¿Practicaron los caudillos un populismo oligárquico?
 
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El 14 de marzo de 1877 moría en Southampton, Inglaterra, el general Juan Manuel de Rosas, importante estanciero de la provincia de Buenos Aires, que dirigió los destinos del país entre 1829 y 1852. Rosas es uno de los más emblemáticos representantes del caudillismo en el país, un fenómeno social de la América Latina posterior a la Independencia. Frente a la crisis del estado y a la ausencia de un gobierno central fuerte, los caudillos se transformaron en muchos casos, en el único poder real en sus zonas de influencias. A continuación, hemos incluido algunos fragmentos de un estudio sociológico adaptado para El historiador, aparecido en La opinión cultural, el domingo 29 de octubre de 1972, que da cuenta de las características de la sociedad que dio lugar al auge del caudillismo.

Fuente: Fragmentos del texto ¿Practicaron los caudillos un populismo oligárquico?, dirigido por Rubén H. Zorrilla, aparecido en La opinión cultural, el domingo 29 de octubre de 1972, adaptado para El historiador.

El fenómeno peculiar del caudillismo en la Argentina del período 1810-1870 ofrece muchas facetas para integrar un estudio sociológico; aquellas que se refieren a la extracción social de diecisiete caudillos argentinos de ese período fueron investigadas en un trabajo preparado entre 1969 y 1971 por alumnos de la carrera de sociología de la Universidad de Belgrano. El proyecto de este estudio, la dirección de las investigaciones, su ubicación teórica y la redacción-interpretación final estuvieron a cargo del licenciado Rubén H. Zorrilla.

Extracción social de los caudillos (1810-1870) reproduce un cuadro que ubica –de acuerdo a los niveles de poder, prestigio y riqueza- a los abuelos, padres y a los propios caudillos.

El índice general es la pertenencia del caudillo y su grupo familiar a sectores altos de la sociedad. “No podría ser por azar –se afirma en el libro- que casi todos los caudillos pertenecieran a un determinado estrato social, hubieran pasado por determinadas vías de movilidad y tuvieran roles ocupacionales semejantes”. El estudio también puntualiza que previo al papel de caudillo, se verifica el de liderazgo militar en casi todos los casos considerados. (…)

Familia de

Niveles estratificacionales

Poder

Prestigio

Abuelos

Padres

Caudillos

Abuelos

Padres

Caudillos

Aráoz

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--

Alto

--

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Alto

Artigas

Medio

Medio

Alto

Alto

Alto

Alto

Benavides

--

Medio

Alto

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Alto

Bustos

Alto

Medio

Alto

Alto

Alto

Alto

Ferre

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Alto

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Alto

Güemes

Alto

Alto

Alto

Alto

Alto

Alto

Heredia

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Alto

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Alto

Ibarra

Medio

Medio

Alto

Alto

Alto

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López

--

Medio

Alto

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Medio

Alto

Peñaloza

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--

Alto

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Alto

Quiroga

Alto

Alto

Alto

Alto

Alto

Alto

Ramírez

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Medio

Alto

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Medio

Alto

Rivera

Medio

Medio

Alto

Alto

Alto

Alto

Rosas

Medio

Medio

Alto

Alto

Alto

Alto

Varela

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Medio

--

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Taboada

Medio

Medio

Alto

Alto

Alto

Alto

Urquiza

--

Alto

Alto

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Alto

Alto


Familia de

Niveles estratificacionales

Riqueza

Abuelos

Padres

Caudillos

Aráoz

Alto

Alto

Alto

Artigas

Alto

Alto

Alto

Benavides

--

Alto

Alto

Bustos

Alto

Alto

Alto

Ferre

--

--

Alto

Güemes

Alto

Alto

Alto

Heredia

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Alto

Alto

Ibarra

Alto

Alto

Alto

López

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Medio

Alto

Peñaloza

Alto

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Medio

Quiroga

Alto

Alto

Alto

Ramírez

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Alto

Alto

Rivera

Alto

Alto

Alto

Rosas

Alto

Alto

Alto

Varela

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Medio

Taboada

Alto

Alto

Alto

Urquiza

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Alto

Alto

Durante el período de los caudillos, la característica más general de la estructura económica argentina es que la producción se realiza en unidades económicas autónomas…En conjunto, ese sistema de unidades económicas está regido  por el derecho sobre la propiedad  privada de los medios de producción. Estos rasgos definen, por lo tanto, una estructura económica de orientación capitalista.

Sin embargo, es un capitalismo predominantemente comercial y fundamentalmente agropecuario. No hay industria en el sentido moderno –el sentido que tenía en Inglaterra en esa misma época- salvo en actividades relativamente aisladas (fabricación de carreteras en Tucumán, preparación de cuero y carne salada en el Río de la Plata, elaboración de licores y vinos en Cuyo y Catamarca, construcción de barcos en Corrientes). (…) Aldo Ferrer, al referirse al período de transición que a su juicio abarca desde fines del siglo XVIII hasta 1860, apunta que la mejora organizativa fundamental ocurrida en la estructura económica “consistió en la consolidación del sistema de explotación en una gran propiedad territorial con unidad de administración y empleando trabajo asalariado. La estancia es la primera empresa capitalista en gran escala y expansiva que surge en la economía del país”.

El gran comercio por su parte se hallaba ligado a la explotación agropecuaria, especialmente la ganadera, y a las tareas de intermediación que depara el comercio internacional. Los dos grandes mercados son el Alto Perú y el horizonte atlántico: en ambos casos, la producción pecuaria es la base principal del intercambio exterior para las regiones argentinas. Además, donde las actividades estatales y comerciales requieren una dotación relativamente pequeña de empleados, las clases populares, salvo en el caso de una ciudad mayor como Buenos Aires…están constituidas sobre todo por trabajadores rurales, aunque residan en la ciudad. Cuando el sistema económico se apoya principalmente en las determinaciones del sector rural la ciudad resulta en gran parte…en un apéndice suyo. Y esto es precisamente lo que ocurrió en la Argentina en el período que consideramos. De ahí que las ciudades alberguen una población “ruralizada”. Además de los “quinteros”, “orilleros” y “matanzeros” había una nutrida población de peones, carreteros y “vagos y malentretenidos”…que estaban directa o indirectamente sujetos a la influencia de los propietarios rurales, aunque éstos vivieran en la ciudad y fueran comerciantes. (…) Gino Germani ha señalado que: “En aquellos países en los que la revolución industrial y el proceso de transformación  de la sociedad del tipo ‘rural’ o tradicional al tipo ‘urbano’ ha avanzado más allá de cierta etapa extrema, se produce una especie de ‘urbanización’ del campo y las diferencias demográficas entre el campo y la ciudad tienen a desaparecer”. En las condiciones del capitalismo ruralizado, donde la tierra es la base de toda la economía colonial, el efecto es inverso: en lugar de la urbanización del campo se opera la ruralización del aglomerado urbano, que apenas puede denominarse “ciudad”. (…)

El poder español llevó una clara política de estímulo al latifundio. “En realidad –dice Kossok- ninguna rama de la actividad agrícola o industrial, sin exceptuar el mismo comercio, fue alentada en forma tan intensa e incondicional como la ganadería. En la región del Plata, la ganadería constituía la rama de la producción en que el elemento criollo podía desarrollarse, desde el punto de vista económico, con máxima libertad”. Y agrega más adelante: “En contraste con la crítica situación del siglo XVI y comienzos del XVII, la posesión de bienes raíces se convirtió en uno de los elementos determinantes para la incorporación del individuo a la jerarquía de clases de la sociedad colonial”. Este esquema crea las condiciones de “lucha política oligárquica”, cuyo desarrollo tiene lugar donde la estructura económica es capitalista, pero no presenta los perfiles definidos de la industrialización, ni una burguesía comercial independiente y contrapuesta a los intereses del capital agropecuario. (…) Tampoco existe, por lo tanto, una masa obrera en la estructura de clases.

Es una formación capitalista que padece sensibles limitaciones. Lo más notable en ese sentido es el bajo nivel tecnológico y la pertinaz escasez de mano de obra, lo que crea bajas rentabilidades, capaces de potenciarse, sin embargo, si la explotación es muy grande (de tipo latifundista), la tierra relativamente barata y si en la situación óptima, el mercado al que se destina es externo… Allí donde se dan estas circunstancias atenuantes y aun estimulantes, la rentabilidad puede ser excepcionalmente alta, como sucedió en Buenos Aires. Otra litigación es la escasez de circulante, la falta de crédito público y, como contrapartida, el préstamo usurario. Todo esto agravado por la baja capacidad adquisitiva del mercado interno, tanto por su pequeñez, cuanto por los bajos ingresos; finalmente, por las tremendas distancias  que separaban a los diversos polos o concentraciones de ese mercado. (…)

En este contexto, el eje de los estratos superiores de la clase alta…se apoya en los que son o tienen conexión estrecha con los propietarios de la tierra. (…) Aquí el conflicto social halla su epicentro en las diferencias sectoriales de la clase alta, a veces inclusive dentro de subgrupos en apariencia muy homogéneos, como podría ser el terrateniente, o el comercial. Pero además, y en correspondencia con la caracterización de un “capitalismo ruralizado” el grupo hegemónico es el de los propietarios de la tierra. El resto de los grupos constituyen reservas potenciales para ser manejadas por algunos sectores de los estratos altos en su lucha contra otros de esa misma clase. Es decir: si la situación es de equilibrio, aquellos sectores interesados en definir la lucha a su favor pueden llamar a intervenir a otros sectores, inclusive a las masas populares, creando en este caso lo que hemos definido conceptualmente como el “populismo oligárquico”. Esto puede ser especialmente favorable si esas masas son de tipo rural y se hallan en situación de dependencia de los jefes –al mismo tiempo terratenientes- que los movilizan en el conflicto interclase. Evidentemente, otro factor que puede facilitar y acaso desencadenar un proceso de búsqueda de apoyo en otras clases especialmente en las clases populares, es el desarrollo de una lucha anticolonia, una guerra exterior o una revolución interna. (…)

Pero quizás tan importante como estas características es la de que la lucha oligárquica argentina se desarrolla en un ámbito demográfico poco denso, lo que tiene dos consecuencias: las conexiones entre los miembros de las clases populares, sobre todo en el sector rural, es sumamente laxa, de modo que el propietario puede ejercer un fácil control dentro de su unidad económica…

En el período de la conquista y la colonización, la burocracia española se convirtió en la dominadora del poder y en la distribuidora, tanto de las fuerzas productivas como del excedente económico. Esto dio origen a un sistema de clases que tuvo diferentes características según las particularidades de su emplazamiento regional. En la medida en que estos emplazamientos fueron elaborando trabajosamente un sistema productivo propio, crearon las condiciones para una independencia creciente, aunque relativa, respecto de la burocracia virreynal. El deterioro paulatino del poder central entre 1810 y 1820 es, al mismo tiempo, el requisito para la constitución de los poderes regionales o provinciales, ejercidos finalmente con total autonomía por el caudillo. El vacío institucional, la movilización política de las capas inferiores de la estratificación social, y la intensa militarización, fueron también efectos de la revolución y, desde otra vertiente, se unieron al desarrollo de los conflictos intra e interregionales, intra e interclase (conflictos entre clases de provincias diferentes), para generar el fenómeno de los caudillos. Esto importó la formulación de una alianza de clases que tuvo componentes y profundidad variables según cada región y provincia, pero que en casi todos implicó una clara participación popular, bajo la dirección política de uno de los sectores de la clase alta. Esta alianza, que tiene lugar en el contexto de un capitalismo ruralizado…es lo que denominamos “populismo oligárquico”.

Oligárquico porque las decisiones políticas fundamentales se toman en el seno de un grupo de la clase alta, cuya base hegemónica se apoya preponderantemente en la explotación ganadera. Populista, porque si bien la participación de las clases inferiores es irrebatible –al menos hasta 1835- ella tiene lugar en el marco de un dominio, igualmente irrebatible, de la dirección oligárquica. Esta es la que fija metas y toma medidas, y es natural que, en unas y otras, se cifren los intereses de la oligarquía provincial. Las clases populares operan de meros apoyos a esas decisiones capitales, en las que no tienen ninguna participación y sobre las cuales, por lo mismo, no pueden ejercer ningún control. ¿Cuáles son, entonces, las gratificaciones que justifican ese apoyo?

En primer lugar, la defensa del ordenamiento socioeconómico local contra las acechanzas de otras provincias económicamente competitivas y/o políticamente dominantes. La segregación que implicó el desarrollo del caudillismo tenía su fundamento en que cada provincia poseía un sistema económico relativamente autónomo…

En segundo lugar, gravitó el hecho de que el sector dirigido por el caudillo se enfrentó con otra fracción de la misma clase. Su predicamento militar y su influencia económica confluyeron para que fuera visualizado como el “defensor de los pobres”.

En tercer lugar, las masas populares incluyen sectores de difícil delimitación por su heterogeneidad. La situación de inferioridad y sumisión de estos grupos, el aislamiento típico de toda población rural y las mismas condiciones de vida de esta última hicieron imposible una formulación política autónoma, siguiera embrionaria, para estas capas populares. Donde no hay élites dirigentes, no puede haber conciencia política genuina; es decir, unificada. (…) Esto es lo que preparó, junto con otros elementos ya indicados, al caudillo. Además, éste contó casi seguramente con importantes sectores populares urbanos, sobre todo entre los artesanos, interesados en proteger su sistema de producción de las otras regiones y principalmente de Buenos Aires.

Finalmente, la montonera del caudillo –cuando efectivamente la tuvo, porque, en contra de lo que se cree, no fue un fenómeno generalizado- se nutrió, en medida considerable, de una población marginal que encontró allí una forma de vida y a veces quizás una carrera.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar