la Vuelta, donde ya por vez última
Refleja el Paraná campesinas barrancas,
Gira en hondos remansos, y sesgado al oriente,
Por el dédalo isleño se desliza hacia el Plata,
Viejo campo de gloria la heredad solariega
Tiende en prados y bosques y tersura de aguas,
Donde, pronto hará un siglo, combatientes heroicos
Defendieron la Vía primordial de la patria.

Si en defensa del paso, baterías ligeras
Tuvo el jefe argentino que oponer a la escuadra,
No apocó a sus valientes esa lucha imposible
Del cañón de marina y el cañón de campaña.
Y alza aquí su baluarte, cierra ahí nuestro río
Con la triple cadena de su puente de barcas,
Y contiene a las naves con tormenta de fuego
Mientras queda un soldado, y un cañón, y una bala…

¡Pasa, quilla extranjera: será breve tu orgullo!
Del arrojo tremendo, del martirio sin tacha,
Diga sólo la Historia. “Fueron mil defensores,
Y quinientos, aquí, para siempre descansan”…
¿Qué importa que los héroes arbolaran tu insignia,
Roja Federación que ese día eras santa?
¡Vergüenza al argentino que no estuvo, en su hora,
Con el “tirano” criollo frente al gringo pirata!

Hoy, pacíficas naves van por ti, río inmenso,
Y apoyáis altos muelles, nemorosas barrancas,
Que a colmar las bodegas, para el hambre del mundo,
Desde aquel llano fértil al canal se adelantan.
Nada es eco de antaños, ni recuerda que un día
Fueran campo de horror estos campos de gracia.
Sólo, acaso, el labriego, su azadón virgiliano
Mella en huesos antiguos y en herrumbre de armas.

Ni más piden los bravos, su laurel ya ceñido,
Pues cayeron en pro de la tierra sagrada,
Y hoy, llamada a respeto, sabe la ávida Europa
Que no es cosa de nadie nuestra próvida Pampa.
Mas, la Patria no olvide que allanó a su bandera,
Con derrota fecunda, la victoria cercana,
Esa hueste indomable que luchó en Obligado
Y que duerme a la sombra de una cruz solitaria…

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar