btnEste artículo pertenece al período: Revolución argentina (1966-1973)
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El asesinato de Vandor
Autor: Felipe Pigna

El 30 de junio de 1969 a las 11.30, mientras el presidente Onganía recibía a Nelson Rockefeller y el país no terminaba de recuperarse del terremoto político social que había producido el Cordobazo, Augusto Timoteo Vandor conversaba telefónicamente en su despacho de la Unión Obrera Metalúrgica con Antonio Cafiero. De pronto unos fuertes gritos que provenían de la planta baja del local de la calle La Rioja 1945 lo obligaron a despedirse de su compañero y salir al pasillo a ver de qué se trataba. Cinco balazos diéronlo por enterado. Un comando había copado la sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y puso término a su vida.

¿Quién era este hombre a quien sus propios compañeros y amigos apodaban el Lobo?

Hijo de un matrimonio de campesinos franceses de ascendencia holandesa, había nacido en 1923 en Bovril, un pueblito entrerriano. A los 17 años se incorporó a la Marina como suboficial. En 1947, cuando Perón llevaba ya un año de gobierno, Vandor pidió la baja como cabo primero maquinista y se incorporó al movimiento peronista. En 1950 ingresó como obrero a la fábrica Phillips, se afilió a la UOM y fue electo delegado.

Para 1955, su activismo sindical ya era lo suficientemente notorio como para no pasar inadvertido para los hombres de la Revolución Libertadora, que decidieron encarcelarlo por seis meses.

La suerte de Vandor cambiaría sustancialmente en 1958 con la asunción de Arturo Frondizi como presidente y la sanción de la Ley 14.250, que permitió, cumpliendo lo pactado con Perón, el retorno de los peronistas a la conducción de los grandes gremios. En pocos meses, Vandor fue ascendiendo en la escala de la UOM hasta convertirse en el secretario general del gremio más poderoso de la Argentina, en el líder de las 62 organizaciones gremiales peronistas, y a través de ellas, en el hombre más influyente de la CGT.

En 1959, el modelo desarrollista de Frondizi entró en crisis y los grupos de poder económico colocaron al ingeniero Álvaro Alsogaray en el Ministerio de Economía. Alsogaray concretó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional e impuso un severo plan de ajuste. El movimiento obrero respondió con una ola de huelgas. El conflicto metalúrgico se prolongó por más de un mes paralizando uno de los sectores más dinámicos de la economía nacional. El gobierno de Frondizi decidió pactar con Vandor a través de un funcionario del Ministerio de Trabajo: Rubens San Sebastián. San Sebastián logró un acuerdo con Vandor que contempla un aumento salarial a cambio de pérdidas de derechos laborales de los trabajadores y aumento de la productividad. Crecieron los rumores sobre un suculento pago que habría recibido Vandor a cambio de la firma del convenio.

Lo cierto es que su estilo de vida fue cambiando notablemente. De espectador y apasionado apostador del turf pasó a ser un importante propietario de caballos de carrera del nada popular hipódromo de San Isidro.

Vandor tuvo una actitud oscilante con el gobierno de Frondizi al que atacó y defendió según sus intereses.

A partir de 1963 fue el ideólogo del enfrentamiento obrero más duro contra un gobierno democrático: su "plan de lucha" con la ocupación de más de 10.000 fábricas durante el gobierno de Illía.

También fue suya la idea de hacer lanzar miles de tortugas por la calle Florida aludiendo a la supuesta lentitud del gobierno radical.

El Lobo fue el gran impulsor del Operativo Retorno, que se proponía el regreso de Perón. El 2 de diciembre de 1964, la Comisión Pro-Retorno, encabezada por Vandor, partió desde Madrid acompañando al ex presidente. Pero al llegar al aeropuerto de El Galeão, en Río de Janeiro, el gobierno brasileño ordenó el regreso a Madrid de la comitiva.

En el entorno de Perón comenzó a pensarse que el frustrado operativo había sido una maniobra de Vandor para demostrarle al pueblo argentino que Perón no podía regresar y que se hacía imprescindible un peronismo sin Perón. El líder indiscutido de este movimiento neoperonista no era otro que el propio Vandor.

Desde entonces las relaciones entre Vandor y Perón fueron de mal en peor y el conflicto estalló en ocasión de las elecciones provinciales de 1965, cuando Perón envió a la Argentina a su esposa Isabel para bendecir las fórmulas peronistas y repudiar a los candidatos vandoristas.

El Lobo consiguió aparecer en la tapa del influyente semanario Primera Plana con un titular muy explícito: ¿Vandor o Perón?

Pocos días después de haber sido derrotados todos sus candidatos a manos de los de Perón, en enero de 1966, Vandor sufrió un atentado del que salió ileso mientras estaba en el paddock de San Isidro.

Muchos recordaron que por entonces circulaba una carta que Perón había dirigido a José Alonso secretario general de la Asociación Obrera Textil y rival de Vandor en la CGT, en la que el líder exiliado decía textualmente: "El enemigo principal es Vandor y su trenza. Hay que darles con todo y a la cabeza, sin treguas ni cuartel. Su acción fue de engaño, doblez, defección, satisfacción de intereses personales y de círculo, desviación, incumplimiento de deberes, componendas, acomodos inconfesables, manejo discrecional de fondos, putrefacción, traición, trenza. Por eso yo no podré perdonar nunca, como algunos creen, tan funesta gestión. En política no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer. Deberá haber solución y definitiva, sin consultas como ustedes resuelven allí. Esa es mi palabra y ustedes saben que Perón cumple”.

En el primer semestre de 1966 se sucedieron los enfrentamientos internos en el sindicalismo peronista y en el seno de la propia UOM. El 13 de mayo de ese año comenzó a sesionar en Avellaneda el Congreso Nacional del gremio. Aprovechando un cuarto intermedio, los principales dirigentes metalúrgicos, entre ellos Vandor y su segundo, Rosendo García, se reunieron a tomar algo en un bar de la zona. A pocos metros de ellos, en otra mesa, se reunían los delegados del peronismo revolucionario Domingo Blajaquis y Juan Salazar. Comenzaron los insultos que se transformaron en agresiones físicas. Vandor lo miró a García y le dijo: "atrás hay cuatro tipos que no me gustan nada". Rosendo se dio vuelta y justo vio que uno de los cuatro sacaba un revólver. Del grupo de Vandor partieron varios disparos. Cuando pasó la confusión y retornó la calma tres cadáveres yacían en el suelo de la confitería Real: el de Blajaquis, el de Salazar y el de Rosendo García. Según la versión vandorista Rosendo García alcanzó a decir, tendido en el piso de su muerte: "Tené cuidado, Augusto. Te la quieren dar con todo. A mí ya me la dieron...".

El escritor Rodolfo Walsh, en su célebre ensayo Quién mató a Rosendo, responsabiliza a Vandor por todas las muertes, incluyendo la de García. El informe de Walsh estaba avalado por pericias balísticas que el expediente judicial no tuvo en cuenta al declarar al Lobo libre de culpa y cargo.

Horas antes de que una bala le perforara la espalda y el corazón, Rosendo García había brindado un reportaje al periodista Bernardo Neustadt. Su nombre había cobrado particular interés desde que unas 280 unidades básicas levantaban su candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el peronismo vandorista.

Los que lo conocían bien decían que Vandor estaba un tanto preocupado por la rápida carrera ascendente de su compañero García y crecía su temor a quedar opacado por su segundo.

En junio de 1966 eran pocos los que dudaban que la caída del gobierno de Illia era cuestión de días. Acosado por las huelgas, las presiones de los factores de poder que no le perdonaban sus políticas progresistas expresadas en el considerable aumento de los presupuestos de salud, educación y acción social y una prensa mayoritariamente hostil, el gobierno de Illia cayó derrocado por un nuevo golpe militar el 28 de junio de 1966.

Entre los preveían el golpe estaba Vandor. No justamente por poseer dotes adivinatorias sino por ser uno de los actores protagónicos del golpe de estado. En ese carácter asistió de traje a la ceremonia de asunción del dictador Onganía y le expresó a la prensa su satisfacción por las buenas intenciones del presidente para con el movimiento obrero organizado.

La férrea y negociadora conducción de Vandor debía provocar necesariamente el surgimiento de un núcleo opositor disconforme con las políticas dictatoriales y excluido de la participación sindical por el grupo vandorista.

En mayo de 1968, mientras miles de obreros y estudiantes se apoderaban de las calles de París, se reunía en Buenos Aires el Congreso Normalizador de la CGT, llamado Amado Olmos en homenaje al dirigente gremial fallecido en febrero de ese año en un accidente de tránsito.

El congreso concluyó abruptamente con la fractura de la CGT, que se dividió en la CGT Azopardo, liderada por Vandor, y la CGT de los Argentinos, liderada por el dirigente de los gráficos, Raimundo Ongaro.

A partir de entonces y a través del periódico de la CGT combativa, Rodolfo Walsh comenzará a denunciar las maniobras de Vandor. En uno de sus números decía: "El vandorismo tiene su discurso del método que puede condensarse en una frase: El que molesta en la fábrica, molesta a la UOM; y el que molesta a la UOM-, molesta en la fábrica. La secretaría de organización del sindicato lleva un prolijo fichero de ‘perturbadores’, permanentemente puesto al día por los ficheros de las empresas”.

No eran pocos los peronistas que habían pensado en matar a Vandor. Los que tomaron la iniciativa fueron ocho militantes del peronismo revolucionario que más tarde formarían la organización político militar Descamisados. La decisión de matar a Vandor se tomó en septiembre de 1968 cuando las seccionales vandoristas, en connivencia con las patronales, hicieron fracasar la huelga petrolera de Berisso y Ensenada. El proyecto quedó bautizado como "Operativo Judas".

En marzo de 1969 el grupo quedó reducido a cinco militantes que comenzaron a evaluar la forma de ingresar a la inexpugnable sede de la UOM en Parque Patricios custodiada por unos veinte guardaespaldas de Vandor. Durante más de tres meses el grupo estudió las entradas y salidas, el movimiento de vehículos y los horarios de Vandor. También usaron esos meses para conseguir las armas: cinco ametralladoras calibre 22, dos pistolas calibre 45, un revólver 38, un 32 y dos pistolas 22 y tres kilos de trotyl por si no localizaban rápidamente a Vandor y debían volar el edificio.

El grupo mantuvo en absoluto secreto sus planes por obvias razones de seguridad y porque recordaban que dos intentos anteriores de acabar con la vida del dirigente sindical habían fracasado porque el Lobo se enteró a tiempo y pudo comprar a los implicados.

La actitud distante y casi condenatoria de Vandor frente al Cordobazo expresada en un comunicado del 5 de junio de 1969, seis días después del estallido cordobés, en el que llamaba al respeto a las fuerzas armadas y a la unidad de pueblo y Ejército, aceleró los tiempos del Operativo Judas.

Cuatro integrantes del grupo se concentraron a las ocho de la mañana del 30 de junio de 1969 en el lugar acordado con la idea de llegar a la UOM a las 10 en punto. Pero problemas con el motor del auto retrasaron la partida. El quinto integrante, encargado de relevar la llegada de Vandor, esperó impaciente en Parque Patricios por más de una hora.

A las once y treinta dejaron el auto estacionado a la vuelta de la entrada principal del gremio. Eran las épocas en las que podían dejarse los coches en marcha y con las llaves puestas. El reducido número de integrantes del comando no permitía que uno se quedara en el vehículo esperando.

Para poder entrar falsificaron un expediente judicial con los datos del juez y juzgado que entendían en la causa Salazar-Blajakis, los dos militantes del peronismo revolucionario muertos en el tiroteo de la confitería La Real en Avellaneda.

Cuando el encargado del local sindical abrió la puerta, uno de los integrantes del grupo se hizo pasar por oficial de justicia, exhibió el expediente y preguntó por Vandor. "Esperen un momento", contestó el portero. El supuesto oficial de justicia le dijo que no, que le tenía que recibir el expediente y lo apuró con una credencial de Tribunales. Ante las dudas del portero otro miembro del comando sacó una credencial de la Policía Federal y dijo que era de Coordinación Federal. Finalmente la puerta se abrió e ingresaron los cinco.

Los ocasionales testigos estaban desarmados, la fuerte custodia estaba accidentalmente lejos de la puerta principal. El portero dijo que si lo querían ver a Vandor tenían que esperar, pero ante la sospecha de que el empleado avise a la custodia el grupo entró en acción extrayendo las metralletas y pistolas que traían bajo sus pilotos.

Mientras dos integrantes del comando custodiaban la puerta los otros tres subieron al primer piso en busca de la oficina de Vandor. Cada uno llevaba un empleado como escudo, por si alguien disparaba desde arriba. Hasta ese momento, con excepción de los afectados directos, nadie parecía enterarse de nada; había un pequeño revuelo abajo, pero, como a esa hora siempre se trabajaba mucho, no se percataban de lo que realmente sucedía.

A los reducidos de la planta baja se los puso con la cara hacia el piso a un costado de la escalera.

Los tres de arriba ya no tenían nada que disimular y preguntaban a los gritos: “¿Dónde está Vandor?”

Mientras tanto el Lobo mantenía una conversación telefónica con Antonio Cafiero que estaba inquieto por conocer la actitud de la CGT vandorista frente al paro general decretado para el día siguiente por la CGT de los Argentinos contra el gobierno de Onganía. "Quédese tranquilo Cafierito, está todo bien. Acabo de hablar con el coronel Prémoli y nos juntamos a la una para almorzar", dijo y colgó el teléfono. Prémoli era el secretario de informaciones de la dictadura de Onganía. Vandor en su último acto le había comunicado al dirigente peronista que "su" CGT mantenía las excelentes relaciones con el gobierno y no paraba.

Los atacantes comenzaron a inquietarse abriendo todas las puertas que encontraban a su paso; cada vez más oficinas y en todas personas que debían ser reducidas. En la planta alta había dos vestíbulos con bastante gente: unos treinta en total. A todos se los puso contra la pared para que no viesen la cara de los agresores.

El grupo seguía abriendo puertas buscando a Vandor y cuando se dirigía a una aún cerrada, se abrió y apareció el Lobo, atraído por el griterío. Alcanzo a preguntar "qué carajo pasa" y vio que lo apuntaba una pistola 45 a tres metros de distancia. Vandor no tuvo dudas de que era su final. Levantó los brazos como para cubrirse y recibió dos impactos en pleno pecho.

Al girar recibió otro debajo del brazo y cuando cayó dos más en la espalda. Se desplomó en la antesala de su despacho y un integrante del grupo le colocó una bomba bajo su escritorio. La mecha del trotyl duraba cuatro minutos, el tiempo justo para escapar. A la gente que estaba reducida se le dijo que, a partir de la salida del grupo, tenía tres minutos para desalojar el local porque iba a volar todo.

El secretario de prensa de la UOM, Federico Vistalli, alcanzó a arrastrar el cuerpo del Lobo hasta la salida para trasladarlo hasta el sanatorio metalúrgico en Hipólito Yrigoyen al 3200. Pero Vandor llegó muerto al centro asistencial en el que trabajaba su esposa, Elida María Curone.

Curiosamente el comunicado por el cual el grupo operativo responsable del asesinato se adjudicaba el hecho fue dado a conocer casi dos años después del atentado, el 7 de febrero de 1971. Según sus autores la demora se debió a que "el ENR resolvió no hacer propaganda sobre el Operativo Judas hasta no disponer de una fuerza suficiente para garantizar la continuidad de su acción. Alcanzado este objetivo decide hacer público el presente comunicado. Siendo las 11.36 del 30 de junio de 1969, el Comando ‘Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis’ del Ejército Nacional Revolucionario, que ocupó el local de la UOM, sito en la calle La Rioja 1945, cumpliendo el ‘Operativo Judas’, procedió al ajusticiamiento del traidor Augusto Timoteo Vandor, complementando la acción con la voladura parcial del edificio para no afectar fincas vecinas”.

El comunicado concluye diciendo: "Para los Judas no habrá perdón. Elijan libremente todos los dirigentes sindicales su destino. Viva la Patria".

El nombre Ejercito Nacional Revolucionario fue un nombre ficticio utilizado para despistar a los servicios de inteligencia. Al momento de dar a conocer el comunicado, los autores materiales del asesinato de Vandor ya formaban parte de la organización guerrillera llamada Descamisados que años más tarde se fusionaría con los Montoneros.

La misma tarde del 30 de junio de 1969 el gobierno decretó el estado de sitio y aprovechó la ocasión para intervenir la mayoría de los gremios de base de la combativa CGT de los Argentinos. Hubo detenciones masivas de militantes opositores y dirigentes obreros, entre ellos Raimundo Ongaro.

Años más tarde, en enero de 1973, Perón le contó al diario peronista Mayoría que había mandado a llamar a Vandor en abril de 1969, y le había advertido que lo iban a matar. Decía Perón: "Yo le dije: a usted lo matan; se ha metido en un lío que a usted lo van a matar. Lo mataban unos o lo matan otros, porque él había aceptado dinero de la embajada americana y creía que se los iba a fumar a los de la CIA. ¡Hágame el favor! Le dije: ahora usted está entre la espada y la pared: si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata. Me acuerdo que lloró. Le dije usted no es tan habilidoso como se cree, no sea idiota, en esto no hay habilidad, hay honorabilidad, que no es lo mismo”.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar