Roca parte hacia su primera misión represiva
14 de diciembre de 1861

 
Agrandar Texto
Achicar Texto

Autor: Felipe Pigna

Por haber nacido en el mes de julio de 1843, el quinto hijo del matrimonio constituido por el coronel José Segundo Roca y Agustina Paz, recibió por nombre Julio Argentino. Familia de origen criollo, vivían decente pero austeramente en Tucumán, su ciudad natal, hasta que en 1855 falleció la madre.

Luego de un riguroso luto, el padre, que había luchado con San Martín en las guerras por la independencia de Chile y Perú, obtuvo el reconocimiento de sus servicios y la adscripción al ministerio de Guerra, que funcionaba en Paraná, entonces capital de la Confederación. Resolvió repartir sus ocho hijos (después de Julio nacieron tres más), entre los parientes pudientes: Ataliva y Alejandro, los mayores, fueron enviados a Buenos Aires, a la casa de una hermana del padre; Celedonio, Marcos y Julio ingresaron becados en el Colegio de Concepción del Uruguay; y Agustín, Rudecindo y Agustina, los tres menores, quedaron en Tucumán, al amparo de la familia materna.
  
A los doce años, Julio estaba pupilo en el colegio más renombrado de entonces, donde concurría “lo mejor” de la juventud argentina. Si bien en la escuela franciscana de Tucumán, donde completó la primaria, no había sido buen alumno, en el Colegio de Concepción, se destacó por su dedicación al estudio de las materias y lecturas que lo fascinaron: historia antigua, geografía, latín, filosofía, castellano y gramática. La vida modesta y la disciplina rigurosa que imponía el rector Amadeo Larroque lo formaron y siempre recordó con afecto sus años de estudiante.

En aquellos años de adolescencia y estudio comenzó su amistad con Olegario Ojeda, que se convertiría en su gran “asesor” político, y con  Isaac Chavarría, su futuro  ministro del Interior. También frecuentaba a Eduardo Wilde, Victorino de la Plaza, Olegario V. Andrade, Onésimo Leguizamón y muchos otros que luego tendrían una conocida trayectoria pública.
 
El padre visitaba bastante poco a Julio Argentino y sus hermanos, que estaban bajo la protección de su tío materno  Marcos Paz, que era senador por Tucumán en aquel Congreso con sede en Paraná.

En la gran aldea, el apoyo de su tío Marcos, que hacía tiempo se había pasado al bando mitrista, fue decisivo. Marcos era por entonces un personaje muy influyente en aquella Argentina de Mitre. Tenía una importante fortuna personal que aumentó notablemente al casarse con una rica heredera, y era el hermano de Ezequiel Paz, el fundador del diario La Prensa.El presidente Mitre lo designó como jefe de la misión civil de la expedición militar que al mando de Paunero, debía marchar hacia Córdoba a reprimir los alzamientos federales.

Marcos le pidió a su sobrino Julio que lo acompañara como secretario de la misión. En diciembre de 1861 partía junto a su tío y su  padre, al frente de esta misión de “limpieza” de los restos del urquicismo que quedaban en el Interior para instalar gobiernos liberales adictos a Buenos Aires. Con persuasión, seducción, amenazas y también uso de la fuerza militar, fueron cayendo en manos de los liberales (y del peso de los coroneles de Mitre) los gobiernos de las provincias del Interior.

En Córdoba permanecieron seis meses, luego en marzo del 62 pasaron a Catamarca, después a Santiago del Estero y luego a Tucumán, ciudad a la que volvía luego de cuatro años y donde se encontró con su hermana menor Agustina.

Por oportunismo político, todas las provincias se hicieron mitristas, con la notable excepción de La Rioja, que defendió su autonomía federal, con todo lo que pudo a través de su caudillo, el “Chacho” Peñaloza que decía que una batalla no es fuente de derecho y reivindicaba la jefatura de Urquiza y el respeto a la Constitución jurada en 1853.

El levantamiento del Chacho fue aplastado sangrientamente en 1862. Mientras Julio Argentino llevaba adelante su campaña contra los montoneros, en Buenos Aires se realizaban las elecciones en las que Mitre era  consagrado presidente por unanimidad en el Colegio Electoral, y su vicepresidente era Marcos Paz, el tío de Julio Argentino Roca, que lo premió designándolo en el batallón 6 de infantería.

Los años que van de 1862 a 1865 fueron años decisivos, conoció prácticamente todo el país, y consolidó su carrera militar, que sería el soporte de su carrera política, que para él no paraba hasta la presidencia de la nación. Estando en San Juan, donde pudo entrevistarse con Sarmiento, se enteró del nuevo levantamiento del Chacho, en mayo de 1863. Con su batallón regresó a Córdoba y participó en la batalla de Las Playas en la que Chacho fue derrotado y a la que siguió una implacable matanza de prisioneros. La matanza fue premiada por el Estado Mayor que lo ascendió en septiembre del 63 al grado de capitán. El capitán Roca estaba en La Rioja; se dedicó a la llamada eufemísticamente guerra de policía, persiguiendo a los partidarios chachistas y se enteró de las torturas y asesinatos cometidos por los coroneles de Mitre, entre ellos, su jefe Sandes e Irrazábal, el asesino del Chacho. Roca justificó la barbarie del ejército nacional, pero no hay constancia de que haya participado en los festejos por la muerte del Chacho en la casa de su amigo Natal Luna, donde los representantes de la “civilización” exhibieron la oreja del “bárbaro” caudillo.

Roca se radicó en Tucumán, como jefe del regimiento 7 y  fue ascendido a teniente coronel. Estuvo casi un año en su ciudad natal; era un oficial ya conocido, joven de 26 años y soltero. Allí se enamoró de Ignacia Robles, de familia modesta y cuyos padres se opusieron al noviazgo. Roca raptó a Ignacia y estuvo con ella una semana, al cabo de la cual la chica volvió a su casa y la familia tapó el episodio. Al tiempo, Ignacia tuvo una hija, Carmen que aseguraba ser hija de Roca: él no la reconoció pero la ayudó a recibirse de maestra, le dio un cargo a ella y empleo a su marido y se visitaban durante su presidencia.

Roca alternaba su estadía tucumana con viajes a Córdoba, para visitar a Clara Funes, su novia legal.

En 1870 fue asesinado Urquiza en Entre Ríos y Sarmiento envió la intervención federal y tropas nacionales para reprimir el levantamiento de López Jordán. Ocho meses de fracasos convencieron a Sarmiento de enviar al general José Miguel Arredondo y a su amigo Roca con su regimiento. Roca planificó estratégicamente la manera de enfrentarlos y en la batalla de Ñaembé, en enero de 1871, derrotó a los jordanistas que huyeron dejando su armamento. Ñaembé lanzó por primera vez el nombre de Roca a nivel nacional y significó su ascenso a coronel y el aumento de su prestigio político militar entre la élite porteña. En una semana Roca había hecho lo que no pudieron hacer en un año los generales de la Nación.

Asolada Buenos Aires por la fiebre amarilla, Roca prefirió regresar a Córdoba, donde fue designado jefe de la plana mayor de la Comandancia de Fronteras cuyo titular era Arredondo.

En agosto de 1872 se casó con Clara Funes, perteneciente a un clan familiar distinguido de Córdoba. En mayo de 1873 nació su hijo Julito del que fue padrino Arredondo. Luego nacerán dos mujeres nacidas en Río IV (Elisa y María Marcela) y tres porteñas (Clara, Agustina y Josefina). El matrimonio se instaló primero en Villa Nueva y más tarde en Río IV. En 1873 quedó a cargo de la Comandancia General de la frontera. Fue allí, tras los grandes malones que asolaron las fronteras en 1871 y 1872,  donde comenzó a trazar su plan de lucha contra los indígenas, que más tarde se concretará en la llamada “la campaña del desierto”.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar