América del Sur
 
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Autor: Felipe Pigna

La Conquista del Perú
Cuando Vasco Nuñez de Balboa descubrió el Océano Pacífico, tuvo noticias sobre un imperio muy rico, ubicado sobre la costa. Francisco Pizarro escuchó estas versiones y logró firmar en España, en 1529, una capitulación que lo habilitaba para explorar ese misterioso reino. Ese reino era el de los incas, que se encontraba por entonces en plena guerra civil entre los dos herederos del Inca: Huascar y Atahualpa. La guerra terminó con la victoria de Atahualpa, pero el Imperio quedó muy debilitado. Y es precisamente en ese momento cuando se produce la llegada de Pizarro y sus hombres, que se establecen cerca de la ciudad de Cajamarca, la residencia del emperador.

Atahualpa
Pizarro envió regalos a Atahualpa y lo atrajo hasta su campamento. A poco de llegar el emperador fue tomado prisionero y Pizarro le puso precio a su vida: una habitación llena de plata y otra llena de oro. Desde todo el Imperio comenzaron a llegar maravillosas obras de arte que colmaron las habitaciones e inmediatamente fueron fundidas y transformadas en lingotes de oro y plata. Pizarro no cumplió con su palabra y Atahualpa fue condenado a muerte.

El cielo o el infierno
Pizarro le preguntó a Atahualpa como prefería morir. Le hizo saber que si se convertía al catolicismo moriría ahorcado pero iría al cielo. Si no se convertía, sería quemado con leña verde e iría al infierno. Atahualpa preguntó: “¿En el cielo hay españoles?”. “Claro”, contestó el conquistador. “Entonces, prefiero ir al infierno”, dijo Atahualpa.

Por tierras del Plata
En 1516 Juan Díaz de Solís, recorriendo las costas del Brasil hacia el Sur, se encontró con un río muy ancho al que llamó Mar Dulce. Había descubierto el Río de la Plata, pero no pudo disfrutar de su hazaña, los aborígenes charrúas terminaron con su expedición y su vida. Unos pocos sobrevivientes de la expedición de Solís contaron la leyenda sobre un reino de la Plata, sobre un rey blanco todopoderoso. Esto indujo a un noble castellano, Pedro de Mendoza, a organizar una expedición con 1.500 hombres, algunas mujeres, y unas pocas vacas y caballos. Mendoza llegó en 1536 y fundó la ciudad de Santa María de los Buenos Aires. Mendoza no tuvo la suerte de Cortés y Pizarro: los querandíes se resistieron violentamente y Buenos Aires debió ser abandonada. Recién en 1580 Juan de Garay podrá refundarla y poblarla definitivamente.

A fundar ciudades
Para organizar su imperio americano, los reyes de España ordenaron la fundación de ciudades. El fundador tomaba posesión del nuevo territorio en nombre del rey y de Dios, trazaba un plano, repartía las tierras –y también los aborígenes- entre sus hombres y designaba a los vecinos más ricos y poderosos para que formaran parte del Cabildo, el gobierno municipal de la época que se ocupaba de todas las cuestiones de la ciudad.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar