btnEste documento pertenece al período: Ascenso y auge del peronismo (1943-1955)
 
Agrandar Texto
Achicar Texto
Discurso de J. D. Perón en el Día del Trabajador - Plaza de Mayo (1954)
1º de Mayo de 1954 - Discurso de Juan Domingo Perón

Compañeras y compañeros:

Deseo que mis primeras palabras sean para agradecer, en nombre y en recuerdo de EVA PERON, las amables palabras del Secretario de la Confederación General del Trabajo. No pasará en mi vida, probablemente, ningún 1° de Mayo sin que yo dirija mi recuerdo a esa inolvidable mujer, porque ella fue la amiga sincera y la defensora de los trabajadores en todas las horas de su vida, desde sus luchas en la Secretaria de Trabajo hasta el postrer momento de su vida cuando ella, que tenia fe en mí y conocía mi vocación, murió diciéndome que no abandonase jamás a los trabajadores.

En este 1º de Mayo de 1954 deseo también tener un recuerdo que debe ser imborrable para los trabajadores argentinos. Los trabajadores del mundo entero recuerdan hoy en todos los lugares de la tierra el crimen de Chicago. Nosotros, los trabajadores argentinos, debemos recordar el crimen cometido hace un año, en esta propia plaza, por las bombas radicales. Para esos compañeros pido un minuto de silencio, durante el cual los iré nombrando a cada uno de ellos, para que todos los 1° de Mayo recordemos a nuestros mártires inocentes, sacrificados por la ignominiosa traición de los políticos.

Mario Pérez, Salvador Manes, León David Roumieux, Osvaldo Mouche, Santa Festiggiatta, José Couto.

Compañeros: Ia justicia que todos los hombres de un pueblo llevan en su corazón ha de hablar, con la ecuanimidad de sus recuerdos solidarios, de estas acciones inconsultas, producto de la desesperación de los hombres impotentes, para aconsejarles que cambien de métodos, porque el asesinato no ha sido jamás remedio para ninguna situación cívica.

Deseo desde este lugar y en este 1º de Mayo, agradecer a todos los trabajadores de la Patria la confianza que han puesto en el gobierno el 25 de abril próximo pasado.

Nosotros, que no somos políticos sino dirigentes de un pueblo en marcha, que no hemos hecho una profesión de esa dirección que ejercemos, que somos los ciudadanos que por voluntad de los demás ciudadanos ejercemos el gobierno de la República, sabemos bien que ese pueblo humilde, que es el que elabora la grandeza de la Patria en todas sus latitudes, tiene la inteligencia y la comprensión superior que tienen todos los pueblos, y sabemos que cuando ellos ponen su confianza en nosotros, es el índice que advierte a nuestra propia conciencia para tener confianza en nosotros mismos.

Por eso, compañeros, he hablado hoy a la mañana de organización y de doctrina. El cuerpo institucional de la República y el cuerpo cívico del pueblo necesita tener, como todas las cosas de la vida, un cuerpo y un alma. El cuerpo lo constituyen las organizaciones de la Nación, que son las organizaciones del gobierno, las organizaciones del Estado y las organizaciones del pueblo. Por esa razón, es necesario que todos los trabajadores argentinos sean, permanentemente, difusores de nuestra doctrina. Que sean ellos los millones de verdaderos predicadores que la Patria necesita para elaborar su triunfo final.

En este 1º de Mayo, en que deseamos con todas las fuerzas de nuestro espíritu afirmar la doctrina justicialista, yo pido a todos los trabajadores argentinos, en nombre de la felicidad de nuestro pueblo, que se conviertan en predicadores de la doctrina justicialista y que nunca olviden que al predicar esa doctrina llevamos en alta nuestras tres inmarcesibles banderas: la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía de la Patria. No olviden jamás que todas las prédicas doctrinarias, por grandes que sean, si no están consolidando la justicia social de nuestro pueblo, si no están afirmando la independencia económica de nuestra Patria y si no están defendiendo la soberanía de la Nación, caerán en el vacío. Cuando nosotros enastamos al frente de nuestro pueblo esas tres banderas, sabíamos que la suprema aspiración del pueblo argentino era consolidar definitivamente -en un pueblo enmarcado en sus propios dirigentes y persuadido de la necesidad de luchar por su grandeza-, las banderas que asegurasen la Justicia, la Libertad y la Soberanía.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar