Felipe Varela viene
 
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Autor: Felipe Pigna

Nadie quería ir a pelear contra el Paraguay. Para los hombres del interior estaba claro que se trataba de una guerra fratricida. Ante la oposición generalizada, el gobierno de Mitre decidió lanzar una violenta represión y obligar a los díscolos a incorporarse al ejército como sea. León Pomer publica en su excelente libro sobre la guerra un recibo extendido por un herrero catamarqueño cuyo texto es el que sigue: “Recibí del gobierno de la provincia de Catamarca, la suma de 40 pesos bolivianos por la construcción de 200 grillos para los voluntarios [sic] catamarqueños que marchan a la guerra contra el Paraguay”. 1

Así marchaban los soldados argentinos al frente, esposados, encadenados, absolutamente contra su voluntad.

Contra todos los pronósticos y como una de las consecuencias de la derrota de Pavón que le asignó el triste papel de apaciguador del interior, el general Urquiza, referente de los federales del interior, decidió unirse a las tropas de Mitre en la guerra contra el Paraguay.

Cuenta el historiador Emilio Vera y González que “al recibir Urquiza la orden de reunir su ejército para concurrir a la guerra, convocó a la milicia y en breve tiempo tuvo listo un cuerpo de ejército de diez mil hombres, pero por un fenómeno inconcebible tratándose de soldados entrerrianos –los más disciplinados de la República y los más adictos a la persona de su caudillo–, hallándose concentrado en su campamento de Basualdo, y pronto a marchar, el contingente entrerriano negó la obediencia a sus jefes y se disolvió por completo. Volvió Urquiza a reunir un nuevo ejército, que hizo acampar en Toledo y, como el anterior, ocurrió con éste que, ya a punto de marchar, se desbandó y no quedó de él más que el recuerdo.” 2

El diputado santafecino Nicasio Oroño había advertido sobre las cualidades de “nuestro” ejército y las características del reclutamiento de las tropas: “El Ejército Argentino, señor presidente, es una fantasía mitológica que está representando el suplicio de Prometeo en que los jefes son los buitres y los soldados las víctimas. […] Es sabido, señor, cómo se hacen soldados entre nosotros. Se arrebatan de sus casas a los pobres paisanos, cuyo delito es haber nacido en esa pobre condición de gaucho, para llevarlos a servir sin sueldo, desnudos, y muchas veces sin el alimento necesario; y cuando logran escapar de la cárcel, porque para ellos el campamento es la cárcel, y son aprehendidos, se les devuelve en azotes las horas de libertad que han ganado.” 3

El hermano del presidente le escribía al vice, Marcos Paz: “Así pues aunque con dificultades y sublevaciones, iremos poco a poco sacando de las provincias los contingentes pedidos, y con los golpes que han llevado hasta ahora todos los que han intentado o realizado sublevarse, han de ir comprendiendo que es mejor marchar de buena voluntad, porque de otro modo se exponen a morir.” 4

El propio Marcos Paz le escribía a Mitre: “Nada me extrañan las sublevaciones, ni es cosa de alarmarse. Es sabido que a nuestros hombres lo que menos les gusta y conviene es ser soldados, porque ganan menos y trabajan más; de patriotismo no hay que hablar en la masa del pueblo, porque para ellos esos son cuentos tártaros.” 5

La impopularidad de la guerra, sumada a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis.

Frente a tanta injusticia e hipocresía surgió el grito del caudillo catamarqueño Felipe Varela, que lanzó una proclama reseñando las causas de la guerra y llamando a la rebelión para no participar en una guerra fratricida:
“La Guerra con el Paraguay era un acontecimiento ya calculado, premeditado por el General Mitre. Cuando los ejércitos imperiales atraídos por él, sin causa alguna, sin pretexto alguno, fueron a dominar la débil República del Uruguay, aliándose al poder rebelde de Flores en guerra civil abierta con el poder de aquella república, comprendió el gobierno del Paraguay que la independencia uruguaya peligraba de un modo serio, que el derecho del más fuerte era la causa de su muerte, y que por consiguiente las garantías de su propia libertad quedaban a merced del capricho de una potencia más poderosa. Pesaron estas razones en la conciencia del general presidente López de la República paraguaya, y buscando garantía sólida a la conservación de sus propias instituciones, desenvainó su espada para defender al Uruguay de la dominación brasilera a que Mitre lo había entregado.

”Fue entonces que aquel gobierno se dirigió al argentino solicitando el paso inocente de sus ejércitos por Misiones, para llevar la guerra que formalmente había declarado el Brasil. Este paso del Presidente López era una gota de rocío derramada sobre el corazón ambicioso de Mitre, porque le enseñaba en perspectiva el camino más corto para hallar la máscara de legalidad con qué disfrazarse, y poder llevar pomposamente una guerra nacional al Paraguay, guerra premeditada, guerra estudiada, guerra ambiciosa de dominio, contraria a los sagrados principios de la Unión Americana. Esta política injustificable fue conocida ante el Parlamento de Londres, por una correspondencia leída en él por el Ministro inglés en Buenos Aires, a quien Mitre había confiado los secretos de sus grandes crímenes políticos. Textualmente dice el Ministro inglés citado: ‘Tanto el presidente Mitre como el Ministro Elizalde, me han declarado varias veces, que aunque por ahora no pensaban anexar el Paraguay, no querían contraer sobre esto compromiso alguno con el Brasil, pues cualesquiera que sean al presente sus vistas, las circunstancias podrían cambiar en otro sentido.’ Esta verdad se confirma con estas palabras del mismo Ministro inglés citado: ‘El Ministro Elizalde me ha dicho que espera vivir lo bastante para ver a Bolivia, Paraguay y la República Argentina unidos formando una República en el continente.’ [...] Las provincias argentinas empero no han participado jamás de estos sentimientos, por el contrario esos pueblos han contemplado gimiendo la deserción de un presidente impuesto por las bayonetas, sobre la sangre argentina, de los grandes principios de la Unión Americana, en los que han mirado siempre la salvaguarda de sus derechos y su libertad, arrebatada en nombre de la justicia y de la Ley. [...] Se llevó la guerra al Paraguay: miles de ciudadanos fueron llevados atados de cada provincia al teatro de aquella escena de sangre. Ese número considerable de hombres honrados perecieron víctimas de las funestas ambiciones del general Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas.” 6

A pesar de contar con un importante apoyo popular, Varela fue derrotado por las fuerzas nacionales en 1867. Como decía la “Zamba de Vargas”, nada podían hacer las lanzas contra los modernos fusiles de Buenos Aires.

Referencias:
1 Pomer, obra citada.

2 Emilio Vera y González, Historia de la República Argentina, Buenos Aires,La Facultad, 1926.

3 Congreso Nacional, Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, Buenos Aires, 1865, en Miguel Ángel De Marco, La guerra del Paraguay, Buenos Aires, Planeta, 2004.

4 Archivo del General Bartolomé Mitre, citado.

5 Ibídem.

6 Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, Felipe Varela contra el imperio británico, Buenos Aires, A. Peña Lillo, 1973

Fuente: www.elhistoriador.com.ar