La crisis política del Ejercito Argentino
 
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Fuente: Comando Tecnológico Peronista (C.T.P) en Primera Plana N° 485, 16 de mayo de 1972.

“Pienso que, así como no nace el hombre que escapa a su destino, no debiera nacer quien no tenga una causa noble por la cual luchar, para justificar su paso por la vida. Muchos grandes hombres pasan inadvertidamente por su existencia porque han carecido de esa causa y muchos hombres comunes llegan a sobresalir como verdaderos héroes porque la tuvieron. San Martín fue grande porque fue el hombre de una causa: la independencia de su Patria, y Napoleón, si no hubiera sido por la Revolución Francesa y su empeño en servirla, hubiera muerto como capitán de Artillería retirado.” (General Perón – Carta a un oficial, del 5 de noviembre de 1970)

A – Antecedentes históricos

1.- Desde el momento en que la guerra es la continuación de la política por medios militares, toda concepción general de un Estado determina una concepción particular del Ejército correspondiente.

2.- Ese origen político del Ejército no sólo lo enmarca en un contexto socioeconómico, sino también lo caracteriza específicamente, señalándole aliados, enemigos, hipótesis de conflictos, organización, despliegue territorial, doctrina de guerra y mentalidad.

3.- Nuestro país, en su desarrollo institucional, ha pasado por diversas etapas jurídicas del Estado y del Ejército, y así tuvimos diferentes tipos de Ejército y dentro de cada uno de ellos, distintas líneas con referencia a la cuestión nacional.

  1. El Ejército Libertador (1810 a 1830). Es el Ejército con que San Martín culminará en Guayaquil la gesta de nuestra primera independencia. Pero también es el que con Lavalle –después de la guerra contra el imperio del Brasil- desatará el período de la primera anarquía.
  2. El Ejército Federal (1830 a 1860). Es el Ejército con que Rosas y los heroicos caudillos del interior harán la guerra de resistencia contra la penetración imperialista de Francia e Inglaterra. Pero es también el que con Urquiza servirá finalmente a la política de las metrópolis de ultramar.
  3. El Ejército Central (1860 a 1900). Es el Ejército con que Mitre y Roca unificarán al país, venciendo las últimas reservas provinciales, para ponerlo así en bloque al servicio de intereses británicos. Pero es también el que con Riccheri y al entrar en contradicción con las fuerzas sociales representadas por el radicalismo, echará las bases para la organización del Ejército actual.
  4. El Ejército Profesional (desde 1900). Es el Ejército que posibilita la asunción de Yrigoyen y del que surge Perón. Pero es también el de Justo y Aramburu; el que hoy institucionaliza con violencia un segundo período de anarquía, cambiando a discreción los Gobiernos con el trasfondo de una lucha palaciega y facciosa.

4.- Por todo ello, la transformación estructural del Ejército Argentino no se plantea hoy –en que todo un sistema agoniza-, ni por primera vez, ni como algo desconectado de una realidad histórica.

5.- Una revolución nacional y social es un hecho total y colectivo. Nada ni nadie le asumirá sin hacer su propia revolución interna y mucho menos el Ejército, que –según se sabe- es el instrumento final con que se ejecuta toda una práctica política.

B – Una sociedad en crisis es una sociedad militarizada

6.- Una sociedad en crisis se militariza. El deterioro de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales que la vertebran revierte el proceso de institucionalización que ayer fue construido desde la fuerza hasta el derecho. Hoy el derecho cede paso a la fuerza ya que, obviamente, un país en crisis es siempre un país en guerra.

7.- Más allá de la anécdota, éste es el sentido objetivo de la instauración del golpe militar como hecho político y de la concentración de los poderes constituyente, electoral, ejecutivo y legislativo en manos del Ejército.

8.- Porque una sociedad en crisis es también una sociedad unitaria, donde nada debe escapar al control central, ya que no quedan márgenes de maniobra para simulaciones “democráticas”.

9.- Así se incluye en la cúspide hasta el poder judicial (para los casos de “emergencia”) y se ejerce hasta el poder de conciencia (que se suma a las facultades extraordinarias de los servicios de “inteligencia”).

C – Significado histórico-político del golpe militar

10.- Las Fuerzas Armadas han influido siempre el proceso político del país, cuanto menos en forma potencial o sea como factor básico de poder y especialmente dentro de la concepción liberal, donde, por su especial conformación, el Ejército constituye de hecho un Estado dentro del Estado.

11.- Por consiguiente el golpe ha sido una metodología constante a partir del 25 de Mayo de 1810, fecha en que se pronuncia políticamente y en forma “salvadora”, el Ejército nacido militarmente al calor de la lucha popular contra las Invasiones Inglesas.

12.- Es por ello que una conclusión sobre el significado histórico-político del golpe militar en la Argentina se debe realizar en dos partes principales, a saber:

  1. Un análisis cuantitativo, a los efectos de determinar la frecuencia de la crisis político-militar y la secuela de reformas introducidas en la estructura del poder.
  2. Un análisis cualitativo, a fin de prever la transformación estructural del Ejército, o sea su nueva concepción política.

D – Frecuencia del golpe militar

13.- Una cosa que llama la atención hasta del observador más indiferente es el notable aumento de la frecuencia con que se han dado los actos de fuerza que quebraron la normalidad jurídico-institucional del Estado, aun cuando ésta no fuese –en muchos casos- nada más que formal.

14.- En efecto, si vemos los hechos que implicaron concretamente el relevo del titular del Poder Ejecutivo Nacional (con exclusión de experiencias fugaces) y a partir de 1916 (año en que al asumir el primer Presidente elegido sin fraude, se daba por inaugurada una nueva República), tales períodos se han reducido progresivamente según la siguiente escala:

  1. Hasta 1930 (caída de Yrigoyen): 14 años.
  2. Hasta 1943 (caída de Castillo): 13 años.
  3. Hasta 1955 (caída de Perón): 12 años.
  4. Hasta 1962 (caída de Frondizi): 7 años.
  5. Hasta 1966 (caída de Illia): 4 años.
  6. Hasta 1970 (caída de Onganía): 4 años.
  7. Hasta 1971 (caída de Levingston): menos de un año.

15.- En principio, es sumamente sugerente la tendencia a la aceleración de la crisis, especialmente a partir del derrocamiento de Perón –último mandatario de sufragio libre-, ya que ocho jefes de Estado (Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston, Lanusse) apenas alcanzan el promedio de dos años cada uno.

16.- Y no hay que soslayar esta conclusión, numérica, máxime cuando es sabido que un gran aumento cuantitativo es siempre preanuncio de un salto de calidad en el desarrollo del proceso histórico.

E – Clave de las reformas en la estructura del poder

17.- Un Estado Militar político-policial usado en reemplazo de un Estado partidocrático demoliberal, cuesta mucho. En él se gasta hasta la propia fuerza militar –última razón y última fuerza-, que, empeñada, sin intermediarios, en la acción política, termina por alojar inexorablemente la conmoción social en su propio seno, cada vez más rápido y con mayor virulencia.

18.- Es esta cotidianeidad de la crisis lo que explica las últimas reformas orgánicas, que se han introducido en el esquema del poder político militar y que pasaron desapercibidas para muchos observadores, en medio de una gran concentración de poder político en manos de la dictadura militar.

19.- La primera reforma fue la supresión total del cargo de secretario de Guerra. Efectivamente, a partir de la asunción de Onganía se anuló este puesto, cuya función tradicional era obrar de puente entre el poder militar (del Comando en Jefe) y el poder civil (del presidente de la Nación). La gran cantidad de planteos a que dio origen –recuérdese como ejemplo los años de Frondizi- hizo necesaria esta modificación.

20.- La última es la supresión de hecho del cargo de presidente de la Nación. A partir de la asunción de Lanusse –quien lo hace como presidente de la Junta de Comandantes- se eliminó prácticamente el escalón presidencial, que en su última versión (Levingston) era la mediación colocada por las FF.AA. ante el país, o sea entre ellas y los problemas públicos.

21.- Eliminados estos fusibles con la finalidad de superar una situación de cortocircuito permanente, en realidad, lo que se ha hecho –dialécticamente- es poner en trance de quemar ahora a toda la instalación en su conjunto y con ella hasta los enseres más valiosos.

22.- Consecuentemente, toda crisis se hará sentir hoy –que no hay presidente ni ministro- a nivel de los comandos subordinados, lo cual significará quebrar profundamente la tan mentada “verticalidad de los mandos”, principio que en parte se habría salvado en los tres últimos relevos presidenciales, hechos –increíblemente- sin disparar un solo tiro. Ni siquiera del regimiento escolta presidencial.

F – El punto de referencia de la situación actual

23.- 1955 sigue siendo el punto de referencia para entender la situación actual del Ejército, pues en ese año se pasaron a retiro una gran cantidad de oficiales peronistas, purga complementada en 1956, con motivo del pronunciamiento encabezado por el general Valle.

24.- Debido a ello la casi totalidad de los oficiales recibidos con anterioridad a esa fecha y que forman hoy los cuadros activos en las jerarquías de mayor a general, se consideran a sí mismos protagonistas y coautores de la situación política actual.

25.- En sentido inverso, los oficiales que se recibieron después de 1955 no se sienten –al menos en su fuero íntimo- como responsables del estado lamentable en que se encuentra el país.

26.- Actualmente esas promociones, que van desde el grado de subteniente hasta el de capitán (sin pecar de esquematismo), unen al factor juventud, siempre más sensible a las conmociones económico-sociales, la circunstancia político-militar que representa el no haber participado personalmente de la contrarrevolución oligárquico-liberal.

G – Los últimos episodios internos

27.- En 1963, luego de los enfrentamientos entre azules y colorados, Onganía produjo una importante purga en las filas del Ejército, hecho que le permitió llegar con una fuerza militar “cohesionada” hasta 1969.

28.- A partir de ese año, que junto con la existencia de una gran crisis general económica y social marca la aparición casi simultánea de las grandes rebeliones populares, como las de Córdoba y Rosario, y de las primeras formas de la guerrilla urbana, las fisuras internas en el Ejército recrudecieron con extrema violencia, siendo suficiente recordar para confirmar esta circunstancia los siguientes hechos:

  1. Los dos intentos golpistas del general Labanca.
  2. El caso de los tenientes del Colegio Militar.
  3. Los incidentes producidos por un grupo de oficiales “nacionalistas” en el Regimiento de Infantería de La Plata.
  4. El relevo de los siete coroneles “desarrollistas”.
  5. Los arrestos de los generales Cándido López y Guglialmelli.
  6. Finalmente, el golpe del 8 de octubre en Azul y Olavarría, que al menos tuvo el “mérito” de haber sacado las tropas a la calle.

29.- Aunque ideológicamente, estos intentos expresan distintas concepciones, políticamente señalan un mismo hecho: la crisis del Ejército liberal y profesionalista, crisis que, aun con sus propias características –un tanto disimuladas- y aun con su propio ritmo –un tanto retrasado-, seguirá el mismo desarrollo que los otros campos de la sociedad argentina.

30.- El ciclo es irreversible. Después de 1955 se quebraron las bases económicas de nuestra sociedad por el regreso a la dependencia neocolonial. Se quebraron, en consecuencia, los compartimentos sociales, cuyo ejemplo más notorio lo constituye la nacionalización y peronización progresiva de la clase media y de los sectores intelectuales y profesionales que hasta entonces habían servido a la oligarquía. Ahora, en la culminación del proceso, le toca el turno definitivo al Ejército.

31.- En ese sentido puede afirmarse sin temor a error que el frustrado golpe del 8 de octubre ha sido engañosamente calificado de “fascista”, tanto por el gobierno como por la partidocracia y la izquierda liberal.

32.- Este rápido etiquetamiento sobre modelos extraños a nuestra realidad impide reconocer las verdaderas contradicciones que operan en el seno del Ejército y muy especialmente la existencia de una tendencia embrionariamente revolucionaria, que se da entre los oficiales subalternos.

H – Los golpes posibles

33.- La aceleración de la crisis del poder político y la identificación total de éste con el poder militar, ya sin simulaciones ni intermediarios, otorga fundamento objetivo al cúmulo de versiones que dan como inminente un nuevo golpe militar. Aunque el tiempo transcurre más lentamente para la historia, tal inminencia es siempre posible.

34.- Efectivamente, la acumulación de errores de arrastre dejan chicas a todas las reformas parciales realizadas para subsistir y marcan la necesidad de un cambio profundo, hecho temido por la superioridad, pues puede implicar literalmente la “devaluación” política del grado de general.

35.- Dicho de otro modo, el Ejército, última reserva del sistema, al ser utilizado como partido político armado, está siendo desgastado por la crisis general política, económica y social, lo que agudiza las diferencias entre las líneas interiores que evidentemente se verifican en su seno.

36.- La agudización de la actual situación lo podría arrastrar a cualquiera de estos nuevos y posibles golpes:

Variantes continuistas

·  Con Lanusse (Proscripción de Perón).

·  Sin Lanusse (Golpe ultraliberal).

Sin embargo, la situación mundial del imperialismo, la situación continental y la crisis argentina, así como el estado de conciencia del pueblo (especialmente del MNJ) hacen incierta, si no la posibilidad de una variante continuista, al menos su consolidación.

Variantes “Populista” o “Nacionalista”

·  Con promesa de Elecciones (en 1972)

·  Sin promesa de Elecciones (“Revolución Nacional”).

En tanto esta variante intenta, fundamentalmente, “salvar el honor del Ejército” deteriorado por el incumplimiento de los objetivos revolucionarios (“REVOLUCIÓN ARGENTINA”) o los objetivos de institucionalización sin proscripción señalados por el liberalismo (GAN), el golpe se plantea centrado en la situación política del Ejército y no en la situación política del país. De allí que los componentes de esta posibilidad sean políticamente heterogéneos y sólo unificados por bases mínimas de nacionalismo y apertura popular, que sirven de excusa para enfrentar al enemigo interno (sector liberal) y no para conseguir un consenso verdaderamente nacional y popular. (Perón y el Peronismo.)

Asimismo, es correcto señalar que esta variante implicaría la lucha directa entre dos fracciones del Ejército –al modo de azules y colorados- y es fácil predecir que tal lucha podría alcanzar un contenido inédito al darse en un contexto popular que, por su mayor grado de organización y movilización, es distinto al de los años 1962/3.

I – El antigolpe

37.- Entre la posiciones liberal o “nacionalista”, que con sus respectivos matices metodológicos explicitarían las ideologías dominantes a nivel de oficiales superiores, se debe reconocer una “tercera posición”, representada por la proclividad en el seno de la oficialidad joven para entender y comprender el proceso profundamente nacional y liberador de la Revolución Justicialista.

38.- Precisamente, del desarrollo cualitativo y cuantitativo de este sector de oficiales, ubicados de hecho en la retaguardia del poder militar y en la línea álgida de su reserva generacional, dependerá que se produzcan meros golpes, o que, por el contrario, se cuente con una fuerza objetivamente aliada para un proceso revolucionario de restitución de la soberanía popular por cualquier vía (cruenta o incruenta).

39.- Por supuesto que tal favorable posibilidad depende del desarrollo de la conciencia política de dichos oficiales que deben repudiar el paternalismo y el elitismo militar, lo que implica –en lo táctico- el dejar expresar libremente al pueblo en las urnas o en las calles y –en lo estratégico- transformar revolucionariamente al Ejército para que acompañe ese proceso histórico nacional y social.

40.- Dicho de otro modo: la Argentina actual, por el desarrollo de sus factores geopolíticos y el nivel de la conciencia revolucionaria de su movimiento de masas, no es campo para el foquismo militar del Ejército profesional.

41.- Por lo demás, el pueblo sabe demasiado bien, y por experiencia sufrida en carne propia, que todo golpe es por construcción una tentativa elitista que tarde o temprano gira invariablemente hacia la oligarquía y los monopolios.

J – Hipótesis para el futuro

42.- La situación política actual en la Argentina se caracteriza por una profunda y acelerada crisis general y por la mayor y progresiva concentración de poder político en las manos del general Perón.

43.- Ante tal circunstancia no es descartable una mayor audacia en los planteos negociadores de Lanusse y recíprocamente, el intento de desconocer el contenido de esa negociación por una parte del Ejército, en la medida que la misma se salga del libreto impuesto por “el poder detrás del trono”.

44.- En ese sentido, podría concretarse desde ya la intención de retrotraer la situación al “modelo tipo Onganía”, volviendo a diferenciar la presidencia de la Nación de la comandancia en jefe del Ejército con el remanido slogan de “las FF.AA. no gobiernan ni cogobiernan”.

45.- De producirse tal reversión en el proceso, debe ser considerada como un paso preparatorio para el golpe liberal que trataría de interrumpir, postergar o distorsionar el proceso de institucionalización del país.

46.- Finalmente, cabe destacar que tal pérfido y brutal arriamiento de las banderas del GAN, al agotar las instancias incruentas de la lucha política nos llevaría a la continuación militar de esa misma lucha en el marco de una guerra civil.

K – La guerra posible

47.- La guerra tiene la virtud de polarizar a todas las fuerzas intervinientes en dos bloques. Las conflagraciones mundiales son un ejemplo de cómo se dejan de lado muchas diferencias en el trance de enfrentar a un enemigo poderoso.

48.- Aquí también, en la hipótesis de una guerra civil –no por indeseada menos probable- se van a formar dos frentes: el frente del pueblo y el del antipueblo. Nadie podrá permanecer al margen: estará en la trinchera del peronismo o en la del antiperonismo.

49.- Ése es el sentido estratégico de la última iniciativa política del general Perón: enfrentar al “Partido Militar de la Dependencia Colonial” con el “Frente Cívico de Liberación Nacional”, a fin de dar una batalla frontal y decisiva contra la oligarquía y el imperialismo.

50.- Y éste será el momento de la muerte misma de la compartimentación, el elitismo o la indiferencia militar profesionalista y la quiebra definitiva de un Ejército concebido al modo liberal.

51.- Ante esa disyuntiva, es predecible que sectores de oficiales cada vez más importantes, al comprobar el fracaso total que a lo largo de 16 años han tenido los intentos de integrar al sistema un peronismo ideológicamente castrado y políticamente descabezado, se sumen sinceramente a la causa popular.

52.- Por otro lado, el movimiento nacional de masas, que tiene hoy una clara exigencia: el regreso a la Patria de su creador y único líder, el general Perón, está dispuesto a recorrer –si fuera necesario- el camino obligado de una guerra revolucionaria.

53.- La enseñanza está a la vista: 600.000 norteamericanos en Vietnam y 800.000 franceses en Argelia peleando en países de campesinos contra una población equivalente a la mitad de la nuestra, nada pudieron contra una guerra popular revolucionaria.

54.- Para reproducir aquí aquellas proporciones de fuerzas, habría que sobrepasar el millón de soldados extranjeros a cambio de los 80.000 conscriptos argentinos que, en última instancia, son de extracción estudiantil y obrera. La diferencia es demasiado elocuente.

L – Conclusión

55.- Cuando un Ejército en funciones políticas de fuerza de ocupación tiene la “mala suerte” de ser nativo participa de las contradicciones de la sociedad a la cual reprime.

56.- Por eso se dice que ningún Ejército es más fuerte que la base social que lo compone, ni sirve indefinidamente como fuerza de ocupación de su propio país.

57.- Es precisamente esta enseñanza política y militar la que debería inducir hoy al Ejército Argentino a convocar a elecciones generales, directas y libres, sin proscripciones ni condicionamientos de ninguna especie y entregar el poder a quien fuere elegido en el término del presente año 1972.

58.- En caso contrario, cargará con la grave responsabilidad de precipitar al país en la guerra civil y demostrará –siempre a la luz de la misma experiencia histórica- que no sólo no sirve como partido político, sino tampoco como Ejército.

59.- Por lo demás, no hay ejemplo en la historia del mundo de que el Ejército nativo de una colonia no haya participado, al menos en parte, en la sagrada lucha por la liberación.

60.- Este es el sentido unívoco de la cita del general Perón con que iniciamos el presente informe. El hombre de armas para alcanzar un justificativo histórico debe consubstanciarse profundamente con un ideal noblemente político, patriótico y popular.

Comando Tecnológico Peronista (C.T.P)
Fuente: www.elhistoriador.com.ar