Identidad y memoria del pueblo mapuche en el centro de la provincia de Buenos Aires y los derechos humanos en la actualidad
 
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Fuente: Ponencia de Mirta Millán (de la Comunidad Mapuche Urbana Pillan Manke), en  el panel de Lengua, Memoria e Identidad en el Congreso Internacional de las Lenguas en el mes de julio de 2007.
Cerro Largo-Sierras Bayas, partido de Olavarría

Mari Mari Com pu che, Incheta Mirta Millan pingein, Inche ta  Olavarría warria meu. Inchin ta muley pueblos originarios…

Buenas tardes a todos. Mi nombre es Mirta Millán y soy de la ciudad de Olavarría. ¡Nosotros, los Pueblos Originarios, estamos vivos! Por eso podemos hablar  de la memoria y de la identidad.

Mi ponencia especialmente se refiere a la presencia mapuche en la provincia de Buenos Aires. Por ser un pueblo milenario, nuestro territorio era extenso. Aquí, de este lado de la cordillera, se denomina Puel Mapu y del otro lado, Gulu Mapa. En la actualidad, atraviesa dos estados nacionales: Argentina y Chile.

Es importante la memoria y la historia de nuestro pueblo en esta parte del territorio, específicamente en el centro de la provincia de Buenos Aires.

Memoria e Historia de los pueblos Originarios

Evocar esta conexión de lugar y pasado es lo que ilustra las raíces espaciales de toda historia. Los lugares, los modos de nombrarlos y el recuerdo de lo que allí pasó tienen importancia central. El verbo re-correr contiene en su semántica dicha conexión con el pasado, con el regreso: regresar para andar, reconocer una vez más.

La apropiación de los territorios

Una vez asentado el estado nacional argentino, continúa el auge de expropiación y apropiación de nuestros territorios. Simbólica e históricamente nuestros lugares sagrados fueron cercados por alambre, y aparecieron las fábricas e industrias irrumpiendo en el lugar ancestral y en el equilibrio natural de cada newen (fuerzas naturales).

Las concepciones de progreso iban de la mano del genocidio y la explotación de los recursos naturales. De esta manera, cada  persona y cada hermano o hermana nuestra, como los cerros, sierras, ríos, pájaros, etc., comenzaron a desaparecer  lentamente, como así también surgió el intento de hacer desaparecer la memoria de nuestro pueblo en la actual provincia de Buenos Aires, específicamente en Olavarría.

El genocidio cometido por el presidente Julio Argentino Roca estaba imbuido del pensamiento eurocéntrico de “la superioridad de la raza”.

El mismo pensamiento fue expresado por Domingo Sarmiento –quien llego a ser presidente de la República Argentina- con las siguientes palabras: “las razas fuertes exterminan a los débiles, los pueblos civilizados suplantan en la posesión de la tierra a los salvajes. Esto es providencial y útil, sublime y grande”.

De modo que el genocidio cometido fue tolerado y hasta considerado valiente. Se creía que engrandecía a la cultura occidental. Se naturalizó así la muerte de miles de hermanos nuestros. Los libros de historia establecían: “era  necesario para  nuestro progreso y civilización exterminar a los indios salvajes”.

Formas simbólicas de Poder

Existen en la actualidad formas simbólicas de poder sobre  la historia de nuestro pueblo. Se hace imprescindible revisar los mecanismos mediante los cuales se establecen formas de simbolizar y se instituyen modelos que rigen la vida y definen la identidad de los pueblos.

La masacre de nuestros antepasados se sigue glorificando a través de la imagen de la campaña al desierto en los billetes de $100  con la imagen del general Julio Argentino Roca, que se emitieron durante el gobierno menemista.

La Educación y los textos escolares en relación a la construcción de la historia hegemónica

El sistema de educación fue clave para la pérdida de nuestra identidad originaria.
La negación de la preexistencia del pueblo mapuche, con toda su extensión territorial, llevó al estado argentino a argumentar desde corrientes historiográfica hegemónicas, a desvirtuar la historia de nuestro pueblo. Se contrapone, por lo tanto, la historia oficial en relación con la memoria con los relatos de nuestros abuelos.

En el manual Kapelusz bonaerense del año 1962, por ejemplo, aparece la denominación “araucanos” y se ubica a este pueblo en la parte sur en la cordillera. En otros textos, los araucanos aparecen en Chile, cuando en realidad sería el pueblo mapuche. También aparecen denominados como “pampas” con imágenes ilustrativas que responden al estereotipo marcado por el estado nacional, que los consideraba como “salvajes revoleando la boleadoras”. Por lo tanto, se sustenta desde los textos escolares la ideología de etnocentrismo. De esta manera, se niega la territorialidad y la presencia del pueblo mapuche en la provincia de Buenos Aires.

Generalmente en los relatos históricos y en los textos escolares aparece la imagen  del “indio”, ubicándolo solo en espacio y tiempo. De esta manera se lo deshumaniza, se lo ve como salvaje, no se lo relaciona con la familia con el entorno sociocultural. La imagen de la mujer está ausente.

Mapas mentales: Imaginabilidad, memoria y espacio

El mapa mental puede construirse no sólo a partir de las imágenes que los individuos tienen de la ciudad (como un todo), sino desde la identificación de aquellos lugares que son significativos para ellos de lo que es la ciudad.

En la actualidad, en el centro de la provincia de Buenos Aires, estamos en un período de reconstrucción de nuestra historia, resignificando espacios, apropiándonos de nuestra historia, de nuestro Kimun (conocimiento) y de nuestra memoria.

En este nuevo contexto histórico hemos comenzado a transitar y aprender a construir espacios de valorización de la diversidad, especialmente desde la educación. La escuela, como espacio de resignificación de saberes.

La educación y los pueblos originarios en la actualidad en el centro de la provincia de Buenos Aires

La Comunidad Mapuche Urbana Pillan Manke viene trabajando de manera conjunta con los inspectores y directores de educación desde el 2004 en los distritos de Olavarría y Bolívar con un proyecto de educación intercultural e interdistrital de pueblos originarios, denominado Peuma Wunnan, que significa “sueños del amanecer”.

Una de las escuelas que interviene en el proyecto realizó en dos actos escolares actividades referidas a esta modificación desde la mirada histórica y desde las prácticas áulicas.

Por ejemplo, la  Escuela N° 11 de Hinojo, cumplió 121 años y realizó  una jornada solidaria. Inauguró, el 20 de abril, una Reserva de hinojos (en extinción en el lugar), identidad natural que da origen al nombre del pueblo.

El 20 de junio, día de la bandera, decidieron realizar una actividad especial. La invitación decía: “Desde que formamos parte del Proyecto Intercultural Peumá Wunnan, hemos recuperado en la escuela la cosmovisión en la que el hombre es un ser más entre otros elemento de la naturaleza y no el dueño. Por eso decidimos realizar en la reserva una ceremonia de pueblos originarios”.

Se resignificó la fecha y al prócer desde un lugar más humano, tomando de él palabras de su Memoria, donde sostiene: “No se presta la menor atención a los montes; es necesario hacer los mayores esfuerzos para poblar la tierra de árboles”. Así, en este nuevo aniversario de su fallecimiento, elegimos recordarlo con ceremonias del cuidado de la naturaleza revindicando la interculturalidad y la bandera argentina.

Ese día se realizo una ceremonia ancestral  invitando al Tayta Ullpu, hermano mayor del Quichua, junto con la comunidad mapuche.

Los procesos históricos y las coyunturas políticas nos van permitiendo una mayor visibilidad de nuestros pueblos. En nuestro caso particular, se consiguió la creación de la Dirección de Interculturalidad en la Provincia de Buenos Aires. Esto nos permitió afianzar nuestro trabajo con los docentes y alumnos/as.

Sabemos que queda mucho por hacer, por ejemplo, un mayor reconocimiento de nuestros derechos.

Queda  también pendiente  el Derecho a la verdad histórica y la justicia de los delitos de lesa humanidad cometidos a nuestros pueblos originarios y familiares.

Delitos de lesa humanidad: la sangre de nuestros familiares reclama justicia

Lamentablemente, los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, que se instaló en la Argentina en 1976, tuvieron un precedente. Se trata de los delitos perpetrados contra nuestros pueblos originarios, los delitos contra el pueblo mapuche en la llamada “campaña al desierto”. Se trató de un plan sistemático de exterminio de la población originaria. Se cometieron las peores atrocidades humanas hacia nuestros hermanos y hermanas. Se los llevó presos a campos de concentración. Padecieron torturas, violaciones, mutilaciones y muerte. El  robo de niños fue también un a práctica  de  aquella época.  El saqueo de cada  Lof (Comunidad), por ejemplo, era tomado como un botín de guerra.

Existen infinidades de relatos de nuestros ancianos donde narran con mucho dolor lo que han tenido que padecer para sobrevivir a la barbarie occidental.

El desplazamiento forzoso obligo a silenciar y a callar la memoria sustentada desde el poder hegemónico.

Los territorios ancestrales han tenido que ser testigos de inmensas humillaciones por generaciones; primero, con la violencia hacia los habitantes ancestrales, y luego con la dictadura militar.

En Olavarría se encuentra un lugar donde en la época de la dictadura funcionó como centro clandestino de detención y tortura, éste lugar se llama  Monte Peloni. Sin duda este espacio es un lugar cargado de memorias y de lucha contra el olvido.

Connerton dice: “Recordar no es un aspecto de reproducción sino de construcción. Formar secuencias narrativas y expresivas significativas. Estudiar la formación social de la memoria es el análisis de aquellos actos de transmisión que hacen posible el recuerdo común”.

Para nuestro pueblo mapuche, los tejidos de la memoria son recorridos en cada relato que nos transmiten nuestros abuelos. Por eso voy a contarles mi historia familiar para ejemplificar la historia general de nuestro pueblo.

Mi abuelo Marín Millán nació en Gulumapu (hoy Chile) y de muy chico cruzó la cordillera a Puelmapu. Siendo jovencito se casó con Celmira Prafil. Ella nación en la comunidad de Anecón Grande. Sus relatos siempre marcaron su presencia en mi vida. Cuando era niña ella nos contaba cómo había sobrevivido de la muerte con dos años de edad porque su madre logro salvarla. Pero su mamá murió incinerada junto a su hermanita de 10 años. Ellas no lograron huir. Les quemaron la casa, y cuando regresó mi bisabuelo de recorrer otra parte del acampo, se encontró que ya no tenía casa, que parte de su familia había sido asesinada y que ya no tenía más campo.

Esta penosa historia familiar es la que lamentablemente aparece en los relatos de nuestros pueblos. La violencia sistemática de despojo llevó a nuestros hermanas y hermanos a silenciar o recordar con mucho dolor delitos aberrantes de lesa humanidad.

Las nuevas generaciones - Nuevas identidades

El surgimiento de las nuevas generaciones permite mantener viva la memoria y luchar contra el olvido. En este sentido me hago eco de lo expresado por Todorov que dice los siguiente: “Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, este derecho se convierte en un deber: el de acordarse, el de testimoniar”. (1997:15)

O tal vez como dice Yosef Yerushalmi: “¿Es posible que el antónimo de “el olvido” no sea “la memoria” sino la justicia?”.

En este nuevo escenario histórico quisiera compartir las palabras expresadas por Todorov: “La vida en la democracia: tanto los individuos como los grupos tienen el derecho de saber, así como de conocer y hacer su propia historia: no es al poder central a quien le compete prohibírselos”. (Todorov, 1997:15)

Voy a finalizar con un  relato mapuche, que en nuestro idioma se denomina EPEU que nos han narrado muchos de nuestros abuelos y abuelas. Se llama El zorro y los sapos: “Había un zorro que le corrió una carrera a un sapo y, por supuesto, se la ganó, porque era superior en todo, desde lo corporal, la velocidad y la astucia. (Para nuestro Pueblo el zorro esta asociado al winka, blanco) Otro día el zorro, jactándose de su condición, le dijo al sapo: “¿querés correr otra carrera?”. El sapo le dijo que sí, pensando que esta vez sí le ganaría, pero nuevamente ganó el zorro. Pero el sapo no se resignó y le propuso al zorro correr una nueva carrera. El zorro, pensando que le iba a ganar, aceptó. Pero esta vez los sapos se habían puesto de acuerdo. Había un sapo a la salida, otro al medio y al final había otro que esperaba al zorro. El zorro, sorprendido, no podía entender cómo esta vez le habían ganado la carrera. Lo que no sabía el zorro es que los sapos se habían organizado ¡Y ésta vez los sapos le habían ganado al zorro!

Chaltú may ¡Muchas gracias! Peukallal, hasta pronto y gracias por escuchar.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar