btnEste artículo pertenece al período: Dictadura (1976-1983)
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Hundimiento del crucero General Belgrano: la posición de Gran Bretaña

El 2 de mayo de 1982, un mes después de que la Argentina tomara posesión de las Islas Malvinas - territorio usurpado por los ingleses en 1833- el crucero General Belgrano recibió un ataque con torpedos de un submarino británico mientras navegaba fuera de la zona de exclusión que Gran Bretaña había fijado. No tardaría en hundirse ocasionando la muerte de 368 tripulantes. A continuación transcribimos dos artículos donde aparece la postura de Londres en el momento de producirse los hechos.

Retórica inglesa para legitimar la agresión

Fuente: Eduardo Crawley (Especial para La Nación), Diario La Nación, martes 4 de mayo de 1982, pág. 4.

Londres.- El lunes –feriado en Inglaterra- comenzó con la noticia del torpedo del crucero General Belgrano. Una vez más se comprobó el desencuentro informativo. Las primeras versiones periodísticas afirmaban rotundamente que el ataque se había producido fuera de “la zona de exclusión total” declarada por la flota británica. Luego un corresponsal de los tantos que viajan en el portaaviones Hermes produjo una versión contradictoria, pero muy detallada, que ubicaba al General Belgrano justo adentro de esa zona. Hacia el mediodía, el vocero oficial del Ministerio de Defensa declaraba: “Lo único que puedo decir es que el crucero estaba navegando al sur de las Malvinas”.

¿De dónde vino la orden?
A media tarde, el corresponsal sobre el Hermes había acortado dramáticamente su versión, señalando que el General Belgrano “hacía tiempo que había sido avistado navegando justo afuera de la zona de exclusión total”. En Londres comenzó a circular la versión de que la orden de torpedear al crucero no había provenido del comandante de la flota británica, almirante Woodward, sino directamente desde la capital británica. Oficialmente, la acción se explicó señalando que el General Belgrano “representaba una amenaza significativa para la flota”. Ya al anochecer, virtualmente todas las versiones periodísticas afirmaban categóricamente que el ataque se había producido fuera de la “zona de exclusión total”.

Divergencias
En este caso particular, la divergencia entre las distintas versiones revistió una importancia que trasciende el marco de la guerra psicológica. La ubicación precisa del crucero en el momento de ser atacado afecta toda la argumentación jurídica con que Gran Bretaña, en el ámbito internacional, intenta presentar su acción como “autodefensa”. Según las “reglas de juego”, de esta construcción justificativa, Gran Bretaña podría legitimar cualquier acción de fuerza llevada a cabo dentro de la “zona de exclusión total” que ha establecido en torno a lo que ella misma considera parte de su territorio.

Pero esas mismas “reglas de juego” implican que cualquier acción bélica realizada fuera de dicha zona presentaría un pasaje de la “autodefensa” a la guerra lisa y llana. Es de notar que en el ámbito jurídico británico se cuestionó duramente la decisión de establecer una “burbuja” protectora en torno de las unidades de la flota, dentro de la cual se atacaría a cualquier nave o aeronave intrusa. Se señaló con acierto que esta medida, en tiempo de paz, violaba elementales normas internacionales sobre el libre movimiento en alta mar.

Problemas para Pym
El torpedeo del General Belgrano, en este sentido, colocó en una situación embarazosa al canciller Francis Pym, quien en Nueva York acababa de reiterar su tesis de la autodefensa, rematando sus declaraciones con el siguiente pronunciamiento: “Nosotros no queremos llevar a cabo ningún ataque más contra ellos (los argentinos), ni nada por el estilo; sólo queremos que se retiren”.

La nueva tesis de que el crucero General Belgrano “representaba una amenaza significativa para la flota” (recogida rápidamente por Pym, y por el corresponsal que transmitía desde el Hermes) fue lanzada precisamente para abrir una nueva avenida de justificación “compatible” con la noción de “autodefensa”.

El canciller británico reiteró sus amenazas contra la Argentina

Fuente: Diario La Nación, martes 4 de mayo de 1982, pág. 4.

Naciones Unidas, 3 (UPI).- Gran Bretaña continuará aplicando “una presión inexorable sobre la Argentina, en los campos militar, político y económico”. Hasta que se retire de las islas Malvinas, expresó el secretario del Foreign Office, Francis Pym.

El canciller insistió que las Malvinas “son territorio británico” y señaló que el despliegue militar en el Atlántico Sur era para defender “los derechos de ciudadanos británicos y el suelo británico”.

En una conferencia de prensa ofrecida en las Naciones Unidas, Pym se refirió al anunciado esfuerzo de mediación del presidente del Perú, Fernando Belaunde Terry, diciendo que lo había comentado, entre otras cosas, durante su conversación con el secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig.

Insistencia
Cuando se le preguntó si Gran Bretaña estaba dispuesta a aceptar una mediación del mandatario peruano o del gobierno español, manifestó que “de lo de Perú no conozco mucho, sólo lo que he leído en los diarios”.

Pym adoptó un tono inflexible en toda la conferencia de prensa diciendo que la condición previa para negociar era el retiro de las tropas argentinas. También insistió en que los argentinos deben dejar de lado sus reclamos para que previamente se les reconozca la soberanía.

El canciller británico declaró que se había reunido con el secretario general de la UN, Javier Pérez de Cuéllar, quien “presentó varias sugerencias sobre la manera en que las Naciones Unidas pueden ayudar a resolver este problema”.

Asimismo, dijo que se había reunido esta mañana con el presidente del Consejo de Seguridad, el embajador chino, Lin Quing, y habían discutido el mismo tema. “Obtuve la impresión de que el secretario general no parece estimar que ha llegado el momento para una acción de las Naciones Unidas”, destacó.

Consejo de Seguridad
Por otra parte consideró que no hacía falta otra reunión del Consejo de Seguridad, “ya que hay una resolución, la 502, que pide el retiro de las tropas argentinas y los argentinos no la han cumplido. No veo la necesidad de ninguna otra resolución hasta que se cumpla ésa”.

Consultado si Gran Bretaña no estaba usando demasiado el recurso militar, con el resigo de dañar tanto el honor argentino que ese país no pueda volver a la mesa de negociaciones, respondió: “Realmente me importa muy poco lo que pase con el gobierno argentino”.

Envío de tropas
“Hemos establecido una zona de exclusión en torno de las Malvinas y la haremos cumplir. Estamos defendiendo suelo británico y los intereses de ciudadanos británicos”, enfatizó.

Indicó también que esa era la razón por la cual en las últimas horas los británicos habían “torpedeado a un crucero argentino y hundido a una lancha patrullera y averiado a otra que entablaron combate con nuestro helicóptero. No queremos atacar pero defenderemos la zona de exclusión hasta que la Argentina comprenda que tiene que evacuar a sus tropas, esa es la única salida”.

Al insistírsele en una posible acción del Consejo de Seguridad contra la Argentina, Pym dijo que pensaba que se podrían ampliar las sanciones económicas; todo lo que sea una presión adicional, será bienvenido. Esa es nuestra política, una continua presión.

Reconocimiento
Dando indirectamente a las Malvinas el carácter de una nación, Pym manifestó que “otros países han sufrido lo mismo. Tenemos Afganistán. También está el caso de Polonia, donde los deseos del pueblo no se escuchan”.

Con relación a los reclamos argentinos destacó: “reconocemos que la Argentina ha presentado un reclamo. Estamos dispuestos a sentarnos a negociar, pero a ellos les corresponde hacer el primer movimiento, que es retirar sus tropas. No hay otra salida”.

Llegada
Londres, 3 (AFP).- El canciller británico, Francis Pym, se negó a hacer declaraciones a su llegada al aeropuerto Heathrow de esta capital, a bordo de un avión Concorde, procedente de N. York.

Pym debe dar cuenta a la primera ministra Thatcher de sus conversaciones en los Estados Unidos con el secretario de Estado, Alexander Haig, con el secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, y con el presidente del Consejo de Seguridad de la UN, Ling Qing.

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar
 

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