btnEste artículo pertenece al período: Conquista y colonia (1492-1776)
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Américo Vespucio: Dar nombre a un continente

Fuente: POHL, Frederick, Américo Vespucio, Piloto Mayor, Buenos Aires, Librería Hachette, 1947.

Dar nombre a un continente

Hacía ya más de cuatro años que Américo había anunciado el descubrimiento de un nuevo continente, y aún no se le había dado un nombre. Debía ser un nombre que concordara con los de los demás continentes.

Los nativos de la Española llamaban al gran territorio al sur de la isla, “Bohío”. Los portugueses empleaban nombres dados por Cabral: “Vera Cruz” y “Terra de Santa Cruz”; mas un nombre de origen portugués era aceptable sólo para ellos, no para los españoles, que tenían derecho a más de la mitad del continente, habían llegado a esas orillas dos años antes que Cabral, y habían realizado además extensas exploraciones un año antes que éste. El término empleado por algunos cartógrafos, “Tierra de Brasil”, se prestaba a confusión, ya que era nombre de una isla imaginaria en el Atlántico, según la creencia popular, cuando aún no se soñaba en un continente. “Terra dei Pappagalli” era un nombre sólo aplicable a una parte del continente, “Paria” también se limitaba a la región cerca de Trinidad; e “India Nova” no era exacto. “Mundus  Novus” más bien que nombre era una descripción, aun cuando durante varios años se empleó ese término. Empero ahora que se sabía de hecho que existía un nuevo continente más allá del océano occidental y había cundido la noticia por toda Europa, era imprescindible darle un nombre adecuado, un nombre que fuera universalmente aceptable.

Fue inventado el nombre cuando un grupo de estudiosos se pusieron de acuerdo para lanzar una edición revisada de la Cosmografía de Tolomeo, pues urgía dar a conocer nuevos mapas según el concepto nuevo del mundo, transformado por los descubrimientos recientes. Sucedió que en el pequeño pueblo de Saint-Dié, en los Vosgos, había un colegio patrocinado por el estudioso duque Renaud (René) II de Vaudemon de Lorena, titulado “Rey de Jerusalén y Sicilia”, quien residía allí. Gualterio Lud, secretario del Duque, y hombre pudiente, había establecido una imprenta en Saint-Dié en 1500. El duque y varios profesores del colegio se sirvieron de esta imprenta para su proyecto geográfico.

Uno de ellos, Matías Ringman, profesor de latín, hizo dos viajes a Italia para informarse de los más recientes descubrimientos. Gualterio Lud anota en su Speculi orbis succintiis que una versión francesa de la Carta Soderini, o Cuatro Viajes, fue enviada de Portugal al Duque René. A pedido de Lud, Cuatro Viajes fue traducido al latín por un canónigo de Saint-Dié, de nombre Jean Basin de Sandecourt. Aceptando esta falsificación como obra genuina, Lud y sus colegas usaron Cuatro Viajes como base de su publicación y la reprodujeron in extenso. 1 (…) No le bastó al grupo de Saint-Dié que Américo Vespucio fuera el único a quien se le debía la nueva del descubrimiento de un continente. Como estudiosos buscaban algún testimonio que lo corroborara, o lo que se les antojaba a ellos la prueba de que él tenía más derechos que otros a la paternidad de la idea. Al buscar un argumento concluyente que apoyara esta reivindicación, creyeron haberla encontrado en Cuatro Viajes, donde erróneamente se le da prioridad en el arribo a estas playas.

Martín Waldsmeemüller, profesor de geografía del colegio, preparó la tesis Cosmographiae introductio, que se presentaba con esta explicación: “Una introducción a la Cosmografía, con algunos  principios de Geometría necesarios. Además cuatro viajes de América Vespucius. Una descripción de la Cosmografía universal, estereométrica y planimétrica, junto con lo que desconocía Tolomeo y ha sido recientemente descubierto”. La Cosmographie introductio salió en un pequeño folleto el 25 de abril de 1507.

Waldseemüller era aficionado a la invención de nombres… En un prefacio en latín a la Cosmographiae introductio, Waldseemüller da rienda suelta a esta tendencia: “Hacia el Polo Sur se hallan al sur de África, recientemente descubierto, y las islas de Zanzíbar, Java Menor y Seula. Estas regiones [Europa, Asia, África] han sido más extensivamente exploradas, y una cuarta región ha sido descubierta por Américo Vespucius, como puede verse en los mapas adjuntos; en virtud de lo cual me parece muy justo que se le dé el nombre de Amerige [siendo “ge” en griego “tierra de”] por su descubridor, Americus, hombres de inteligencia sagaz; o que sea América, ya que Europa y Asia tienen nombres de forma femenina”.

Waldseemüller preparó un globo y también un mapa detallado del mundo, proyectado en plano, para acompañar la Cosmographiae introductio. Los grabados para este mapa plano se hicieron en Strassburg, pero fueron impresos en Saint-Dié. Durante mucho tiempo se creían perdidas todas las copias de este mapa plano, pero una copia en muy buen estado de conservación fue hallada en 1901 en el Castillo de Wolfegg, y luego, por comparación, se dedujo que el globo llamado de Hausslab también pertenecía a Waldseemüller. El mapa plano influenció a cartógrafos como Schoener yt Otelius, y algo tuvo que ver con la invención de la famosa proyección de Mercator. WaldseemÜller trazó su mapa para dar relieve al trabajo de dos geógrafos eminentes; representaba a Claudio Tolomeo mirando hacia el Oriente y a Américo Vespucio de cara al Occidente.

En el nuevo continente del nuevo hemisferio se usó el nombre de “América” por primera vez. Apareció en la parte principal del mapa, no en el pequeño mapa desde entonces conocido como el mapa insertado, entre dos retratos estilizados de los dos geógrafos.

Waldseemüller, en 1507, conocía la hazaña de Colón, y no se proponía quitarle la fama merecida, pues en su mapa grande de doce secciones, que cubre en total treinta y seis pies cuadrados, y se llama “Mapa del Mundo según las tradiciones de Tolomeo y los Viajes de Americus Vespucius”, escribió en la Sección V: “Estas islas fueron descubiertas por Colón, un almirante de Génova, por encargo del rey de España.

En la Sección I, al comentar el hecho asombroso de la existencia de un nuevo continente al sur del ecuador, “más allá del camino del año y del sol”, escribe, “por fin tenemos pruebas de que es cierto”. Y continúa: “Porque hay una tierra descubierta por Colón, comandante del rey de Castilla, y por Americus Vespucius, ambos hombres de gran habilidad , pues aun cuando una parte se halla más allá del camino del año y del sol, y entre los trópicos, además extiéndese unos diecinueve grados sur del Trópico de Capricornio hacia el Polo Antártico”.

En vez de diecinueve grados debió escribir veintinueve, que con los veintitrés del trópico habrían sumado los cincuenta y dos grados que se nombran como el extremo sur del “tercer” viaje que hiciera Américo Vespucio.  Ya que Colón nunca emprendió la ruta sur hacia el ecuador, las palabras “tenemos pruebas de que es cierto” sólo tienen sentido cuando se las lee a la luz de los viajes de Américo en el hemisferio sur, y carecen de él si nos atenemos al “primero” de los “cuatro viajes”, motivo de la disputa acerca de cuál de los dos, Colón o Américo Vespucio, podían reivindicar la prioridad en el nuevo continente; pues ese “primer viaje”, como todos los viajes de Colón, fue al norte del ecuador. En resumidas cuentas, en su mapa de 1507, Waldseemüller mostraba, fuera de toda duda, que él aceptaba como prueba de la existencia de un nuevo continente el viaje portugués  de Américo (el “tercero” de los “cuatro viajes”), y que a esa prueba debíase, más que a la supuesta prioridad, el hecho de que diera el nuevo continente el nombre de América. (…)

Un nombre bien elegido es una obra de arte. “América”, nombre eufónico que forma un paralelo feliz con “Asia”, “África” y “Australia” (del sud, aplicado a un mítico continente antártico antes de que se descubriera la Australia actual) fue un hallazgo excelente, y una vez que apareciera impreso nada sería capaz de destruirlo. “Prendió” en seguida e irresistiblemente, y se hizo de uso universal con la fuerza de lo inevitable. Los cartógrafos lo adoptaron, de manera que en 1509 apareció en un globo, en 1510 lo empleó Glareanus, en 1514 Stobnicza, y en 1515 se vio en varios globos. Usado primero para designar el continente meridional del Nuevo Mundo, aplicóse muy luego a todo el Hemisferio Occidental.

Es probable que el fraudo de los Cuatro Viajes hubiera sido descubierto más pronto si Waldseemüller no hubiese dignificado el relato usándolo como prueba de que Américo Vespucio había descubierto el nuevo continente. Su presentación de los Cuatro Viajes en una edición de Tolomeo hizo que los verdaderos estudiosos se ocuparan de estas cuestiones: ¿Precedió Vespucio a Colón en su arribo a las planas del nuevo continente? ¿Hizo un viaje en 1497, como se pretendía en los Cuatro Viajes? Si no hizo ese viaje y por lo tanto aparece como embustero, ¿debía tenérsele por responsable de la aplicación de su nombre al continente occidental? ¿Acaso no se le debía condenar por haberle robado a Colón el honor que a éste le pertenecía?

Así fue acumulándose la leña para la hoguera vespuciana. Luego se dijo que si Américo hubiese tenido un sentimiento de pundonor hubiera protestado contra el uso del nombre América. En realidad no habría más motivo que la modestia. Empero, se cree que Américo ignoraba lo que pensaba hacer Waldseemüller en 1507. Si hubiera estado en antecedentes podría haberle avisado al grupo de Saint-Dié que no hiciera caso de Cuatro Viajes.

Para nosotros la controversia se reduce a esto: ¿Quién descubrió América: Colón o Vespucio?

Por América referíase el inventor del nombre al continente de la América del Sur, y no al de Norte América, ni tampoco incluía en su concepto a la América Central ni a las islas del Caribe. La América del Sur fue la única designada como América durante muchos años. Comenzó la controversia con el postulado de que quien fuera el primero en llegar a la costa del nuevo continente debía ser tenido por su descubridor, y que la designación del Nuevo Mundo con el nombre de cualquiera que no fuera el primero en arribar a sus costas era un error y constituía una injusticia hacia el verdadero descubridor. ¿Era válido el supuesto?

Es probable que a Colón lo precedieran los fenicios (c. 1000 a. de C.) y con más seguridad los nativos de Guinea, quienes de tiempo en tiempo cruzaron de África en canoas, 2 y quizás también los portugueses, como queda indicado en el mapa de Andrea Bianco, 1448, que llevaba esta inscripción en el margen del pergamino, al suroeste del Cabo Verde: “Isla autenticada, dista 1500 millas al oeste.” Esto se ve apoyado por la referencia hecha en la época del viaje de Cabral por Pedro Vaz Bisagudo, al antiguo mapa portugués en que se hallaba marcada tierra descubierta por Cabral. Sin embargo, Colón es el primer europeo de quien se sabe por pruebas irrefutables que arribó a ese continente. Se acercó en 1498 3, lo  avistó desde un punto cerca de Trinidad, creyó que se trataba de otra isla, recorrió quizá doscientas millas de costa, y aceptó que era continente –parte de Asia-. ¿Acaso no fue el descubridor?

El único argumento a favor de Colón como descubridor de América se basa en esta prioridad. Las Casas expone la tesis completa a favor de Colón: “Otro, sin los dos [Pinzó y Solís], dice que era toda una costa desde Paria, sino que son diversos nombres de las provincias, así como son diversas lenguas. Esto declaraban los testigos entonces, porque lo veían y sabían muy claro por sus mismos ojos (…) Por manera, que no se le puede negar al Almirante, si no es con gran injusticia, que así como fue el primero descubridor de estas Indias, lo fue de toda esta nuestra tierra firme, y a él se le deben las gracias, descubriendo la provincia de Paria, que es una parte de toda ella, porque él puso en las manos a todos los demás el hilo, por el cual…hallaran el ovillo…”.

Desde el punto de vista legalista Colón tenía razón. Pero aun teniendo en cuenta el contrato severo con que contaba Colón y su prioridad irrefutable, no era razonable suponer que el gobierno española haría lugar a todas sus reivindicaciones. Según el contrato, los herederos de Colón serían gobernadores de todos los países, territorios y estados desde Alaska hasta la Patagonia. Hubiera gozado de una participación en todo negocio y comercio de las naciones de las Américas: Norte, Sur y Central. Extender de esta manera los derechos y prerrogativas de Colón y sus herederos hubiera sido absurdo. Igualmente absurdo hubiera sido cederle a Colón el honor de ser el descubridor de aquellos territorios tan distantes unos de otros. Hubiera sido ridículo admitir que al haber descubierto las islas de la India Occidental o las Antillas, y la Tierra de Paria, era también el descubridor de México, Perú y California. Colón no fue el descubridor de lo que entendía Waldseemüller por “América”. El mismo Colón lo había negado al insistir hasta el día de su muerte que había llegado al continente de Asia. ¿Se justificaba llamarle el descubridor de todo aquello que más tarde vino a conocerse como “América”? Mucho después, en los mapas de Norte América se imprimía la leyenda: “En el año 1492, por Cristóbal Colón”. Teniendo en cuenta que Colón jamás llegó a ese continente, ¿no era la leyenda contraria a la verdad y la razón?

No era, pues, ni erro ni injusticia dar al nuevo continente el nombre de aquel que había descubierta que era un nuevo continente. (…) Colón alcanzó a ver una pequeña parte de la América del Sur, mas no se dio cuenta de lo que veía. Américo Vespucio exploró dos tercios de la costa de Sud América y tuvo una visión amplia de un nuevo continente. A Colón se le debe la prioridad: a Vespucio la comprensión.

(…) Por su estimación de distancias longitudinales el descubrimiento de Américo de una nueva “Cuarta Parte del Mundo” encerraba el concepto de un hemisferio occidental entero. Luego, cuando debido al concepto de Vespucio, la quinta parte del mundo 4  fue revelada en el hemisferio norte, era justo que se extendiera el nombre de “América” hasta incluir el continente septentrional (como lo hiciera Mercator en 1538) 5 antes que darle el nombre de Leif Ericson 6 o Juan Cabot (Gaboto), 7 quienes no anunciaron al mundo la naturaleza de lo que habían descubierto, aun cuando desembarcaron en la costa, o de darle el nombre de Colón, que nunca se acercó a ella. El nombre de América no se debió a error, pues la premisa principal en que descansaba era exacta: que Vespucio descubrió que había un nuevo continente; aun cuando la premisa secundaria, que él había sido el primero en arribar a esas costas, fuese errónea. El único error de Waldseemüller, en la edición de Tolomeo, 1513, fue sustituir el nombre de su invención (haciendo caso omiso de la primera y principal de sus dos premisas, probablemente al saber de la inexactitud de la segunda y menos importante) 8 y adjudicar el descubrimiento a Colón a causa de su prioridad.

En los años que siguieron se hicieron varias tentativas de aplicar el nombre de Colón al mundo occidental. Un país sudamericano recibió el nombre de Colombia. Se dan casos esporádicos de pueblos y ciudades de América donde aparece su nombre. Sin embargo, aun cuando los ciudadanos de los lugares conocidos como Colombia o Columbus se enorgullecen del nombre, “América” les llega más al corazón. Se aferraron a este nombre, de tal manera que vivió y creció con irreductible vitalidad. Avanzó hasta adueñarse de todo el Hemisferio Occidental, cuyo concepto se debió a Américo, hasta cubrir dos continentes y muchas islas, la tercera parte de la superficie de la tierra del globo.

Algunos han llegado a decir que el Nuevo Mundo debió llamarse “Ericsonia”, honrando así al hombre que no hay duda precedió a los otros en la travesía del Atlántico. Mas, la respuesta es clara. La hazaña de Leif Ericson suscitó un interés limitado y pasajero, y eso solamente entre los escandinavos; por el contrario, los descubrimientos de Cristóbal Colón y Américo Vespucio abrieron un camino permanente y para toda la humanidad. El mérito no está en ser el primero, sino en tener seguidores.

Si los derechos encontrados de Colón y Vespucio se someten a esta idea, debemos hacer esta pregunta: ¿A cuál de los dos navegantes debemos el mayor número de exploradores, aventureros y colonizadores? ¿Acaso fue Colón con su “convicción probada” de que cruzando al Atlántico se podía llegar a Asia, y así fue causa de que se lanzaran al mar barcos llenos de aventureros que buscaban las Islas de las Especies y las opulentas ciudades de la India? ¿O fue Vespucio con su idea del Nuevo Mundo, que al ofrecer tierras nuevas y oportunidad a los ambiciosos  como a los oprimidos y los perseguidos de todas las naciones, hizo que emigraran millones de europeos, y que se estableciera una verdadera América, creación del espíritu libre de hombres y mujeres que tenían fe en sí mismos?

Entre Colón y Vespucio no hay motivos de “recriminaciones en Hades”. Colón destruyó la idea de que el océano occidental formaba una barrera vasta e intransitable. Fue el conquistador del Atlántico, fue el “príncipe de promotores”, el “fundador del comercio moderno”. Su hazaña fue, cuando se ha dicho todo, establecer una comunicación entre las dos orillas del Atlántico. Por el contrario, Américo Vespucio entregó a la humanidad la idea de un hemisferio hasta entonces desconocido. ¿Cuál fue de más importancia en la ampliación del concepto humano de la tierra? Esta fue su única rivalidad. En el planeta hay lugar para los dos.

1 La controversia alrededor del asunto Vespucio ha tenido una historia dramática. Mundus Novus y Cuatro Viajes (la llamada Carta Soderini) fueron publicadas en 1504, ambas pretendían ser escritos por Vespucio, y ambas eran apócrifos. El “primero” de los cuatro viajes fechado en 1497 le daba a Vespucio la prioridad de un año sobre Colón en descubrimiento de la costa de la América del Sur, y también le adjudicaba el honor de ser el primer explorador de la costa de Centro América, México y la costa sureste de los Estados Unidos. (…) En 1926, el sabio italiano Alberto Magnaghi en su libro Amerigo Vespucci, studio critico, repudia Mundus Novus y Cuatro Viajes, acompañando su tesis con una documentación abrumadora para probar que esas dos obras eran falsificaciones, aceptando en cambio como genuinas las tres cartas de Sevilla, Cabo Verde y Lisboa. (…) Este estudio está fundado en un repudio de Mundus Novus y Cuatro Viajes (Carta Soderini) y en la aceptación de sólo dos de los viajes descritos en las cartas genuinas de Sevilla, Cabo Verde y Lisboa.

2 Después de su primer viaje, dijo Colón que los naturales de la Española le habían ofrecido “guanines” o “goanines”, y le dijeron “que habían llegado a esa isla del sur o sureste, gente negra que llevaba lanzas con puntas de metal que llamaban guanin”. “Guanines” era nombre nativo africano. Los guanines africanos consistían de una aleación de oro con cobre por el olor que daba este último metal, pues parece que a los negros les gustaba oler su tesoro. Los guanines que trajo Colón fueron ensayados en España y se encontró que contenían la misma aleación que los de la Guinea Africana, pues “de 32 partes, 18 eran de oro, 6 de plata y 8 de color cobre”. En su tercer viaje supo Colón que en las Islas del Cabo Verde “habían encontrado canoas que salieron de la costa de Guinea en dirección al oeste con mercaderías”, y a su vuelta informó que había negros en las tierras por él visitadas. En cierta época del año era factible cruzar el Atlántico cerca del Ecuador en pequeños botes abiertos desde África  a la América del Sur.

3 En su tercer viaje, Colón desembarcó por primera vez en territorio americano, aunque sin saber que se trataba de un nuevo continente. (N. del E.)

4 El mapamundi de La Popelliniere, París, 1582, se llama “Los Tres Mundos”; es decir, el Viejo Mundo, el Nuevo Mundo (refiriéndose a Sud América) y el Tercer Mundo (Norte América).

5 El cartógrafo Ortelius, alrededor de 1570, propuso “Columbana” como nombre de la América del Norte, dejando así “América” para América del Sur.

6 En cuanto a la prioridad de Colón o de Vespucio, ni uno ni otro fue el primer europeo que llegara el continente occidental. El honor le corresponde a Leif Ericson, quien cruzó el Atlántico en el siglo XI. La cuestión de prioridad es un asunto relativo que debe estar limitado por el tiempo. Debemos darle a Colón el honor que le corresponde y también a Vespucio, de ser los primeros en la Gran Época de Descubrimientos (postreros tiempos del siglo XV y comienzos del siglo XVI), que se dedicaron a realizar ciertas hazañas.

7 Ofrece un problema interesante averiguar si aquel otro italiano, Juan Gaboto, llegó a la costa del continente septentrional antes que llegara Colón al continente del sur. Gaboto zarpó de Bristol en mayo 1498, llegó a la costa oriental de Groenlandia a principios de junio, viró hacia el sur el 11 de junio, desde 67 grados 30 minutos N. en esa costa oriental; dobló el cabo al sur de Groenlandia, y siguió la costa occidental hasta un punto no determinado; cruzó el Estrecho de Davis y llegó a 66º N. en la costa oriental de la Tierra de Baffin; luego se dirigió hacia el sur, tocando primero en la costa del continente en la parte septentrional de Labrador; desde allí siguió costeando hasta 36 grados norte, “hasta la latitud de Gibraltar”, como se dice que declarara su hijo Sebastián; y por fin llegó a Inglaterra avanzado ya el otoño. ¿Cuál fue la fecha aproximada en que Gaboto tocó en Labrador y por lo tanto en el continente? ¿Fue antes o después de aquella fecha de agosto (2 de agosto) en que divisara Colón el contente de la América del Sur?

8 No se sabe cómo había averiguado Waldseemüller en 1513 que el “primer” viaje, con fecha de “1497” en Cuatro Viajes, jamás había tenido lugar.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar