Los baños de mar así como la residencia en sus orillas constituyen uno de los más poderosos medios de acción a la disposición de la medicina terapéutica para la cura de ciertas alteraciones y a la modificación rápida de algunos defectos de constitución.
Pero a fin de sacar de ese enérgico remedio todas las ventajas posibles, es indispensable aplicarlo con tino. (…)
El análisis químico justifica el hecho de clasificar el agua de mar entre las aguas minerales más activas: es agua de soda clorosulfurada. La presencia del yodo en varias plantas marinas ha dado lugar a que se supiera que el yodo había de encontrarse en el agua de mar por la constante maceración de esas plantas marinas. En estos últimos años el análisis espectral ha revelado la presencia de ese valioso elemento medicinal, así también como del bromo en las aguas del mar; de modo que se la puede clasificar entre las aguas cloro-bromo-yodadas.
El sabor salado del mar es debido al cloruro de sodio. Ese sabor es más intenso en alta mar que sobre las costas y disminuye en las embocaduras de los ríos y golfos. El agua de mar contiene además una sustancia orgánica a la que los químicos han prestado hasta la fecha muy poca atención y que tiene sin embargo una gran importancia en terapéutica.
A esa sustancia debe el agua de mar su viscosidad y olor hediondo; a ella debe también su rápida putrefacción, a pesar de la gran cantidad de cloruro de sodio que contiene. Constantine James considera esa sustancia como un elemento esencial y vital para el agua de mar. A su juicio, la presencia de esa sustancia puede sola explicar ciertos fenómenos que sin ella serían inexplicables.
El mar está atravesado por corrientes eléctricas que ciertamente han de ejercer una influencia sobre los bañistas. Se observa también en ella la presencia del oxígeno y el ácido carbónico: este último sobre todo se halla en notables proporciones, unos 100 o 200 centilitros por cada cien litros de agua. La mezcla de agua pura con agua de mar produce una cantidad de hidrógeno sulfurado que disminuye la pureza del aire.
Esto nos permite sostener la opinión de que el punto de reunión en las orillas del mar ha de ser lo más lejos posible de la embocadura de los ríos caudalosos o canalizados.
De ahí que Mar del Plata sea muy superior a Montevideo, que no puede considerarse a orillas del mar.
A causa de su gran volumen y densidad el mar posee en alto grado la propiedad de absorber el calor y su poder radiante es además muy débil. (…)
La acción poderosa pero intermitente de los baños de mar tiene por complemento la acción continua del aire del mar. La composición del aire del mar (…) se distingue por su mayor pureza. (…) Además, allí se nota la presencia del ozono en mayor cantidad que en cualquier otra parte: el ozono tiene la propiedad de neutralizar los gérmenes y miasmas. De ahí la escasez o poca duración de las epidemias en las orillas del mar, así como la mayor hematosis y respiración en las personas que viven en la costa.
El anterior relato, rápido e imperfecto, de las propiedades del agua y del aire del mar, demuestra las ventajas que pueden proporcionar los baños de mar y las temporadas prologadas en las orillas, particularmente durante el verano, cuando la permanencia en las ciudades es imposible tanto por los calores excesivos como por la pureza dudosa de la atmósfera. |